En la cueva de Los Aviones, junto a la costa de Cartagena, los neandertales no recogían moluscos al azar.
Hace unos 115.000 años buscaban alimentos por el litoral durante todo el año, pero especialmente entre el final del otoño y el comienzo de la primavera. El dato procede de las conchas mismas: sus isótopos de oxígeno guardan la temperatura del agua en el momento de la recolección.
La investigación no se limita a demostrar que aprovecharon recursos marinos, algo ya conocido en varios yacimientos del sur de Europa. Permite responder a cuándo lo hacían y qué relación tenía esa decisión con sus desplazamientos, sus necesidades y su forma de planificar el territorio.
Las conchas como calendario del mar
El equipo analizó 40 ejemplares de Phorcus turbinatus y 15 de Patella ferruginea, procedentes de niveles de la cueva datados en torno a 115.000 años. Ambas especies viven en la franja intermareal, la zona que queda alternativamente cubierta y descubierta por el mar. Sus conchas crecen registrando las variaciones de temperatura, y ese crecimiento funciona como una pequeña secuencia estacional.

Los valores isotópicos muestran recolección durante las cuatro estaciones, aunque con una preferencia marcada por los meses fríos. En el caso de Phorcus turbinatus, la mayor concentración se sitúa en invierno, seguida por el otoño y la primavera; el verano queda muy por detrás. En conjunto, la mayoría de los ejemplares se recogió entre aproximadamente noviembre y abril.
Planificación, no una visita ocasional
La conclusión no es que los moluscos fueran el alimento principal de aquellos grupos. Las conchas estudiadas no bastan para reconstruir toda su dieta. Lo que muestran es que el uso del litoral obedecía a una pauta. Elegir una estación, regresar a determinados puntos y aprovechar recursos predecibles implica conocimiento del medio y capacidad de organizar las actividades en el tiempo.
Durante mucho tiempo se presentó a los neandertales casi exclusivamente como cazadores de grandes animales. La evidencia de Los Aviones, junto a la de otras cuevas mediterráneas, corrige esa caricatura. Los recursos costeros formaban parte de un repertorio flexible que incluía carne, plantas, aves, peces y moluscos según los lugares, las estaciones y las oportunidades disponibles.

La costa de Cartagena hace 115.000 años
La actual línea de costa no era idéntica a la de aquel tiempo.
Los cambios del nivel marino y del paisaje han modificado los accesos y la distancia entre las cuevas y el agua. Aun así, Los Aviones ocupaba una posición favorable para observar y explotar el borde litoral. La conservación excepcional de sus niveles ha permitido estudiar usos humanos que en otros yacimientos se perdieron con la subida posterior del mar.
La cueva es conocida también por otros hallazgos que han alimentado el debate sobre las capacidades simbólicas neandertales. Conchas perforadas, pigmentos y otros materiales sugieren prácticas que no pueden reducirse a la subsistencia. El nuevo estudio no pretende resolver ese debate, pero refuerza una idea compartida por la investigación reciente: aquellas poblaciones conocían de forma muy detallada su entorno.
Qué revela el oxígeno de una concha
La técnica empleada se basa en la relación entre los isótopos de oxígeno presentes en el carbonato cálcico de la concha. Como esa relación se vincula a la temperatura del agua, los investigadores pueden estimar si el animal fue recogido en una fase fría o cálida de su último periodo de crecimiento. Es un método exigente, porque necesita conchas bien conservadas y un muestreo muy preciso.

El resultado adquiere interés precisamente por su escala. No se trata de una concha singular, más bien de un conjunto de 55 ejemplares con una pauta coherente. Esa repetición permite hablar de estacionalidad sin atribuir una decisión consciente a cada gesto individual. La arqueología transforma señales diminutas en una historia de comportamientos cuando el contexto respalda la comparación.
Un conocimiento del litoral anterior a nuestra especie
La recolección estacional de moluscos está bien documentada entre poblaciones humanas posteriores del Paleolítico superior y del Mesolítico. Los datos de Los Aviones la sitúan más de cien mil años antes en grupos neandertales. No significa que fueran idénticos a quienes llegaron después, pero sí que compartieron estrategias de aprovechamiento del litoral que requieren atención a ciclos naturales y a riesgos de abastecimiento.
La selección de Phorcus turbinatus y Patella ferruginea muestra que el litoral no fue un recurso ocasional. El marisqueo neandertal en Cartagena se integró en decisiones repetidas sobre estación y lugar. El hallazgo puede compararse con la huella prehistórica de Cova Eirós: dos contextos peninsulares distintos que revelan conductas neandertales mucho más flexibles de lo que se aceptaba hace décadas.

La costa no fue para los neandertales un margen desconocido ni un recurso tomado al paso. Fue un espacio recorrido con regularidad, donde el mar ofrecía alimento y donde el paso de las estaciones podía leerse, literalmente, en la piedra caliza de una concha.
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