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Cabezas cortadas. Símbolos del poder

Nueva exposición temporal en el MAN hasta septiembre de 2019

El Museo Arqueológico Nacional acoge una exposición dedicada a la cabeza trofeo y a su significación desde la antigüedad hasta el mundo contemporáneo.

La exposición, producción itinerante del Museu d’Arqueologia de Catalunya, presenta ejemplos arqueológicos y etnográficos de diversos museos, así como ejemplos de iconografía artística y recursos audiovisuales que ilustran el fenómeno de las “cabezas cortadas” por todo el mundo.

Los restos más antiguos expuestos se remontan a la Edad de Hierro. Por aquel entonces los iberos del área más septentrional eran algunos de los pueblos que trataban y exhibían públicamente las cabezas de sus enemigos vencidos, a veces en compañía de las armas capturadas, a modo de trofeos. Esta costumbre ritual y su puesta en escena reafirmaban el poder de los líderes.

Cráneo y clavo. De Puig de Sant Andreu, Ullastret (s. III a.C.)

Las colecciones ibéricas del Museu d’Arqueologia de Catalunya son únicas en este género y reciben por ello en esta muestra el máximo protagonismo. Las denominadas «cabezas enclavadas» del poblado de Puig Castellar se muestran, algunas por primera vez, junto con otros ejemplares recientemente descubiertos en la ciudad ibérica de Ullastret.

En su estudio se han aplicado modernas técnicas analíticas y forenses que han culminado con la primera reconstrucción científica del rostro de un ibero, un joven guerrero del siglo III a.C.

Reconstrucción facial de un cráneo de Puig de Sant Andreu (imagen virtual).
©2014 Visualforensic Froesch/Nociarová.

Ámbitos de la exposición

ÁMBITO 0: IDENTIDAD Y RITUALES

Muchas culturas consideran que la cabeza humana concentra la esencia de la persona y desde la Prehistoria encontramos ejemplos en todo el mundo de su conservación con finalidad mágico-religiosa.

Mientras que la cabeza de un ancestro venerado se convierte en reliquia protectora, el enemigo es decapitado con intención de apropiarse de su energía vital y de exhibirlo con orgullo, para impresionar al espectador. Ambas manifestaciones, en escenarios muy diferentes, no dejan de ser actuaciones que reafirman la identidad del grupo alrededor de una ideología. Desvelar la identidad de los pueblos pasa para conocer sus rituales, vinculados en muchos casos con la violencia, y el uso de la cabeza cortada como símbolo de poder.

Cráneo “enclavado” del poblado ibérico de Puig de Castellar (s. III a.C.).

ÁMBITO 1: ULLASTRET, CAPITAL DE LOS INDIKETAS

Si bien la conservación parcial de restos humanos empieza a detectarse en poblados de la Península Ibérica a partir de la Edad del Bronce, las “cabezas cortadas” atravesadas por clavos son un fenómeno característico de la Edad del Hierro, y en concreto de la cultura ibérica, especialmente en los siglos III y II a.C. No obstante, no es una manifestación exclusiva de la Península, pues encontramos ejemplos europeos de la misma época concentrados en el sur de Francia, así como hallazgos esporádicos con características similares en Centroeuropa.

Se considera un ritual céltico, característico del sector mediterráneo de la Galia meridional y del territorio ibérico más inmediato, del que cada vez hay más evidencias materiales.

Ilustración de un vikingo ofreciendo la cabeza de un enemigo a su líder. (lurkmore)

La distribución geográfica de estos restos en la Península Ibérica queda restringida al extremo noroeste, ocupado por las tribus de los layetanos e indiketas. En dicha zona encontramos los yacimientos ibéricos de Ullastret (el Puig de Sant Andreu y la Illa d’en Reixac), situados en la actual llanura de l’Empodrà (Girona) y separados entre sí tan solo por 400 metros. Entre los siglos VI y II a.C., constituían conjuntamente una auténtica ciudad con más de 15 hectáreas, capital de la tribu de los indiketas, que desarrollaba el papel de centro político, económico, militar y religioso de un vasto territorio.

Los hallazgos de Ullastret tienen un precedente remarcable. El primer hallazgo de restos humanos ibéricos al noreste de la Península Ibérica tuvo lugar en 1904, durante las excavaciones del poblado layetanos del Puig Castellar, en Santa Coloma de Gramanet. Enseguida, uno de los cráneos recuperados llamó la atención porque estaba atravesado por un gran clavo de más de 23 centímetros de longitud. Se dedujo que se exhibía públicamente, clavado en la muralla, junto a la puerta del yacimiento.

 

Pórtico de Roquepetuse (Bouches-du-Rhone, sur de Francia) con los huecos preparados para insertar las cabezas enemigas.

El conjunto de hallazgos de Puig Castellar y Puig de Sant Andreu, de los cuales podemos ver una selección en este ámbito de la exposición, se reestudia ahora para conocer mejor su significado.

ÁMBITO 2: LAS CABEZAS CORTADAS VAN AL LABORATORIO

¿A quién corresponden los cráneos? ¿Cómo murieron estos personajes? ¿Les clavaron el clavo cuando todavía estaban vivos o bien una vez ya muertos? Estas preguntas se resuelven en el laboratorio, por medios científicos. A lo largo de esta sección se dan a conocer los diferentes estudios desarrollados en el laboratorio y las técnicas implicadas.

Es un proceso largo y laborioso desarrollado por un amplio equipo que combina varias disciplinas y técnicas científicas. A través de la Antropología Física se abordan aspectos básicos, como el sexo y la edad de los restos humanos. También aporta detalles propios de un expediente médico, cuando identifica rastros de enfermedades y traumatismos sufridos en vida o valora la salud dental.

La observación detallada de estos huesos evidencia lesiones (cortes y golpes) producto de hechos violentos de los que fueron víctimas, además de las marcas provocadas durante la posterior manipulación de los restos para transformarlos en elementos de exposición pública.

ÁMBITO 3: RITUALES SOBRE LA MUERTE

La cremación de los difuntos era uno de los rasgos culturales esenciales del mundo ibérico. Los funerales seguían un ritual complejo que comenzaba con la preparación del cuerpo engalanado y su cremación.

Los huesos y las cenizas generadas se podían seleccionar y lavar antes de depositarlos dentro de una urna de cerámica que se enterraba en la tumba. Durante las ceremonias también se dejaban las pertenencias del difunto, como joyas, utensilios o armas inutilizadas, junto con comida y otras ofrendas para que le acompañaran al más allá.

ÁMBITO 4: ¿Y CÓMO ERAN LOS ÍBEROS?

Sabemos muy poco del aspecto físico de los íberos. Las representaciones artísticas, escultóricas o pintadas, muestran imágenes idealizadas de sus cuerpos y vestidos.

Algunas de las piezas que componen este ámbito expositivo, como exvotos, fíbulas o cerámicas decoradas, permiten ilustrar esa idealización de la imagen ibera. En estas escenas, vinculadas al mundo ritual, los hombres – esencialmente guerreros– tienen a menudo un papel protagonista.

La práctica de la incineración determina que los huesos procedentes del ámbito funerario se encuentran demasiado alterados para extraer información. Esto hace que los cráneos recuperados en algunos poblados resulten fundamentales a la hora de reconstruir el aspecto de los íberos.

Fíbula de jinete (s. III-II a.C.). Lancia, Villasabariego (León) ©MAN Gonzalo Cases Ortega

Los trabajos de reconstrucción facial nos permiten hacernos una idea aproximada del aspecto físico que pudieron tener en su día. Aplicando métodos propios de la policía científica, la reconstrucción facial ha conseguido reconstruir digitalmente el rostro de uno de los cráneos localizados en Ullastret: un hombre que murió joven (entre los 16 y los 18 años) a finales del siglo III a.C. o principios del siglo II a.C.

ÁMBITO 5: CABEZAS CORTADAS, SÍMBOLOS DEL PODER

En el mundo celta, la exhibición de cabezas cortadas, en algunos casos junto con las armas mutiladas, es una costumbre bien conocida a través de la escultura y de las fuentes escritas.

Los autores clásicos describen cómo estos pueblos guerreros, una vez finalizado el combate, cortaban las cabezas a los enemigos vencidos, las ataban al cuello de los caballos para llevárselos a casa y los clavaban en las entradas de residencias o edificios públicos. Decapitar no sólo permitía cuantificar las baja de los oponentes y evidenciar la victoria; era también la manera de apropiarse de la fuerza de los vencidos. De esta forma, el acto pretendía realzar el poder del vencedor y humillar al enemigo.

Denario romano republicano del magistrado M. Sergio Silo. Roma, 116 ó 115 a.C., MAN

Los textos clásicos son precisos, pero la arqueología demuestra que se trata de un fenómeno más complejo. La mayoría de los restos humanos localizados en Ullastret presentan trazas de violencia, que se atribuyen a enemigos. Las cabezas eran separadas del cuerpo de las víctimas y tratadas hasta convertirlas en instrumentos mediáticos, en símbolos de la victoria bélica o del dominio por la fuerza. Cualquier hipotético enemigo, interno o externo, veía claramente cuál podría ser su fin.

La presencia de los vencidos cohesionaba la comunidad, reforzaba la imagen de los líderes y los legitimaba para ejercer el control sobre el resto de la población.

ÁMBITO 6: UN MUNDO EN CONFLICTO PERMANENTE

La exposición finaliza con un espacio dedicado a la reflexión sobre la representación de la violencia y su carga simbólica a lo largo de la Historia.

El ejercicio de la violencia, en sus múltiples modalidades, ha sido y es un elemento recurrente. Su existencia, como elemento innato a la condición humana, se amplifica con la aparición de la civilización y aparece a menudo asociada al poder como forma de sustentación o expansión de éste.

Cerámica moche (100-700 a.C.) ©Museo de América

La violencia pasa a ser, pues, el instrumento que sirve para imponer, de manera individual o colectiva, la voluntad arbitraria y subjetiva de unos sobre otros.

A través de diferentes reproducciones de imágenes icónicas, en las que las cabezas cortadas son protagonistas, descubrimos que este símbolo de victoria guerrera utilizado en el mundo ibérico tiene múltiples paralelismos más allá del espacio y el tiempo. Forma parte de relatos bíblicos, de las fuentes grecolatinas y se ha transformado en icono de episodios históricos y conflictos a nivel universal.

La escenificación de la violencia a través de la exhibición pública de cabezas cortadas desprende una fuerte carga simbólica que, aún hoy en día, está plenamente presente en nuestro imaginario colectivo y traspasa fronteras entre el pasado y el presente.

Más información: MAN 

Fuentes: Nota de prensa del Museo Arqueológico Nacional

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Redacción

Equipo de Redacción / Notas de Prensa / Agencias

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