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Los jardines en el antiguo Egipto

El jardín era un lugar sagrado de felicidad eterna y bienestar para los antiguos egipcios.​

En la historia de la evolución humana, desde el abandono de la condición nómada hasta la adopción de un sistema de vida sedentaria basado principalmente en la agricultura, ha surgido la necesidad de proteger los cultivos de los animales salvajes.

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TT217, Deir el-Medina. XIX Dinastia.

Así nacían los vallados, protecciones y barreras de estas zonas agrícolas, que serán base para las futuras propiedades privadas e inicio de la parcelación, además de arranque de la experimentación botánica dentro de este nuevo espacio delimitado.

Los primeros jardines (en el sentido más moderno del término) podrían datar de hace más de 5000 años. Las investigaciones recientes permiten suponer que, tan pronto como las civilizaciones se asentaron en la cuenca del Mediterráneo y Oriente Medio comenzaron a proteger sus huertas, para poco después comenzar a intercalar en estos primeros espacios agrícolas alimentos de primera necesidad junto a cultivos florales, por gusto estético, olfativo e incluso como repelentes para insectos.

El jardín en el antiguo Egipto

Entre los maravillosos hallazgos de la tumba de Nebamun, como se conoce a un funcionario que sirvió a Tutmosis IV y Amenhotep III, se encuentra la representación de un jardín diseñado para animar el alma del difunto.

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TT146, Tebas, XVIII dinastía. Jardín occidental de Nebamun

En el jardín se detallan meticulosamente árboles, flores y aves alrededor de un estanque. Entre la flora, dispuesta en secuencia ordenada, se pueden reconocer papiros, árboles y arbustos como sicómoros, higueras y palmeras. En el agua hay un loto azul, así como una multitud de especies acuáticas y representadas con gran realismo.

Gracias a las óptimas condiciones climáticas y la fertilidad de su tierra, constantemente renovada por el Nilo, la civilización del antiguo Egipto fue una de las primeras en desarrollar la jardinería. Las pinturas murales encontradas en las tumbas (no sólo de los faraones, sino también de los funcionarios y otros personajes famosos como hemos visto), muestran que, ya en el Antiguo y el Imperio Medio (3150 a 1.785 a.C.), eran cultivos de estructura bien definida.

El desarrollo continuo de las técnicas de cultivo, los contactos con los pueblos vecinos y la expansión territorial, hicieron que estas estructuras se volvieran cada vez más refinadas y sofisticadas. Se seleccionó una variedad cada vez mayor de plantas, no solo de tierras cercanas, sino también del intercambio entre los territorios del Alto y el Bajo Egipto.

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Tumba de Nakht (TT52) dinastía XVIII

La comparación entre las pinturas de las tumbas que datan de la dinastía IV-V y del XVIII y XX permite una lectura de la evolución de los jardines. Al principio, básicamente, se componían de palmeras datileras (Phoenix dactylifera), palmeras de dum (Hyphaene thebaica), sicómoros sagrado (Ficus sycomorus) y a alguna variedad del Mimusops (un pariente lejano de aguacate); más adelante ya se pueden ver plantas importadas, como los árboles de incienso (Boswellia sacra) que llegaron desde la Tierra de Punt en aquel viaje que ordenó la Reina Hatsepsut.

La huella mediterránea

Sin embargo, cabe destacar que las concesiones al exotismo nunca lograron alterar la huella esencialmente mediterránea del jardín egipcio, una peculiaridad garantizada sobre todo por la presencia constante de la vid (Vitis vinifera) y la de la higuera (Ficus carica).

Es precisamente de las plantas y técnicas de cultivo desarrolladas a lo largo de los siglos que nacerían las bases de los jardines de estilo clásico (romanos y griegos, sobre todo): pérgolas de vides soportadas primero por postes y luego por columnas cada vez más estructuradas o pasarelas y avenidas encerradas desde el cultivo formal hasta espalderas.

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Tumba de Nakht (TT52) XVIII dinastía

El papel del agua en el diseño del jardín egipcio

Tal vegetación floreciente, en un ambiente difícil y severo por su naturaleza, no podía separarse del agua. La presencia de canales de distribución fue fundamental para permitir el riego del cinturón verde que se extendía a lo largo del Nilo, y los sistemas de elevación rudimentarios (shaduf) permitieron abastecer a diario las necesidades de agua en los hogares egipcios.

Pero el agua no se limitó a ser el elemento de subsistencia para cultivos; los hallazgos arqueológicos, confirmados por las pinturas murales, muestran que también se había convertido en un medio de deleite y embellecimiento de los jardines. En el período del Imperio Nuevo (la fase de máxima expansión de la civilización del antiguo Egipto, entre 1552 y 1069 a.C.) es manifiesta la presencia de estanques ornamentales.

En resumen, el agua se convirtió en uno de los elementos principales del jardín, actuando de marco con sus canales de riego que ya no se consideran simples medios de distribución, sino elementos que definían su arquitectura. En este contexto, las plantas acuáticas nativas como el loto y el papiro (Cyperus papyrus) cobraron gran importancia.

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J. G. Wilkinson. Reconstrucción del uso del shaduf (1878)

El jardín en la vida cotidiana

A partir de la información recopilada a través de los descubrimientos arqueológicos se podría que determinar que el jardín era el elemento representativo de la casa y, como tal, diseñado para proporcionar a los huéspedes su más hermosa e íntimo rincón paradisíaco particular.

La predilección de los antiguos egipcios por el jardín también se vertió en la nobleza y en los edificios religiosos. La vegetación se fue “metiendo” en la ornamentación arquitectónica determinando la moda de techos y terminaciones que reproducían motivos vegetales, tales como la profusión de columnas que terminan en capiteles en forma de loto o papiro.

El jardín en la otra vida

La predilección de los antiguos egipcios por el jardín también se expresa en el deseo de poder disfrutar eternamente de un jardín, de ahí que se encuentren numerosos murales con jardines dentro de las cámaras funerarias e incluso decorando las entradas a las capillas mortuorias: Era uno de los placeres terrenales más exquisitos, que por supuesto querían llevarse a la otra vida.

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jardín funerario egipcio descubierto por los arqueólogos españoles del Proyecto Djehuty

Miguel Ángel Ferreiro

Militar de carrera, Historiador del Arte (UNED) e investigador. Entre África y Europa, como el Mediterráneo.

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