En el cuarto día de la luna de Rabîa I del año de la Hegira 897, es decir el de 4 de enero del 1491, Abû ʿAbd Al·lâh —conocido entre los cristianos con el nombre de Boabdil “El Chico”— envió a su familia y tesoros a un pequeño señorío en las Alpujarras que los reyes católicos habían acordado cederle.

Boabdil rumbo a las Alpujaras (1885) por Marcelino de Unceta [fragmento]
Antes de partir acudió, junto a su escolta de 50 jinetes, a presentar sus respetos al rey Fernando, a quién saludó como su señor. Dicen que fue ese el momento en el que el venerable anciano El Hagib Abul Cassen hizo entrega de las llaves de la ciudad de Granada.

Enseguida se izaron las banderas en las almenas de la Alhambra y de todas las toores y muros de todas las fortalezas de la capital del reino de Granada. Cuatro días después, Fernando e Isabel hacían entrada en la ciudad, en la que residieron durante algunos meses.

Boabdil, tras la entrega de llaves, acudió junto a su familia que estaban ya en camino. No quiso mirar atrás, dicen, no quiso ver otros estandartes sobre las torres que construyeron sus antepasados.

El suspiro del moro (1945) por Mariano Bertuchi
El suspiro del moro (1945) por Mariano Bertuchi

La famosa leyenda

Cuenta el Padre Echevarría, en el siglo XVIII, que cuando Boabdil se encontraba en su camino a las Alpujarras y estuvo sobre la última loma desde la que se divisa la Alhambra, a unos 12 kilómetros al sur, se detuvo y observando por última vez el legado de sus antepasados suspiró y dijo:

– “Hasta siempre patria de mi alma. Hágase pues la voluntad de Alá”.

a lo que su propia madre, la sultana Aixa al-Horra quien le dijo:
– “Llora como mujer lo que no has sabido defender como un hombre”.

Desde aquel aciago día, el puerto de 860 m de altitud, en el término municipal de Villa de Otura, donde madre e hijo tuvieron tan breve pero intenso intercambio de emociones, es comúnmente conocido como “suspiro del Moro”.


(Foto: http://mapio.net)
Boabdil no se detuvo tampoco mucho en España, vendio las tierras que le habían otorgado —derecho permitido en las Capitulaciones de Granada— y se retiró al reino de Fez, en el que gobernaba un familiar suyo. Allí moriría en combate —eso cuentan— durante una batalla defendiendo intereses de su pariente. 

¿Qué fue de esa familia real?

Cuentan que algunos príncipes de su familia, como Yahia y su hijo, se quedaron en la Península convirtiéndose al cristianismo, otros emigraron al reino de Murcia y posiblemente sus descendientes serían expulsadas por decreto de Felipe III. 

En lo que respecta a la parte que emigró a Fez, según la investigación de Blas Infante, quedaba a principios del siglo XX una familia que decían provenir de un primo de Boabdil, según la tradición de su familia, posiblemente ligada a la familia real de Fez y no a la rama nazarí de Boabdil. Por lo que en Marruecos, seguramente, no haya descendientes del último rey musulmán de Granada.

El Suspiro del Moro (Colección particular, 1879-1892) por Francisco Pradilla

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