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El cantar de Mio Cid, la historicidad del cantar

La primitiva épica castellana

La existencia de la épica medieval va unida a los juglares, que la difundían de forma oral. La figura del juglar toma gran importancia ante estos textos ya que eran los únicos que se ocupaban de recrear y de difundir estas creaciones literarias no latinas.

Cantar de Mio Cid
Anónimo alemán en un manuscrito iluminado del siglo XIV. Archiv für Kunst und Geschichte (Berlín).

Los Juglares

El estudioso Menéndez Pidal los define como «todos los que se ganaban la vida actuando ante un público, para recrearle con la música, o con la literatura, o con charlatanería, o con juegos de manos, de acrobatismo, de mímica, etc».

El término juglar se utilizó por primera vez en España en el año 1047 y pasó a significar «poeta en lengua romance». No es quien compone la obra propia sino quien la recita y cobra por ello. Es una figura importante dentro de la literatura medieval que se relaciona con el cantar de juglaría.

El manuscrito del Mio Cid y su autoría.

El Cantar de Mio Cid es un verdadero monumento literario. Quien lo escribía lo consideraba un libro, es decir, un manuscrito que constaba de setenta y cuatro folios de pergamino. El primero del que tenemos constancia fue encuadernado por segunda vez en el siglo XV. No se conserva la totalidad del texto ya que algunas hojas se perdieron y fueron reconstruidas por Menéndez Pidal.

cantar de Mio Cid
Menéndez Pidal

La copia que se conserva viene firmada por Per Abbat. Menéndez Pidal afirmó siempre en sus estudios que el autor debió de ser un juglar de Medinaceli o de sus alrededores debido a la precisión geográfica de la descripción que se da en el texto. Se cree que fueron dos juglares, el juglar de San Esteban de Gormaz y el de Medinaceli, los autores de la obra. El primero habría hecho el plan general del ejemplar y la parte correspondiente al destierro, las bodas y la afrenda de Corpes.

El segundo refundidor debió introducir algunas modificaciones que hacen que el texto se saliera del marco de la realidad histórica dándole un carácter más literario. En todo caso el Cantar de Mio Cid es anónimo, aunque estudios posteriores afirmen que Per Abbat fuera el autor del poema. Un poema compuesto por tres mil setecientos treinta versos, dividido en tres partes: la primera, el Cantar del Destierro; la segunda, el Cantar de las Bodas de las hijas del Cid; el tercero, el Cantar de la afrenta de Corpes.

Fue  Colin Smith quien estudió con más detenimiento la obra; aceptando que el cantar fue escrito por un juglar culto y único, es decir un jurísta.

El Cid histórico y literario.

El Cid fue un personaje que vivió entre 1043 y 1099. Es una figura documentada, un infanzón representante de la baja nobleza, de la Corte de Sancho II y Alfonso VI. Fue el ejemplo de una nueva clase social. Al caer en desgracia el Cid y ser desterrado, concentraba todas esas renovaciones de la sociedad.

Sobre el Cid literario se encuentra una primera composición en el Carmen compidoctoris; es un canto, escrito en estrofas sáficas; que hizo un clérigo del Monasterio de Ripoll antes de la muerte del Cid el cual se conserva en la Biblioteca Nacional de París. Dicho ológrafo solo contiene los ciento veintinueve primeros versos. Fue redactado por un compañero del Cid hacia 1093-1094 en latín.

Cantar de Mio Cid.
Carmen Compidoctoris.

¿De qué trata el Mio Cid?

El poema narra los sucesos que le ocurren a Rodrigo Díaz de Vivar, hidalgo y guerrero, tras el destierro al que el rey Alfonso VI sometió haciendo caso a las acusaciones de nobles leoneses por apropiarse del dinero de las parias. Aquí se ve la historicidad en el texto. En el manuscrito se ve claro el sentido antinobiliario del poema y su interesada exaltación de Castilla, lo que le priva de imparcialidad y exactitud.

Gran parte de los personajes y de los hechos están atestiguados históricamente. Pero el poeta trastorna la cronología e inventa los sucesos y la función de ciertos personajes. Así Alvar Fañez y Pedro Vermúdez, inseparables del Cid, estuvieron lejos de este en la realidad; por otra parte no se menciona al hijo del Cid, Diego Rodríguez; ni se anota la ascendencia real de Jimena su mujer; sus hijas Cristina y María adoptan los poéticos nombres de Elvira y Sol.

El tema central de la misma sería la toma de Valencia por el Cid, tal y como se indica en el verso 1085: «Aquí se empieça la gesta de Mio Cid el de Bivar». Otros temas que confluyen en la obra son la pérdida de la honra del Cid y, que pese a su repetición, no es el tema central. El relato es un continuo ensalzamiento del héroe.

Son, sin duda, más las cosas que se ignoran sobre el Poema de Mio Cid que las que conocemos. Muchos aspectos resultan complejos, pero el texto muestra al lector las luces y las sombras de una época, las tensiones sociales entre la nobleza y la burguesía, el respeto feudal a la realeza, el nacionalismo castellano frente a León, etc.

Se destaca el humanismo de sus héroes, e incluso el sentido democrático de estos. Pero también podemos observar unos valores, bellos en su primitivismo estético, que nos hablan de otras formas y de otros tiempos que posibilitan las conquistas literarias posteriores.

  • Agradecimientos a Paula Gorostiza por sus anotaciones y observaciones
  • Fuentes:

Poema de Mio Cid, Espasa Calpe, S.A., Madrid, 2008.

LÓPEZ ESTRADA, Francisco: Introducción a la literatura medieval española, Madrid, Gredos, 1979, 4ª ed., pp. 300-366.

DEYERMOND, A. D.: «La épica», en Historia de la literatura española. La Edad Media, Barcelona, Ariel, 1973, I, pp. 65-101.

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Ana Isabel Pernil

Licenciada en Filología Hispánica y docente. Defensora del buen uso de la escritura y amante de la Literatura. No me gusta la hipocresía.

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