Cútar prepara estos días un homenaje singular. Durante la XXII Fiesta del Monfí, el municipio malagueño inaugurará una escultura dedicada a Muhammad al-Yayyar, un personaje cuyo nombre permanecería prácticamente desconocido fuera de los especialistas de no ser por un descubrimiento fortuito ocurrido en 2003: varios libros escritos en árabe habían permanecido ocultos durante siglos en el muro de una vivienda.

La noticia de la nueva estatua ofrece una buena ocasión para regresar a aquellos manuscritos. Porque detrás de su espectacular hallazgo existe algo bastante más interesante que el tópico del «tesoro escondido»: una documentación excepcional para reconstruir la vida intelectual, jurídica y cotidiana de la Axarquía en uno de los momentos de mayor transformación de su historia.
Tres libros detrás de un muro
El hallazgo se produjo el 30 de junio de 2003 durante unas obras en una casa de Cútar. Dentro de un muro aparecieron tres volúmenes y diversos documentos escritos en árabe.
Uno de ellos era un Corán situado por los especialistas entre finales del siglo XII y comienzos del XIII. Los otros dos eran manuscritos misceláneos mucho más próximos cronológicamente a Muhammad al-Yayyar y a la sociedad en la que vivió.

Uno de esos volúmenes funcionaba como una herramienta profesional de un alfaquí: reunía materiales para resolver cuestiones jurídicas. El otro penetraba en terrenos diferentes y contenía poemas, sermones, tradiciones religiosas, invocaciones, magia y astronomía popular. No era, por tanto, una biblioteca formada únicamente por textos religiosos. Era también una biblioteca de trabajo.
¿Quién fue Muhammad al-Yayyar?

María Isabel Calero Secall dedicó precisamente a esta cuestión el estudio Muhammad al-Yayyar, un alfaquí a través de los manuscritos de Cútar, publicado en 2008. El interés de la investigación reside en que la biografía del personaje se reconstruye en buena medida mediante sus propios libros y los documentos conservados entre sus páginas.
Al-Yayyar aparece como alfaquí, copista y hombre instruido. Su conocimiento jurídico podía convertirlo en una referencia para resolver cuestiones relacionadas con matrimonios, herencias, propiedades, contratos o conflictos entre miembros de la comunidad.
Entre los materiales estudiados aparecen formularios notariales, cuestiones matrimoniales, problemas de herencias, aritmética y tradiciones religiosas. También hay poemas, sermones, invocaciones, hadices, textos de magia y conocimientos relacionados con la astronomía.
Matrimonios, tierras, divorcios y matemáticas

Los grandes acontecimientos de finales del siglo XV son conocidos: la incorporación de los territorios del reino nazarí a la Corona de Castilla, la toma de Granada en 1492 y el progresivo deterioro de las condiciones bajo las que las comunidades musulmanas habían permanecido en el territorio. Los documentos de Cútar permiten observar ese mundo desde abajo.
Algunas páginas recogen asuntos relacionados con repartos de tierras, matrimonios, herencias, disputas vecinales o separaciones. Junto a estos asuntos aparecen materiales matemáticos, poemas y cálculos relacionados con el calendario religioso. Los libros no hablan únicamente de gobernantes, guerras o tratados. Hablan de personas que heredaban, se casaban, se separaban, discutían por propiedades, calculaban cantidades o necesitaban determinar fechas del calendario.
Una biblioteca en una sociedad que estaba desapareciendo
El contexto histórico resulta imprescindible para entender por qué aquellos libros terminaron dentro de una pared. Cútar perteneció a la taha de Comares durante el periodo nazarí. Tras las conquistas castellanas de finales del siglo XV, la población musulmana quedó integrada en una estructura política distinta mientras intentaba conservar instituciones, prácticas religiosas y mecanismos comunitarios propios.

Al-Yayyar vivió precisamente ese proceso. Pero que los libros aparecieran emparedados no permite reconstruir con absoluta seguridad las circunstancias de su ocultación. La investigación ha relacionado plausiblemente el hecho con el clima creado por las medidas de conversión obligatoria. También se ha considerado la posibilidad de una marcha acompañada de la esperanza de recuperar posteriormente los volúmenes.
Los libros nunca fueron recuperados. La pared terminó convirtiéndose involuntariamente en un archivo.
Quinientos años de silencio
Generaciones enteras habitaron Cútar mientras los manuscritos permanecían ocultos. Cuando finalmente reaparecieron en 2003, ya no eran los instrumentos profesionales de un alfaquí sino documentos históricos capaces de aportar información sobre una sociedad desaparecida hacía siglos.
El Corán constituye la pieza visualmente más llamativa, pero los otros manuscritos resultan extraordinariamente valiosos para conocer qué consultaba un alfaquí, qué problemas llegaban hasta él, qué conocimientos consideraba útiles y qué textos circulaban en una pequeña comunidad de la Axarquía.

Después del descubrimiento comenzó un proceso interdisciplinar de conservación, estudio y digitalización en el que participaron arabistas, historiadores y restauradores. La investigación acabó dando lugar a una monografía específica sobre los manuscritos nazaríes de Cútar publicada por la Universidad de Málaga.
De hombre olvidado a personaje público
Más de veinte años después del hallazgo, Muhammad al-Yayyar regresa ahora al centro de la vida pública de Cútar. La estatua prevista para octubre de 2026 transforma en memoria visible a un hombre del que durante siglos prácticamente solo sobrevivió aquello que alguien decidió esconder.
Una biblioteca fue emparedada para mantenerla fuera de la vista. Cinco siglos después, esos mismos libros son la razón por la que conocemos a su propietario.
Y ahí reside el verdadero valor del hallazgo de Cútar: no en que unos manuscritos sobrevivieran milagrosamente dentro de una pared, sino en que permiten escuchar, con una precisión poco habitual, la actividad intelectual y los problemas cotidianos de una comunidad situada en el límite entre dos épocas.
La nueva estatua recordará a Muhammad al-Yayyar. Sus libros, sin embargo, ya habían hecho algo mucho más importante: devolverle una biografía.
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