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La copa de Ain Samiya: ¿el mapa del cosmos más antiguo de la historia?

Caos, dioses y barcas celestes: el enigma de la copa de Ain Samiya

La llamada copa de Ain Samiya, una pieza de plata de hace unos 4.000 años, podría guardar algo más que una escena decorativa: quizá estemos ante una de las primeras representaciones gráficas de la creación del cosmos en la historia de la humanidad.

Desde 1970, cuando apareció en las colinas de Judea, en la Cisjordania actual, los especialistas discutían si en su superficie se contaba un mito babilónico. Un nuevo estudio propone otra lectura: no sería un simple relato tomado de Mesopotamia, sino una antigua “teología dibujada” sobre cómo los dioses transforman el caos en orden celestial.

copa de Ain Samiya


Qué es la copa de Ain Samiya

La pieza debe su nombre a la aldea palestina cercana al lugar del hallazgo: ˁAin Samiya, en las montañas de Judea. Es un vaso de plata de unos 8 centímetros de altura, datado en torno a 2500–2000 a. C., en pleno Bronce Medio/Final antiguo del Levante meridional.

  • Material: plata, un lujo rarísimo en el sur del Levante en esa época.
  • Función: vaso/kadeh, seguramente objeto de prestigio funerario.
  • Contexto: apareció en una tumba, en un momento histórico del que casi todo lo que sabemos procede de cementerios, no de asentamientos.

La copa presenta dos frisos principales:

  1. En el primero se ve una figura híbrida humano-animal frente a una serpiente.
  2. En el segundo aparecen dos figuras antropomorfas, otra serpiente y un disco solar apoyado sobre un motivo en forma de creciente.

El original está muy dañado y fragmentado; lo que solemos ver hoy son reconstrucciones gráficas y copias modernas custodiadas, por ejemplo, en el Israel Museum de Jerusalén.

copa de Ain Samiya


Durante medio siglo: un Enuma Elish antes de tiempo

Desde que salió a la luz, la interpretación dominante fue bastante directa:
aquello tenía que ser un eco del Enuma Elish, el gran mito babilónico de la creación, donde los dioses imponen el orden sobre un caos primigenio.

El problema es cronológico:

  • La copa se fecha en torno a 2000 a. C.
  • El Enuma Elish, tal y como lo conocemos, cristaliza hacia 1200 a. C.

Es decir, la narrativa babilónica clásica es un milenio posterior al vaso. El nuevo estudio, firmado por Eberhard Zangger y su equipo y publicado en Journal of the Ancient Near Eastern Society “Ex Oriente Lux” en 2025, parte de esa disonancia: ¿qué sentido tiene leer un texto del siglo XII a. C. en una imagen de siglos anteriores?

babilónico

La respuesta de los autores es clara: la copa no ilustra un mito concreto fijado por escrito, sino una idea cosmológica más general, compartida en el antiguo Oriente Próximo.


La barca celeste: del caos al orden de los dioses

El giro de esta nueva interpretación está en un detalle que podría pasar desapercibido: la forma en creciente sobre la que se apoya el disco solar en la segunda escena.

Para la mayoría, durante décadas, aquello no era más que una luna estilizada.
Zangger y su equipo retoman un viejo motivo iconográfico: la “barca celeste”, el vehículo que transporta el Sol (y a veces la Luna) por el cielo.

Este símbolo, bien documentado en otros santuarios del Próximo Oriente y de Anatolia, suele representar una embarcación divina que recorre el firmamento. Según la nueva propuesta:

  • Ese creciente no es solo una luna: es la barca cósmica.
  • El disco solar sobre ella es el Sol en su travesía diaria.
  • La escena entera narraría el paso del caos, encarnado en el ser híbrido y la serpiente, al orden cósmico y divino, protegido por las deidades.

Los investigadores han digitalizado la superficie del vaso y reconstruido las escenas en ordenador para seguir los detalles de la composición. Su lectura general es que todo el programa iconográfico gira alrededor del viaje del Sol y de la instauración de un orden estable frente a las fuerzas caóticas.


Una pieza siria, un artista acadia y un largo viaje al sur

La plata no abunda en el Levante meridional durante el Bronce Medio. Eso lleva al equipo a plantear un escenario de larga distancia:

  • Producción probable: talleres del norte de Siria.
  • Estilo del grabador: vinculado al mundo acadio.
  • Destino final: una élite local de las montañas de Judea, conectada a redes comerciales que cruzan todo el Oriente Próximo.

En ese contexto, la copa de Ain Samiya sería:

  • La única pieza de lujo de este tipo conocida en la región para esa cronología.
  • Un objeto que certifica la integración del Levante meridional en circuitos de comercio y de ideas que iban mucho más allá de su territorio inmediato.

El estudio traza incluso una ruta comercial plausible de la plata y del propio vaso, apoyándose en paralelos metalúrgicos y estilísticos en el norte de Mesopotamia.


Ecos de Yazılıkaya y el prisma de Lidar Höyük

Para reforzar la idea de que no estamos ante un capricho aislado, los autores comparan la copa con dos conjuntos arqueológicos de Anatolia:

  1. El santuario rupestre de Yazılıkaya (actual Turquía), célebre por sus relieves hititas. En ellos Zangger había estudiado ya la presencia de motivos cosmológicos y barcas celestes, con los dioses marchando en procesión a través de un paisaje que es a la vez cielo y calendario.
  2. Un prisma de hace unos 3.800 años, procedente de Lidar Höyük, excavado en los años 80 pero casi olvidado hasta ahora. En sus caras aparecen símbolos que se parecen muchísimo a la supuesta barca celeste de la copa.

hititas

El prisma, según el estudio, reproduce la misma combinación de Sol, creciente y embarcación. Eso haría que copa y prisma fuesen, a día de hoy, las representaciones cosmológicas más antiguas conocidas en el Próximo Oriente donde se demuestra que los artesanos trabajaban ya con un repertorio visual coherente sobre el orden del universo.


Entusiasmo frente a escepticismo: el debate académico

Como suele ocurrir cada vez que alguien afirma haber encontrado “la primera vez que…”, la reacción no ha sido un aplauso unánime.

  • Susan Cohen (Montana State University), especialista en el Bronce del Levante, recuerda que la copa es una pieza prácticamente única. Sin un contexto arqueológico más amplio, cualquier lectura está condenada a moverse en el terreno de la probabilidad, nunca de la certeza.
  • Mark Smith (Princeton Theological Seminary), experto en Biblia y mitología del antiguo Oriente Próximo, admite que no le convence la vieja idea de que la escena represente el Enuma Elish, pero tampoco ve claro que deba entenderse como un relato de creación del mundo.

Smith propone una alternativa:

la iconografía podría estar más cerca de los ciclos de Baal, el dios de la tormenta, con sus combates contra monstruos y fuerzas marinas, que de una cosmogonía estricta.

En ese caso, las escenas del vaso hablarían de conflictos divinos y no tanto de la fundación del cosmos.

La objeción de fondo es metodológica:

cuando se tiene en la mano un solo objeto, sin paralelos exactos ni contexto de hallazgo bien documentado, cualquier interpretación –también la que propone Zangger– se apoya en comparaciones y analogías que siempre pueden discutirse.


hititas

¿Guía del alma hacia el cielo… o algo mucho más sencillo?

El propio equipo de Zangger sugiere, con prudencia, una posible función simbólica:

La copa habría servido para “conectar el alma del difunto con el viaje del Sol y, en última instancia, con el cielo”.

Dicho de otro modo, sería una especie de mapa ritual: el muerto se integraría en el orden cósmico que los dioses han impuesto, viajando con el Sol en su barca celeste.

Redacción

Equipo de Redacción / Notas de Prensa / Agencias
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