Bailén, la batalla que demostró que Napoleón no era invencible

El 19 de julio de 1808, tuvo lugar en Bailén la brillante victoria de las armas españolas sobre el ejército francés del General Dupont.

Augusto Ferrer Dalmau: Carga del Regimiento de Caballería España en la batalla de Bailén.
Augusto Ferrer Dalmau: Carga del Regimiento de Caballería España en la batalla de Bailén.

Combatieron en tan gloriosa jornada los Regimientos de Caballería siguientes: Farnesio, Lanceros de Utrera y de Jerez, Montesa, Reina, Olivenza y Numancia (1º División); Borbón y España (2º División); Calatrava, Santiago, Sagunto y Príncipe (3º División) y Pavía en la reserva. Destacaron España, que dio siete cargas a la Infantería, y Borbón que destrozó a los Dragones franceses tras la conocida arenga de su Coronel, Marqués de Zolina: “Acordaros, soldados de Borbón, que estáis junto a un Regimiento muy respetable”; se refería al Regimiento Farnesio.

Destacó también nuestra Artillería, portándose tan bizarra y acertada que mereció ser mencionada en el parte del General en Jefe (Castaños) de este modo: “el acreditado Real Cuerpo de Artillería, además de participar en todos los afanes y triunfos referidos, pudiéndose asegurar que sus oportunos, rápidos movimientos y el acierto de sus fuegos (que desmontó 14 piezas al enemigo) señalaron desde luego, o por mejor decir, fijaron desde el principio la victoria”.

En Bailén también se bate heroicamente una compañía de granaderos de Marina, incorporada a las Reales Guardias Españolas, que manda el Duque del Infantado. Este proclama: Que en las acciones de guerra, han sido los soldados de Marina un ejemplo de bizarría, y fuera de ellas, un modelo de disciplina”.

La batalla fue terrible y total la victoria española. Era la primera vez desde 1801 que un ejército francés caía derrotado. Dupont se rindió entregando su espada a Castaños, y con él veintiún mil de sus soldados, según el parte del propio General.

La victoria del ejército español sobre el francés tuvo gran repercusión en toda Europa.

La Rendición de Bailén (Casado del Alisal)

Preludio de la Batalla

14.000 soldados veteranos del ejército francés, al mando del general Pierre Dupont, avanzaban desde Toledo hacia el sur a través de Despeñaperros para marchar sobre Cádiz. La intención era proteger la flota francesa allí atracada.

Pero en Andalucía las cosas no se pusieron fáciles para los franceses, el 26 de mayo el sur comenzaba a alzarse contra la ocupación y el general Francisco Javier Castaños tomaba el mando de las tropas leales en Sevilla. Aún así, los franceses, lograron entrar en Córdoba a sangre y fuego —a pesar de la feroz resistencia de los 15.000 voluntarios del teniente coronel Echavarri— realizando uno de los saqueos más sanguinarios y depravados de toda la Guerra de Independencia. Asaltaron iglesias, conventos, casas, robando todo tipo de carros, vehículos, caballos, dinero y numerosas violaciones.

Este violento saqueo puso a toda Andalucía en pie de guerra y la mecha del levantamiento se extendió hasta Sierra Morena. Castaños pudo reorganizar sus tropas en Carmona y Utrera, mientras que en Granada el suizo Teodoro Reding formaba un ejército de voluntarios.

El ejército de Reding por Ferre Clauzel

Dupont se dio cuenta de que al penetrar hasta Córdoba había avanzado demasiado y perdiendo así sus comunicaciones con Madrid que no había podido defender del hostigamiento del general Coupigny —cuyo ayudante de campo era un tal José de San Martín—, un francés al servicio de la resistencia española. Para colmo recibió la noticia de que la escuadra francesa había sido bloqueada en Cádiz y había capitulado. Decidió entonces retirarse hacia Andújar en donde pretendía reunirse con las divisiones de los generales Vedel y Gobert, esta vez para marchar sobre Sevilla.

La Guerra continuaba, los ejércitos de Napoleón fueron derrotados en el Bruch y Valencia, aunque obtuvieron victorias en Zaragoza y Medina de Rioseco. Además de conseguir la entrada del rey puesto por Napoleón, su hermano José I Bonaparte en Madrid.

El 14 de julio, los españoles cruzan el río Guadalquivir haciéndose con el control de las cercanías de Andújar. Esto rompió los planes de Dupont que ordenó a Vedel regresar a Bailén, de donde salía hacía Andújar a su encuentro. Gobert no tuvo la suerte de recibir la orden de media vuelta, fue derrotado por los españoles en Jaén. Un par de días después, los de Reding derrotaban al general Ligier-Belair. El día 18 de julio una división al mando del laureado general Coupigny entraba en Bailén sin disparar un tiro, a la que siguió la de Reding, el ejército francés quedaba entonces divido en dos: Dupont en Andújar y Vedel cerca de Guarromán.

El día de la Batalla de Bailén, 19 de julio

Dupont, al observar el avance de Coupigny, decidió salir hacia Bailén con 9000 hombres con idea de unirse a las tropas de Vedel. Reding y éste lo esperaban. Al amanecer del 19 atacó a los españoles, fracasó estrepitosamente.

Pierre Dupont de l’Étang.

Dupont volvió a atacar cambiando la estrategia en varias ocasiones, pero tampoco sirvió de nada. Entonces llegó Castaños sobre su retaguardia cargando con su caballería. La desbandada francesa fue memorable, además los suizos de Dupont desertaron uniéndose a los suizos que ya había en las filas de Reding. El mariscal Pierre-Antoine, conde Dupont de l’Étang tardó poco en capitular.

El general Dupont entrega su ejército al español, un acontecimiento que rompió el mito de la invencibilidad napoleónica.

La victoria española en Bailén provocó lo que otras no habían logrado, hizo huir al rey José de Madrid y obligó al mismísimo Napoleón a acudir a la península con un nuevo y numeroso ejército para hacerse cargo personalmente de las acciones sobre España. El emperador trató capitulación de Dupont como una afrenta personal. Además la prensa británica difundió con avidez el acontecimiento e imprimió las declaraciones de victoria de Castaños por toda Europa.

Su venganza fue la ocupación de toda la península, Castaños fue derrotado por el mariscal Lannes en la batalla de Tudela en noviembre de 1808, mientras que Reding fue pisoteado —literalmente— por la caballería francesa en la batalla de Valls en 1809. El mariscal Soult invadió gran parte de Andalucía al año siguiente y el 21 de enero de 1810, sus hombres recuperaron las águilas perdidas de la catedral de Bailén. Todo el país cayó bajo las garras del águila francesa, pero España no cayó. España siguió viva en Cádiz.

La promulgación de la Constitución de 1812, obra de Salvador Viniegra (Museo de las Cortes de Cádiz).
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Miguel Ángel Ferreiro

Militar de carrera, Historiador del Arte (UNED) e investigador. Entre África y Europa, como el Mediterráneo.

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