
El hombre quedó enterrado entre dos suelos, con la parte inferior del cuerpo bajo un hogar y una piedra introducida en la boca. Su rostro estaba tan cerca del pavimento que los investigadores relacionaron aquella disposición con el paso de las personas por la sala. No era un enterramiento corriente dentro de La Almoloya.
Un estudio publicado en 2026 por Marco Mazón Gomariz propone interpretar el tratamiento del individuo AY5 como un posible ritual destinado a someter o neutralizar a un enemigo. La hipótesis reúne el contexto arqueológico del yacimiento murciano con comparaciones procedentes de Egipto y del Próximo Oriente antiguo.
Un enterramiento bajo una sala de poder
La Almoloya se alza en un cerro de Pliego, al pie de Sierra Espuña. El asentamiento formó parte de El Argar, la sociedad de la Edad del Bronce que ocupó amplios territorios del sureste peninsular. Sus edificios, enterramientos y ajuares permiten estudiar diferencias sociales y formas de organización que fueron mucho más allá de una pequeña comunidad agrícola.
El individuo apareció en la sala H9 del complejo habitacional 1, correspondiente a una fase situada aproximadamente entre 1750 y 1550 a. C. Era una estancia con bancos y un gran hogar, interpretada por los excavadores como un espacio de importancia política. La disposición del cuerpo se comprende mejor al observar esa arquitectura y sus zonas de paso.

Qué conserva el cuerpo de AY5
Los análisis descritos en el estudio sitúan al hombre alrededor de los 40 años y estiman una estatura próxima a 1,63 metros. No llevaba ajuar y su enterramiento se apartaba del tratamiento funerario habitual documentado en el lugar. La piedra en la boca y la posición entre pavimentos son los elementos que más atención han recibido.
Los huesos no presentan lesiones que permitan establecer una muerte violenta. Eso deja abierta la cuestión de cómo murió. El tratamiento del cadáver y la causa de la muerte no son la misma evidencia: un enterramiento excepcional puede revelar una decisión tomada por los vivos sin explicar necesariamente el episodio que la precedió.
El trabajo recoge además un parentesco genético de tercer grado con otros dos individuos enterrados en La Almoloya. Es un dato importante: el hombre tenía vínculos biológicos con personas de la comunidad. La expresión «el enemigo», empleada para describir su trato, no equivale a haber demostrado que fuera un invasor extranjero.

Pisotear y silenciar: la interpretación del estudio
Mazón Gomariz compara el caso con imágenes y prácticas antiguas en las que pisotear al adversario expresaba sometimiento. En determinados contextos de Egipto y Mesopotamia, donde la religión y el poder real estaban estrechamente vinculados, dominar una representación del enemigo podía tener también una dimensión ritual: se buscaba debilitar aquello que la figura encarnaba.
La piedra introducida en la boca recibe una lectura relacionada con la supresión de la palabra y del poder del adversario. El investigador considera que ambas acciones pudieron formar parte de un mismo propósito. Su propuesta no se limita al castigo o la humillación: plantea que el cuerpo hubiera sido dispuesto para mantener bajo control una amenaza percibida.
La comparación abre una posibilidad de interpretación, pero no conserva las palabras de quienes realizaron el enterramiento. No existe un texto argárico que explique el rito ni una identificación personal de AY5. La función religiosa atribuida a la sala y el sentido preciso de la piedra siguen formando parte de la discusión sobre el conjunto.
Los otros muertos de La Almoloya
El contraste con otros enterramientos del yacimiento es muy marcado. La Almoloya ha proporcionado sepulturas acompañadas por objetos de gran valor, entre ellos una célebre diadema de plata. Ese ajuar pertenece a otro enterramiento y no debe confundirse con el del hombre situado bajo el hogar.

La diferencia ayuda a comprender por qué AY5 resulta tan singular. En una sociedad donde el tratamiento funerario podía expresar posición y pertenencia, privar de ajuar a un cuerpo y colocarlo de aquella manera parece una decisión cargada de significado. El problema arqueológico consiste en reconstruirlo sin convertir una interpretación en la biografía de una persona desconocida.
El estudio de 2026 vuelve sobre un hallazgo anterior y plantea nuevas preguntas. No anuncia el descubrimiento de un cadáver nuevo: propone leer de otra forma la relación entre el cuerpo, el hogar y la circulación por una sala central. Allí está la fuerza del caso: la arquitectura también pudo participar en el trato reservado a uno de sus muertos.
Fuentes y bibliografía
- MAZÓN GOMARIZ, Marco, «Trampling the Enemy: A Possible Magical Ritual of Annihilation in El Argar», ’Ilu. Revista de Ciencias de las Religiones, 31, 2026, e97805.
- LULL, Vicente et al., «Emblems and spaces of power during the Argaric Bronze Age at La Almoloya, Murcia», Antiquity, 95, 2021, pp. 329-348.
- CELDRÁN BELTRÁN, Eva, estudio doctoral de la arquitectura y urbanismo de La Almoloya, UAB, 2023.
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