Lo que realmente quería decir “El Príncipe”, la obra de Nicolás Maquiavelo

Escrito en el Renacimiento

Es uno de los ensayos más famosos sobre política y el arte de gobernar a la vez que posee una mala fama inmerecida

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Escultura de Nicolás Maquiavelo frente al Palacio de los Oficios de Florencia (Rafael Robles)

¿Por qué fue escrito?

El Príncipe fue escrito por Nicolás Maquiavelo en 1513, que por entonces era ex Secretario de la República de Florencia. Antes de esta obra, Maquiavelo había comenzado a escribir Los Discursos sobre la primera Década de Tito Livio, una obra en la que, según él, debía ser el Estado moderno, pero había oído rumores de que León X pensaba crear un Estado a favor de sus sobrinos Lorenzo y Julián, quienes conjuntamente gobernaban en Florencia. Por eso se apresuró a interrumpir lo que estaba escribiendo de la obra y se puso a escribir un tratado en el que aleccionaría al futuro príncipe, y este sería El Príncipe. En este ensayo se ocuparía de cómo debía ser gobernado y por quién, el hombre del Estado, el gobernante; qué cualidades debería poseer para dar cima con éxito al desempeño de su misión.

Significado y contexto de la obra 

Para entender la gestación y redacción de El Príncipe, hay que tener en cuenta el contexto histórico de aquella época y en la ciudad en la que se encontraba Maquiavelo: Florencia. Esta era una ciudad que no estaba regida por la antigua nobleza feudal, sino por los representantes de la nueva clase burguesa mercantil, que habían hecho su aparición con gran empuje en diversos puntos de Europa: Amberes, Fráncfort, Hamburgo, Londres, Lyon, Génova y la propia Florencia, gobernada por la familia de los Médicis: ricos banqueros y déspotas ilustrados protectores de artistas.

Este ensayo no era más que el fruto de la contemplación de una sociedad completamente nueva: burguesa, antifeudal, laica y racionalista. Como hoy en día cometemos el craso error de analizar y opinar sobre hechos pasados desde el punto de vista de la actualidad, con El Príncipe se comete el mismo error, que incluso dos siglos después de la muerte de Maquiavelo, se había puesto en circulación —y hoy en día sigue— un vocablo nuevo en casi todas las lenguas del mundo: maquiavelismo, sinónimo de astucia, doblez, cinismo y lealtad. Hegel, uno de los más grandes pensadores alemanes recomendaba:

Hay que leer El Príncipe tomando en consideración la historia de los siglos anteriores a Maquiavelo y la historia de su tiempo; y entonces, esta obra, no solo justificada, sino que aparece como la verdadera concepción, elevada y magnifica, de su autentico genio político, del más grande y noble de los espíritus.

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Edición de 1550 de “El Príncipe” (Wikimedia)

La Italia de Maquiavelo era una Italia dividida en cinco Estados separados: Reino de Napóles, Estados Pontificios, República de Venecia, Ducado de Milán y República de Florencia. Todos combatían entre sí, se aliaban con potencias extranjeras permitiendo que tropas mercenarias ocupen sus territorios impidiendo la reunión de toda Italia, algo que Maquiavelo deseaba ver, una Italia unificada, y que para lograrlo, la monarquía podría ser la solución indicada, aunque su pensamiento fuese republicano. Mientras, en Europa, comienzan a crearse nuevas entidades políticas de dimensiones considerables, más adecuadas para los nuevos intereses de la clase social emergente. Maquiavelo se pregunta por qué no encarrilar Florencia y a la propia Italia por el mismo camino.

Nadie mejor que Maquiavelo para exaltar la fuerza o voluntad de poder —la virtud— como primera y última razón en el gobierno de los pueblos. De esta frase los comentaristas extrajeron la quintaesencia de la razón del Estado: el fin justifica los medios y denominaran maquiavelismo a esta doctrina de la razón de Estado. Pero hay que tener en cuenta que Maquiavelo solo quiso hacer un tratado de política, las demás cuestiones, morales y religiosas, son marginales.

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Tumba de Nicolás Maquiavelo en la Basilica de Santa Cruz en Florencia (Wikimedia)

De su rápida lectura, porque es una obra bastante corta, personalmente destacaría un fragmento que, cuando lo leí, me gustó y me gustaría destacar, ya que considero que también puede ser aplicable a otros aspectos de la vida además de la política:

«Y los hombres temen menos ofender a uno que se haga amar que uno que inspire temor; porque el amor es un vínculo de gratitud que los hombres, malos por naturaleza; rompen cada vez que pueden beneficiarse; pero el temor es un miedo al castigo que no se pierde jamás».

Fuente:

Nicolás Maquiavelo (1513). El Príncipe

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