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Carlos IV y Fernando VII, una buena vida en el exilio que no duró lo que les gustaría

Carlos IV aceptó "vender" España por 30 millones de reales anuales, Fernando VII lo aceptó por 4.

Roma, 14 de enero de 1815Articulo que el señor don Carlos IV propone a su augusto hijo el señor don Fernando VII para su aceptación y aprobación solemne.

Artículo 1º

La renuncia en mi amado hijo de la corona de España le impone a él y a sus sucesores la obligación de suministrarme aquella cantidad que es necesaria para mantenerme con el decoro que exige la alta jerarquía en que la Divina Providencia se ha dignado constituirme.

La experiencia me ha hecho conocer que la suma que se me ha facilitado desde mi salida de España no ha sido bastante para suplir los gastos que son indispensables para la decencia y comodidad de mi persona y de mi augusta esposa. Conozco el estado deplorable de la nación y las angustias de mi querido hijo; pero conozco también que nada será más sensible para su bien formada alma, que el que sus augustos padres carezcan de lo necesario para vivir con la comodidad que requieren su alta jerarquía, el titulo de padres y su avanzada edad, en lo cual se interesa su propio honor y el de la nación.

A fin de hacer compatible el bien de la misma, y de mi amado hijo con mi bienestar, propongo que desde ahora en adelante se me hayan de suministrar doce millones de reales anuales pagaderos por mesadas anticipadas.

Si mi amado hijo no pudiese pagarme, por ahora, los cuatro millones le reales que hay de diferencia entre los ocho que me ha señalado y los doce que pido, este exceso será un crédito que yo tendré contra la nación y que la misma deberá satisfacerme luego que mejore su posición.

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El resto del convenio no tiene desperdicio. Carlos IV dice que ha contraído una deuda de unos 6 millones de reales que su hijo, sus sucesores o la Nación Española deberán pagar. Esta deuda se produjo cuando el propio ex-monarca decidió romper el acuerdo que tenía con Napoleón Bonaparte, el cual, se comprometía a satisfacer sus demandas económicas siempre y cuando residiera en el palacio de Compiègne, a 80 km al norte de París, para tenerlo controlado.

Carlos IV solicitó a Napoleón establecerse en Niza, porque el clima del palacio en el que se alojaba le acentuaba los dolores de la gota que le aquejaba desde hacía años. El emperador acepta el traslado, dejando claro que ese traslado se producirá “por su propio riesgo y cuenta“, rompiendo con los acuerdos monetarios, Napoleón se había ahorrado 30 millones de reales anuales. Fue entonces cuando, el rey-padre, comenzó a pedir prestado dinero a banqueros y nobles cercanos para amortizar de esta manera su traslado a Niza.

Entretanto, su hijo Fernando, que había usurpado el trono tras el motín de Aranjuez, también había negociado con Napoelón en Bayona su exilio. Se le ofreció un castillo y una pensión anual de 4 millones de reales (que nunca cobró en su totalidad). Lo único que tenía que hacer era devolverle la corona a su padre; le pareció bueno el trato y lo aceptó un 6 de mayo de 1808 devolviendo la corona; ignorando que su padre ya había renunciado en favor del emperador por aquella suma de 30 millones anuales.

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Abdicaciones de Bayona

Fernando se estableció en Valençay, junto a su hermano Carlos María Isidro, hasta el final de la Guerra de la Independencia. Aunque en muchas biografías se dice que estuvo cautivo, por no permitir los franceses su salida del país, el Rey y su hermano recibían clases de baile y música, salían de caza, montaban a caballo y organizaban, como no, grandes fiestas en palacio. Pero su buena vida también tocó a fin, porque Napoleón dejó de pagar lo acordado, muy probablemente por los problemas surgidos en España tras Bailén (julio de 1808).

Pero el futuro Fernando VII, en vez de reclamar lo acordado o rebelarse contra su cautiverio se dedicó a escribir cartas al emperador hasta el punto de “arrastrarse” por los suelos para buscar el contento del corso. Bonaparte, en su destierro de Santa Elena, recordaba así estas formas del monarca español:

No cesaba Fernando de pedirme una esposa de mi elección: me escribía espontáneamente para cumplimentarme siempre que yo conseguía alguna victoria; expidió proclamas a los españoles para que se sometiesen, y reconoció a José, lo que quizás se habrá considerado hijo de la fuerza, sin serlo; pero además me pidió su gran banda, me ofreció a su hermano don Carlos para mandar los regimientos españoles que iban a Rusia, cosas todas que de ningún modo tenía precisión de hacer.

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Las cartas de Fernando a Napoleón fueron publicadas en el diario Le Moniteur, para los españoles se dieran cuenta de lo que tenían como rey, pero lo que consiguió fue que los españoles vieran en el felón a una víctima empatizando con él y comenzando así el mito de “El deseado“. Por cierto, Fernando no tardó mucho en agradecer a Napoleón que hubiese hecho público el amor que le profesaba.

Mientras tanto, en Niza, la fastuosa vida de Carlos IV le llevó a tener más acreedores que amigos y, agobiados por las deudas, se establece en Marsella. Lugar del que Napoleón ordena su salida, terminando en el palacio Borghese de Roma, en donde se instalarán en el verano de 1812.

La caída de Napoleón en 1814, coincide con un nuevo traslado de la familia real al palacio Barberini, también en Roma, desde donde le remitirá a su hijo, ya repuesto en el trono de España el convenio que hemos leído hace un rato, en el que además propone que sea obligación de Fernando VII encargarse de su madre con una pensión de 8 millones de reales anuales, si quedase viuda. También le exige se haga cargo de la manutención de todos sus hermanos, 5 en aquel entonces, con la dotación que siempre se ha pagado a los infantes de España.

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Retrato póstumo de Carlos IV de España (1825), por José de Madrazo (Palacio Real de Aranjuez).

Pidió además libertad para residir en cualquier país que le diese la gana o, si volviera a España, afincarse en la provincia que más le apeteciera según la época del año. Las peticiones del rey padre fueron todas aceptadas y firmadas con una única condición: que no residiera en país que domine Bonaparte o Murat. Pero no duró mucho su buena vida, el 2 de enero de 1819 fallecía María Luisa de Borbón-Parma y pocos días después, el 19 de enero de 1819, el propio rey padre Carlos IV.

Fuentes:

Arzadun, Juan (1942). Fernando VII y su tiempo

Gaceta de Madrid, Volumen 1

Tratados, convenios y declaraciones de paz y de comercio: que han hecho con (…) de 1700 a 1843

Miguel Ángel Ferreiro

Militar de carrera, Historiador del Arte (UNED) e investigador. Entre África y Europa, como el Mediterráneo.

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