Jasper Maskelyne, el mago que engañó al Afrika Korps

Si no conocían a Jasper Maskelyne, que lamentablemente es lo más seguro, ya que nunca obtuvo reconocimiento alguno y murió en el más absoluto anonimato, en las siguientes líneas hablaremos de cómo su singular abracadabra consiguió engañar nada más y nada menos que al ‘Afrika Korps’ de Erwin Rommel y Hitler.

Los Maskelyne habían sido toda una saga de magos londinenses que llenaban los teatros de la capital del Támesis. Jasper nació en 1902, y tanto su padre como su abuelo habían sido reconocidos ilusionistas, fundadores del prestigioso Círculo de Magia británico.

El ilusionista Jasper Maskelyne, en el Halifax Palace Theatre (Condado de Yorkshire, Reino Unido). 1940.

Una vez convertido en un reputado artista, la guerra estalla y el Reino Unido se ve asolado por el famoso Blitz o guerra relámpago que los alemanes lanzaron entre el 7 de septiembre de 1940 y el 16 de mayo de 1941. Ocho meses en los que los incesantes bombardeos provocaron el cierre –amén de la destrucción total- de numerosos teatros y escenarios relevantes donde cantantes, actores y, por supuesto, magos, ganaban su jornal.

Londres y otras grandes ciudades quedaron huérfanas de espectáculos. Y muchos de esos artistas que se quedaron sin empleo, a pesar de su avanzada edad, escogieron la opción de alistarse al ejército. No para estar en primera línea de batalla, pero sí para entretener a las tropas con sus increíbles números.

Denme libertad y no habrá límites para los efectos que puedo realizar en el campo de batalla. Puedo crear cañones donde no los hay y hacer que disparos fantasmas crucen el mar. Puedo colocar un ejército entero sobre el terreno si eso es lo que quieren, o aviones invisibles, incluso puedo proyectar en el cielo, a miles de pies de altura, una imagen de Hitler sentado en el váter.

.-Jasper Maskelyne

Con 38 años y tras recibir un duro entrenamiento militar, especializándose –como no- en las artes del camuflaje, acabaría destinado al Norte de África. Y aquí comienza el mito.

Corría el verano de 1941 y conscientes de los constantes bombardeos que sufría Alejandría -base naval británica en el Mediterráneo-, el Alto Mando inglés le propuso a Jasper emplear ahora su magia no para distraer a los soldados sino para defender a su país. Debía conseguir que el Puerto de Alejandría desapareciera, para así evitar los ataques de la Luftwaffe.

Pero nuestro mago era consciente de que tal encomienda no podría llevarla a cabo solo. Para ello decide reclutar a un equipo especial de soldados tan poco profesionales –militarmente hablando- como él mismo: carpinteros, restauradores de muebles, electricistas, dibujantes, químicos, un escenógrafo de teatro, y así hasta catorce hombres que son puestos bajo su mando y que serían conocidos como la ‘Magic Gang’ o la ‘Banda Mágica’.

Para prepararlo todo a la perfección, los hombres de Maskelyne solicitaron ser desplazados a primera línea de fuego y así observar con detenimiento –y prudencia- la forma de bombardear de la aviación alemana. Luego estudiaron minuciosamente la geografía y estructura de la ciudad de Alejandría. Y por último, fueron a la búsqueda de un emplazamiento no muy lejano que fuera capaz de albergar su increíble truco de magia.

Ese lugar estaría a tres millas en dirección oeste: la Bahía Maryut. Perfecta en cuanto a orografía, pues era calcada a la de Alejandría.  Además, sin población civil o militar a la que se pudiera causar daño. Era el momento de ponerse manos a la obra. Dicho y hecho, con cartón, focos y cientos de farolillos, fueron capaces de crear de forma muy rudimentaria pero efectiva una réplica exacta del puerto, objetivo anhelado del ‘zorro del desierto’. Tampoco existía la necesidad de construir algo muy fiel a la realidad, pues de noche todos los gatos son pardos. Con que en altura, volumen y luz diera el pego, sería suficiente. La maqueta, a escala reducida, fue acompañada de artillería antiaérea para que el conjunto fuera aún más creíble.

Atrezo que empleó la ‘Magic Gang’ para representar el Puerto de Alejandría.

Una vez que todo estuvo listo en tiempo récord, los informes de que el Puerto de Alejandría sería aniquilado en la noche del 22 de junio llegaron hasta las manos de la Sección Experimental de Camuflaje. ¿Cuál sería el modus operandi? Pues en cuanto se detectara la cercanía de los bombarderos germanos, se apagarían todas las luces de la original y se encenderían las de la réplica. En medio de la oscuridad del desierto, esa iluminación confundiría a los pilotos a pesar de que sus coordenadas no fueran exactamente esas.

Pero la cosa no acababa aquí, ya que se instalaron fuegos artificiales para simular un falso bombardeo, aumentando el engaño y atrayéndolos, de manera definitiva, como moscas. Y todo salió según lo previsto. El espejismo nocturno cumplió su misión. Los alemanes descargaron todo su arsenal sobre la base ficticia. Así sucedió durante varios días. Tal y como la ‘otra’ Alejandría era hecha añicos, a la mañana siguiente se reconstruía por completo. El engaño del audaz Jasper funcionó hasta que Rommel y el comandante Hans Jürgen von Arnim creyeron que habían cumplido su objetivo y sus miras se centraron en otros frentes.

Pero si creen que esta ilusión óptica fue bárbara, esperen a oír esta otra: la desaparición nada más y nada menos que del Canal de Suez. Sin duda, el mayor truco de magia de la historia. Hitler siempre se acordaría de él.

La línea de suministro británica también pasaba por dicho canal, así que igualmente había que defenderlo. Maskelyne era conocedor de que los aviadores se guían no solo por sus instrumentos de vuelo, sino también mediante puntos de referencia visuales entre el horizonte y la tierra. Cuando estos se pierden, se origina la denominada desorientación espacial, causando con ella un fatal desenlace. Lo que le llevó a pensar en un método para derribar aviones sin necesidad de disparar un solo cañón antiaéreo.

Entonces, la ‘Magic Gang’ se apoderó de los potentes focos reflectores que se usaban para apuntar e iluminar el cielo, y los dotó de espejos estroboscópicos giratorios que creaban una auténtica tormenta de luz de varias millas de ancho. Un sistema que deslumbraría y desconcertaría a cualquier piloto, impidiéndole maniobrar y haciéndole que se estrellara. Se trató de otro gran éxito de todo su equipo.

Espejos estroboscópicos empleados por los hombres de Maskelyne en este increíble truco.

Aunque no podemos contarles muchos detalles, pues el conocido como ‘Torbellino de luces’ o ‘Manto Negro’ sigue siendo material clasificado y no se espera que sea público hasta el año 2.046. Un absoluto secreto, al igual que muchos otros ingenios desarrollados por la popular banda y que se emplearon contra el enemigo. De ahí, que su biografía y peripecias hayan sido siempre tildadas de exageradas.

La brillante mente del ilusionista no pasó desapercibida para el general Montgomery, quien le encomendaría su misión más importante en octubre de 1942. Una gran maniobra de despiste con la que los británicos se alzarían con la victoria en la segunda Batalla de El Alamein, expulsando para siempre a las tropas e Hitler del continente africano: la Operación Bertram.

Jasper disfrutando de un pícnic en Guiza. 1942.

El objetivo, distraer a los alemanes para que pensaran que el ataque principal llegaría por la zona sur a El Alamein -pequeña ciudad al norte de Egipto, en la costa del Mediterráneo-, cuando la ofensiva real sería lanzada desde el norte. De esta forma, Maskelyne volvió a hacer uso de su chistera para crear un auténtico ejército de mentira, con muñecos vestidos de soldados, tanques de lona, barracones y depósitos de agua de cartón, camiones disfrazados de carros de combate, e, incluso, una vía de tren y un oleoducto totalmente falsos. Mientras, la auténtica milicia con toda su artillería se desplazaría silenciosa a la espalda de Rommel.

Para acentuar el operativo, la ‘Magic Band’ comenzó a emitir transmisiones de radio falsas en las que se incluía un efecto de fondo emulando el bullicio de un campamento militar repleto de hombres. El plan salió a pedir de boca y el ‘zorro del desierto’ movilizó a sus tropas de retaguardia hacia el sur. Fue el principio de su fin. Una perfecta cortina de humo que, curiosamente, también se emplearía para engañar a los nazis dos años después, durante el Desembarco de Normandía y asestar así el golpe definitivo a Hitler.

El mariscal alemán Erwin Rommel en El Alamein. Junio de 1942.

Está sería la última gran actuación de los ‘muchachos de la magia’. Tras la victoria en tierras africanas, se disolvió el grupo y sus miembros fueron separados. Nunca más volvieron a verse.

Años más tarde, su hijo Alistair Maskelyne contaría el terrible final de su padre: inundado de deudas y con Hacienda pisándole los talones, emigró junto a su segunda esposa hasta Kenia para escapar de los problemas. Compraron una granja en Nairobi y acabarían montando una autoescuela. Los asuntos económicos le harían aficionarse a la bebida y falleció prácticamente sin un centavo en 1973. Un desenlace demasiado triste para una figura a la que nunca se le reconoció su gran mérito.

El que no cree en la magia nunca la encontrará.

.-Roald Dahl

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David Rodríguez C. | @muyhistoria

Periodista 3.0, escritor e investigador. Apasionado de la II Guerra Mundial y de la Historia en general. Todo el día de aquí para allá.

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