Con la proliferación de la nueva religión nuevos ritos se imponen en el imperio, uno de ellos, quizás uno de los principales del cristianismo, es la inhumación de los difuntos, es decir, los romanos pasan de ser incinerados a ser enterrados en sarcófagos.

Hubo un tiempo en que religiones paganas y la cristiana convivieron y evidentemente la cultura existente no desapareció al recibir nuevas directrices en sus ritos, sino que se adaptó paulatinamente con el cambio de los tiempos. Ahí el origen de esta tipología de sarcófagos, fueron una adaptación de las decoradas urnas cinerarias (véase estilo etrusco), una versión “XL” de lo que se venía haciendo hasta entonces.

urna funeraria etrusca S II a.C.
urna funeraria etrusca S II a.C.
 Nace entonces un nuevo tipo de arte, el arte paleocristiano, que se corresponderá con los seis primeros siglos de nuestra era.
Jesús con sus Apóstoles” Cementerio de Vía Anapo.

La temática ornamental variará, obviamente, según nos aproximemos al edicto de Milán, un hecho que marcaría el cristianismo, su simbología y su arte, al liberarlo del ostracismo. Al principio se reproducen escenas mitológicas o relacionadas con ritos funerarios romanos, poco después se van representando más temas propiamente cristianos, aunque con un estilo más bien “neutro” podría significar una cosa u otra dependiendo de la persona que los mirase, a similitud de lo que ocurría en las pinturas de las catacumbas cristianas en donde un pez significaba Cristo, una vid su sangre o un pavo real la inmortalidad. Quizás la época anterior al Edicto de Milán es la más prolífica en cuanto a un lenguaje propiamente “simbólico” y no tan obvio como el que veríamos tras la Paz de la Iglesia.

Sarcófago paleocristiano s.IV

Podemos distinguir diferentes estilos en los sarcófagos paleocristianos en los cuales se combinarán diversos elementos como las acanaladuras en forma de “S” llamadas estrígiles.

Sarcófago del pedagogo (Tarragona) con las mencionadas “estrígiles”

Los clípeos centrales o medallones en los que el difunto se suele representar con un familiar cercano, de friso único o de doble friso, frisos a los que se incorporarán las imágenes más representativas de la iconografía cristiana con simbología oculta o posteriormente con una narrativa más clara; los conjuntos iconográficos de los frisos podían estar columnados, separados por columnas.

sarcofago de junio basso
Las representaciones propiamente cristianas durante el periodo paleocristiano contendrán temas como diversas representaciones bíblicas de las que se pueden destacar:

Adoración de los Magos

Sarcófago del S. IV

 Adán y Eva

Juno Basso

Sacrificio de Isaac

 Siglo V d C

Bodas de Caná

 Daniel en el Foso de los Leones

Resurrección de Lázaro

También es frecuente la representación iconográfica del Crismón, que consiste en la intercalación de las letras griegas X (Chi) y P (Rho) como anagrama de Cristo; más tarde se le añadirían el alfa y la omega a ese “cristograma”, dando a entender que Cristo es el principio y el fin de todas las cosas.

Mucha iconografía, como la antes citada, está relacionada con las oraciones recitadas por los primeros cristianos; los sarcófagos aluden directamente a “temáticas de salvación” como parte de esas oraciones, tales como la salvación de Daniel del foso de los leones, la intervención de dios en el sacrificio de Isaac, resurrección de Lázaro, Jonás y la ballena…

Cabe destacar, para finalizar, que la ideología cristiana absorbió temática iconográfica pagana, bien fuera durante los primeros momentos del cristianismo para camuflarla del ojo “infiel” o para que el recién converso identificara rápidamente los elementos sagrados. Esto fue un elemento clave en la propagación de la nueva religión.

 

Puedes dejar un comentario