Los orígenes del belén y su significado

Carlos III no introdujo la tradición en España

El Portal de Belén, nacimiento, pesebre o sencillamente, El Belén deriva del nombre de la localidad palestina en dónde se asegura nació Jesús de Nazaret. Evidencia de ello lo encontramos en los Evangelios de Lucas y Mateo donde se narra el nacimiento de Jesús, que tuvo lugar en tiempos del rey Herodes en Belén. Allí, María y José, llegaron para el censo anunciado por Roma y, al no encontrar alojamiento en ninguna posada, se refugiaron. en un establo.

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Un curioso Belén
-foto: @Retohistorico

A día de hoy, belén es un concepto, el belenismo es incluso un arte que ha evolucionado con el tiempo, cambiando de formas pero siempre manteniendo esa escena central que es el nacimiento de la figura central del cristianismo. Pero ¿Quién inventó el belén?

La representación de la Natividad

La representación del belén tiene orígenes antiguos: los cristianos pintaban y esculpían las escenas del nacimiento de Cristo en lugares de encuentro, como las Catacumbas romanas, incluso se conserva una escena de la natividad del siglo IV d.C. en el que hay un buey y una mula, quizás la primera, en la Basílica de San Sebastián de las Catacumbas.

Cuando el cristianismo salió de su escondite, las imágenes del nacimiento empezaron a enriquecer los muros de las primeras iglesias; mientras que en 1200 se empezaron a ver las primeras estatuas.

¿Quién inventó el belén?

Según la tradición, el primer belén lo realizó San Francisco de Asís, en 1223, en Greccio, en la provincia de Rieti (Umbría). La idea se le ocurrió durante un viaje a Palestina en 1222; cuando en el otoño de 1223 fue a Roma a visitar al Papa Honorio III, para la aprobación de la Regla definitiva, pidió permiso al Santo Padre para poder representar la Navidad.

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Piero Casentini, Natividad de Greccio, Límites de Greccio (Rieti)

Francisco obtuvo el permiso y volvió a Greccio que «le recordaba a Belén«. Giovanni Velita, señor de Greccio y  amigo del Santo; escogió una cueva para hacer la representación y envió allí un buey y una mula basándose muy posiblemente en la interpretración que Francisco de Asís tenía de la lectura de Isaías: «Conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo. Israel no conoce, mi pueblo no discierne» (Is. 1,3).

La tradición dice que durante la misa en la cueva, en la Nochebuena de 1223, apareció en el pesebre un niño de carne y hueso, al que Francisco tomó en sus brazos. La Leyenda Mayor (Cap.7) de San Francisco de Asís lo cuenta así:

Llegado el beato Francisco, en memoria de la natividad de Cristo, ordenó que se preparase el pesebre, que se trajese el heno, que se condujera al buey y al asno; y predicó sobre la natividad del Rey pobre; y, mientras el santo hombre mantenía su oración, un caballero vio al verdadero Niño Jesús en lugar de aquel que el santo había portado.

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Giotto, El belén de Greccio.

A partir de ese momento, la costumbre de representar el nacimiento de Jesús se difundió por toda Italia. Unas décadas más tarde, se creó el primer belén con figuras. Se discute si la fecha de su creación fue 1283 o por el contrario 1291, ocurriendo durante el pontificado del Papa Nicolás IV (1288-1292).

Nicolas IV fue el primer pontífice franciscano, que según algunos historiadores encargó a di Cambio la creación de aquel belén para la Basílica de Santa Maria Maggiore en Roma, donde aún se encuentra hoy. Su propósito era inmortalizar aquella representación de la Natividad ideada por San Francisco en Greccio.

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Belén de Arnolfo di Cambio, Basilica di Santa Maria Maggiore, Roma

Como había deseado el Papa Nicolás IV, la obra es muy sobria; las figuras presentes son las de la Sagrada Familia: Jesús, José y María, los Magos, que traen sus regalos al Niño Jesús, el buey y la mula.

Los Reyes Magos en el Belén

En el simbolismo del belén se considera que los Reyes Magos son la representación de las tres edades del hombre: juventud, madurez y vejez. O como las tres razas en las que, según el relato bíblico, se divide la humanidad: la semita, la japética y la camítica.

Los dones de los Magos tienen una doble referencia a la naturaleza humana de Jesús y su realeza: mirra por ser hombre, incienso por su divinidad, oro porque es un don reservado a los reyes. Los pastores representan a la humanidad a ser redimida y la actitud de adoración de María y José sirve para enfatizar la realeza del recién nacido.

Napoles y la tradición belenista

Inicialmente, la tradición belenista se apoderó de la Toscana y se extendió inmediatamente al Reino de Nápoles, donde aún mantiene la primacía italiana en términos de tradición, curiosidad e innovación.

De hecho, fueron los artistas napolitanos quierenes empezaron a introducir personajes de la vida cotidiana, especialmente realizando sus oficios, en el belén. Esta tradición sigue muy viva, como lo demuestran los populares puestos llenos de personajes en los mercadillos navideños de muchas ciudades de tradición cristiana.

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Detalle de un pesebre napolitano en el Museo Nacional de Artes Decorativas (Madrid, España).

Los artistas napolitanos también son responsables de haber creado personajes vestidos con ropas de los tejidos más preciados y sobre todo de haber creado las estatuillas de famosos y personalidades destacadas.

Carlos III no introdujo la tradición en España

La llegada al trono de Carlos III (1759), que antes había ocupado el trono napolitano (1734-1759) introdujo un tipo de belén en la corte española. Uno de un gusto cortesano, alejado de la iglesia y que constituía un juego palaciego para la élite desocupada. Eso sí, con este refinamiento el belén alcanzó altas cotas de nivel artístico. Pero no intrudujo, ni mucho menos, el belén en los reinos peninsulares.

El belén napolitano más antiguo conservado en España es el «Belén de Jesús» de Palma de Mallorca, instalado en la iglesia del Hospital Provincial de la ciudad y fue creado entre 1475-1480, por la familia Alamanno, artesanos que ya habían creado otros belenes en Italia.

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Escuela ítalo-borgoñona, atribuido a los Alamanno, Belén de Jesús. Siglos XV-XVI, Palma (Mallorca), iglesia de La Anunciación del Hospital General, Santuario del Cristo de la Sangre.

Según se dice habría llegado a la isla en 1536 de una forma casual, al pertenecer las figuras a la carga de un barco cuyo comandante las donó como exvoto al haberse salvado de una tempestad.

Las relaciones con el Virreinato español de Nápoles fueron bastante intensas. Todo está documentado, especialmente los encargos de obras de arte realizados por los virreye, entre los que por supuesto se encuentran numerosos belenes napolitanos.

El conservado en el Museo del Monasterio de las Madres Clarisas de Monforte de Lemos (Lugo), realizado en el siglo XVII, fue seguramente una donación de los condes de Lemos, que fueron virreyes de Nápoles.

El también virrey de Nápoles Manuel de Zúñiga y Fonseca (1631-1637) regalaría a su hija un belén de unas veinte piezas mientras estaba en el convento de Madres Agustinas Recoletas de Monterrey de Salamanca.

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Belén de las agustinas recoletas (foto: agustinosrecoletos.com)

Pero no le quitemos méritos a Carlos III, fue él quién ordenó instalar un Belén en Palacio para su hijo Carlos (futuro Carlos IV) que se conoció como el «Belén del Príncipe».

Además, su belén, llegó a tener cerca de 6000 piezas entre las cuales se colocaban campesinos con los trajes típicos de las regiones españolas. Hacia el siglo XIX se siguió ampliando con animales y un séquito de Reyes obra de Giuseppe Sanmartino traidas por María Cristina, esposa de Fernando VII.

Las vicisitudes de la historia de España han hecho que muchas de estas figuras se perdiesen, econtrándose algunas en un anticuario de Barcelona en los años 80 según nos cuenta Ángel Peña.

Fuente
Peña Martín, Ángel. EL GUSTO POR EL BELÉN NAPOLITANO EN LA CORTE ESPAÑOLA. UAMValiñas López, Francisco Manuel. El belén ante la historia del arte. Apuntes para el estudio de sus elementos y contenidos escenográficosARBETETA MIRA, Letizia. Oro, incienso y mirra. Los belenes en España. Madrid: Telefónica/ Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 2000

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