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Una reja romana de Augusta Raurica conserva hasta los clavos de la ventana

Una ciudad antigua también se reconoce por sus objetos menos vistosos: una bisagra, una llave, un clavo que sigue en su sitio. En Augusta Raurica, junto a la actual Augst, en Suiza, los arqueólogos han recuperado una reja romana de ventana que conserva un detalle extraordinario para quien estudia los edificios: parte de su sistema de fijación.

El hallazgo se anunció el 8 de octubre de 2026. Apareció a 1,70 metros de profundidad cerca de la casa romana del museo: cinco barrotes de hierro, dos bandas planas y dos clavos. Las anillas de los extremos probablemente sujetaban el conjunto a un marco de madera.

La ventana que quedó bajo los escombros

La pieza estaba asociada a una estructura de mampostería. El comunicado plantea un incendio o un derrumbe como posibles causas de su enterramiento, sin precisar la fecha ni la función del inmueble. Su posición entre los restos puede ayudar a ordenar la historia de aquel espacio.

El equipo de Augusta Raurica examina los barrotes y las bandas de la reja romana recuperada
El equipo examina la reja recuperada en la excavación. Augusta Raurica.

El depósito del yacimiento conserva pocos ejemplares comparables. Aquí se puede estudiar un conjunto reconocible, con barrotes, uniones y fijaciones. Documentar cada elemento permitirá comparar su diseño con otras soluciones constructivas y acercarse al trabajo de quienes fabricaron e instalaron la ventana.

Los clavos son especialmente elocuentes: llevan la mirada desde el objeto hasta su montaje. Una reja dependía de un encaje entre materiales y del oficio de más de un artesano. El hierro debía sujetarse a la carpintería; la carpintería, integrarse en la pared. Seguir esas relaciones ayuda a reconstruir una arquitectura cotidiana que a menudo pierde, con el tiempo, sus piezas de madera y sus pequeños herrajes.

La luz entraba por caminos distintos

Una reja permitía mantener una abertura y dificultar el paso a través de ella. Pero su presencia no revela por sí sola cómo se cerraba la ventana ni autoriza a imaginar que todas las casas romanas tuvieron el mismo número o tamaño de huecos. El diseño dependía del edificio, de su uso y de sus reformas. La nueva pieza ofrece una solución concreta, que debe interpretarse junto a los demás restos.

En Augusta Raurica hay pruebas materiales de otras opciones. El estudio Glas aus Augusta Raurica 1981–2010 reúne fragmentos de vidrio de ventana, algunos con marcas de fabricación y restos de mortero relacionados con su instalación. El vidrio plano se documenta desde el siglo I d. C. Esos fragmentos muestran que proteger una habitación, iluminarla y cerrar una abertura eran problemas diferentes que podían resolverse con materiales distintos.

Los patios también formaban parte de esa relación entre interior y exterior. La casa romana del museo, reconstruida según modelos antiguos y basada en una vivienda de Pompeya, cuenta con un jardín rodeado de pórticos, habitaciones y espacios de trabajo. Sirve para visualizar esa organización doméstica; el edificio de la reja recién hallada sigue pendiente de interpretación.

Patio porticado de la casa romana reconstruida del museo de Augusta Raurica
Patio de la casa romana reconstruida de Augusta Raurica. Codrin Bucur, CC BY-SA 3.0.

La ciudad que creció detrás de la frontera

El contexto urbano amplía el alcance de la pieza. Desde alrededor del año 50 d. C., Augusta Raurica fue transformando sus construcciones y empleando la piedra de manera creciente. Al desplazarse la frontera imperial hacia el norte, la ciudad quedó en una retaguardia más tranquila. Áreas antes vinculadas al campamento militar dieron paso a barrios residenciales y comerciales, según la síntesis histórica del propio yacimiento.

La reja permite acercarse a esa ciudad desde una escala humana. Frente a un teatro o un foro, una ventana habla de límites domésticos: qué se dejaba entrar, qué se quería proteger y cómo una habitación se conectaba con el entorno. Esa lectura es una manera de formular preguntas al objeto, sin atribuirle todavía una casa concreta ni propietarios de los que nada se ha publicado.

Ahora empieza otra excavación, en el laboratorio

La reja está en el depósito para estudiarla, documentarla y conservarla. El trabajo continúa allí. La institución explica que conservar el yacimiento exige equilibrar el acceso al pasado con la pérdida irreversible de información que supone excavar. Registrar el contexto mantiene unidos el hallazgo y la historia que puede contar.

Secciones de la reja romana de Augusta Raurica protegidas para su traslado al depósito
La reja protegida para su traslado al depósito. Augusta Raurica.

El equipo lleva décadas estudiando el hierro mediante radiografías, que permiten reconocer formas o detalles ocultos por la tierra y la corrosión antes de una limpieza. Eso explica el valor del trabajo que espera a la reja, aunque el comunicado no anuncia aún qué pruebas se le aplicarán. Su interés no depende de que parezca nueva: depende de conservar las señales de cómo fue construida, utilizada y abandonada.

Fuentes y bibliografía


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Redacción

Equipo de Redacción / Notas de Prensa / Agencias

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