Cuando Napoleón la lio parda en Rusia

Una semana después de obtener una sangrienta victoria sobre el ejército ruso en la Batalla de Borodino, las tropas de Napoleón Bonaparte entra en la ciudad de Moscú, sólo para encontrarse con la ciudad evacuada, no había señales de civiles ni del ejército del zar por ningún lado. 

Aunque esta obra de C.D. Friedrich trata sobre la “diminuta” amenaza francesa ante la inmensidad de Alemania; bien podría servir como parábola de los intentos de Napoleón por enfrentarse ante lo desconocido
(El Coracero en el Bosque; Caspar D. Friefrich 1814)

Moscú era el objetivo principal de la invasión francesa; pero una ciudad desierta, sin oficiales que negociaran una paz y sin reservas de alimentos o botín que saquear, por los soldados franceses, se hacía poco atractiva tras el largo camino que habían realizado.

Para más inri, justo al pasar la medianoche, se produjeron incendios por toda la ciudad, aparentemente provocados por los patriotas rusos, dejando al enorme ejército de Napoleón sin los pocos medios que quedaban el la ciudad para sobrevivir al invierno ruso que se avecinaba.

En 1812, el emperador francés Napoleón I se encontraba todavía en pleno auge. La Guerra de Independencia españolacontra España y Gran Bretaña, fue una espina clavada en el costado de su pretendido gran imperio europeo, pero confiaba en el pronto triunfo de sus mariscales en la Península Ibérica.

Todo lo que faltaba para completar su “Bloqueo Continental” —un bloqueo unilateral europeo diseñado para aislar económicamente a Gran Bretaña y forzar su subyugación— era la cooperación de Rusia, que casi tenía tras el Tratado de Tilsit (1807). Después de un conflicto anterior, Napoleón y Alejandro I mantuvieron una paz tenue terminada por el mencionado tratado, pero el zar —o más bien los nobles rusos— no estaba dispuesto a someterse al Bloqueo Continental, ya que podría ser ruinoso para su economía. Para intimidar a Alejandro, Napoleón reunió sus fuerzas en Polonia, en la primavera de 1812, pero el zar no claudicó.

Cruzando el río Neiman, considerado el inicio de la invasión

El 24 de junio, Napoleón ordenó a su Grande Armée, la fuerza militar europea (multinacional) más grande jamás reunida hasta la fecha, que se trasladara a Rusia. El enorme Ejército Imperial Francés contaba con más de 600.000 soldados e incluía contingentes de Prusia, Austria y otros países bajo el dominio del Imperio.

La mayor parte del éxitos militares de Napoleón tenían su origen en su habilidad para mover los ejércitos rápidamente y atacar sin dilación, pero en los primeros meses de la invasión rusa se vio obligado a conformarse con un ejército zarista en retirada perpetua. Las fuerzas rusas que huían adoptaron una estrategia de “tierra quemada”, apoderándose o quemando cualquier suministro que los franceses pudieran saquear en el camino. Mientras tanto, las líneas de suministro de Napoleón se extendieron excesivamente a medida que profundizaba en la inmensidad rusa.

Muchos, en el gobierno zarista, criticaron la negativa del ejército ruso a enfrentarse directamente a los franceses. Bajo presión pública, Alejandro I nombró al general Mikhail Kutuzov comandante supremo en agosto, pero el veterano de las guerras contra Napoleón continuó la retirada. Finalmente, Kutuzov accedió a detenerse en la ciudad de Borodino, a unas 70 millas al oeste de Moscú, y enfrentarse a los franceses. Los rusos construyeron fortificaciones, y el 7 de septiembre la Grande Armée atacó. Napoleón fue cauteloso ese día, no trató de flanquear a los rusos, y se negó a enviar refuerzos a la batalla. El resultado fue una victoria casi pírrica y de resultado incierto que terminí en otra retirada del ejército ruso.

Kutúzov en la Conferencia de Filí decide rendir Moscú a Napoleón.

El 14 de septiembre, los franceses entraron en una Moscú desierta. De las 275.000 personas de la ciudad, sólo unos pocos miles se habían quedado. Napoleón se retiró a una casa en las afueras de la ciudad para pasar la noche, pero dos horas después de la medianoche se le informó que un incendio había estallado en la ciudad.

Se desplazó al Kremlin, donde vio como las llamas seguían creciendo. Extraños informes comenzaron a llegar diciendo que los rusos estaban encendiendo los fuegos y avivando las llamas. De repente se produjo un incendio en el interior del Kremlin, al parecer provocado por un policía militar ruso que fue capturado y ejecutado inmediatamente. Con la tormenta de fuego extendiéndose, Napoleón y su séquito se vieron obligados a huir por las calles en llamas hacia las afueras de Moscú, para evitar morir quemados o asfixiados. Tres días después, cuando las llamas se apagaron, más de dos tercios de la ciudad había sido destruida.

Napoleón avanzando con sus tropas a través de una Moscú en llamas.

Después de ese desastre, Napoleón todavía esperaba que Alejandro pidiera la paz. En una carta al zar escribió:

Mi señor hermano. El hermoso y mágico Moscú ya no existe. El incendio fue supuestamente provocado por órdenes del gobernador general de Moscú, Feodor Rostopchin, aunque Rostopchin negó la acusación.

Alejandro declaró que la quema de Moscú “iluminó su alma”, y se negó a negociar con Napoleón.

Después de esperar un mes por una respuesta que nunca llegó, Napoleón se vio obligado a sacar a su hambriento ejército de la ciudad en cenizas. Entonces, para sorpresa francesa, el ejército de Kutuzov apareció y dio batalla el 19 de octubre en Maloyaroslavets.

La Armée se vio obligada a retirarse por una ruta desconocida y que no tenían planeada, y acordaron retomar el camino devastado por el que había avanzado al principio de la campaña. Durante la desastrosa retirada, el ejército de Napoleón sufrió un acoso constante por parte del despiadado ejército ruso. Acosado por el hambre, las temperaturas bajo cero y las mortíferas lanzas de los cosacos, el diezmado ejército llegó al río Berezina, que habitualmente estaba congelado y servía como paso, a finales de noviembre, cerca de la frontera con la Lituania ocupada por los franceses. Sin embargo, el río estaba descongelado inesperadamente y los rusos habían destruido los puentes de Borisov.

Los ingenieros de Napoleón lograron construir dos puentes improvisados en Studienka, y el 26 de noviembre el grueso de su ejército comenzó a cruzar el río.

Napoleón en Berezina, por Suchodolski (1866)

El 29 de noviembre, los rusos presionaron desde el este, y los franceses se vieron obligados a quemar los puentes sin que todo su ejército hubiera cruzado, abandonando a unos 10.000 rezagados al otro lado. Los rusos cejaron su persecución después de ese momento, pero miles de infelices franceses continuaron sucumbiendo al hambre, al agotamiento y al frío.

En diciembre, Napoleón abandonó lo que quedaba de su ejército y agilizó su vuelta a París, donde la gente ya decía que había muerto y un general había llevado a cabo un golpe de estado infructuoso. Viajó de incógnito por toda Europa con algunas cohortes y llegó a la capital de su Imperio el 18 de diciembre. Seis días después, el Grande Armée finalmente escapó de Rusia, habiendo sufrido una pérdida de más de 400.000 hombres durante la desastrosa invasión.

Cosacos interceptando tropas francesas tras la retirada napoleónica de Moscú.

Con Europa envalentonada por su catastrófico fracaso en Rusia, una fuerza aliada se levantó para derrotar a Napoleón en 1814. Exiliado a la isla de Elba, escapó a Francia a principios de 1815 y levantó un nuevo ejército que tuvo un éxito fugaz antes de su aplastante derrota en Waterloo en junio de 1815. Napoleón murió exiliado a la remota isla de Santa Elena, seis años después.

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Miguel Ángel Ferreiro

Militar de carrera, Historiador del Arte (UNED) e investigador. Entre África y Europa, como el Mediterráneo.

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