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Encuentran una iglesia romana bajo una antigua pescadería en Italia

Una excavación en Oderzo revela una iglesia de hace 1.600 años oculta bajo la antigua pescadería

La basílica paleocristiana de Oderzo apareció bajo un suelo donde nadie esperaba encontrar una iglesia: el del antiguo mercado del pescado de la ciudad, en el Véneto italiano. Primero fue una excavación preventiva, abierta en noviembre de 2025 antes de un proyecto residencial. Después, bajo la tierra removida, surgieron teselas de colores, muros poderosos, sepulturas y una planta basilical que obligaba a mirar hacia la vieja Opitergium romana.

Fotografías del descubrimiento reproducidas por Finestre sull’Arte

La Soprintendenza Archeologia, Belle Arti e Paesaggio de Padua, Treviso y Belluno presentó en junio de 2026 los primeros resultados del hallazgo. Su interpretación preliminar es contundente: el edificio podría ser el primer lugar de culto cristiano conocido arqueológicamente en Oderzo, datado entre finales del siglo IV y el siglo V d. C. Esa fecha aún deberá confirmarse mediante análisis radiocarbónicos de los restos humanos y de los pilotes de madera hallados bajo las cimentaciones.

Oderzo no es una ciudad cualquiera. Bajo su trazado moderno duerme Opitergium, un asentamiento de origen véneto que prosperó en época romana gracias a su posición estratégica en la llanura nororiental de Italia. La ciudad quedó vinculada a la gran red de comunicaciones romanas, en especial a la Via Postumia, abierta en el siglo II a. C. para unir Génova con Aquileia. Por esa vía circularon soldados, comerciantes, magistrados, noticias y temores. La basílica encontrada bajo la ex Pescheria pertenece a ese mundo tardío en el que las viejas ciudades romanas aún respiraban, aunque el Imperio ya crujía por sus bordes.

El edificio descubierto presenta planta rectangular, tres naves y orientación aproximadamente este-oeste. Sus dimensiones conocidas alcanzan unos 23 metros de anchura y al menos 30 de longitud documentada. La fachada occidental no ha podido definirse bien, quizá porque fue destruida en época medieval por la apertura de un canal. La parte oriental, donde cabría esperar la cabecera o el ábside, tampoco está completamente excavada. Ahí empieza la prudencia: la lectura basilical es sólida, pero la investigación sigue abierta.

Fotografías del descubrimiento reproducidas por Finestre sull’Arte

Los muros de cimentación, de ladrillo y mortero, alcanzan hasta 1,20 metros de espesor. Bajo ellos aparecieron pilotes de madera clavados en el terreno aluvial para sostener la construcción. El dato es hermoso y áspero a la vez: una iglesia cristiana, con su pavimento de símbolos y su orden litúrgico, descansaba sobre madera hundida en el barro. La arquitectura de la fe se sujetaba en una ingeniería de agua, arcilla y paciencia.

Lo más visible del hallazgo son sus mosaicos policromos. Se conservan sobre todo en la nave meridional y parte de la nave central. El repertorio decorativo incluye octógonos, trenzas, círculos enlazados, hojas de acanto, hiedra, peltas, rombos y cruces inscritas. Uno de los paneles más complejos presenta un gran octógono central rodeado por motivos geométricos de gran precisión. Algunos medios especializados han identificado en esa composición un posible nudo de Salomón, aunque conviene esperar a la publicación técnica definitiva antes de fijar esa lectura.

En una basílica tardoantigua, el suelo ordenaba el espacio, guiaba el movimiento y envolvía al fiel en una gramática visual de formas repetidas. Cada octógono, cada cruz y cada hoja formaban parte de una escenografía sagrada. La comparación estilística con otros conjuntos del norte de Italia ha llevado a proponer una datación entre finales del siglo IV y el siglo V, en un horizonte próximo al de grandes centros cristianos del Adriático como Aquileia y Concordia Sagittaria.

Pero la basílica no apareció sola. Junto al muro sur, entre los contrafuertes exteriores, los arqueólogos localizaron cuatro sepulturas de inhumación. Tres de ellas son tumbas dobles, llamadas bisomas. En total, los restos pertenecen a siete individuos. Ninguna sepultura contenía ajuar funerario.

Fotografías del descubrimiento reproducidas por Finestre sull’Arte

Ese silencio material es uno de los puntos más inquietantes del hallazgo. Las tumbas dobles invitan a imaginar parentescos, epidemias, muertes violentas, clérigos o personajes privilegiados. Por ahora, nada de eso puede afirmarse. Lo único seguro es la presencia de los cuerpos, su proximidad al edificio y la ausencia de objetos. La antropología física y el radiocarbono tendrán que decir si esas sepulturas pertenecen a la fase inicial de la basílica, a un uso posterior o a una larga memoria funeraria del lugar.

El descubrimiento de Oderzo encaja en una geografía cristiana más amplia. Aquileia, con sus célebres mosaicos paleocristianos, fue uno de los grandes focos religiosos del norte adriático. Concordia Sagittaria ofrece también paralelos de basílicas, pavimentos musivos y espacios funerarios. Oderzo, en cambio, aporta otra escala: la de una ciudad romana interior, marcada por caminos, aguas y fronteras, donde el cristianismo dejó una huella monumental fuera del antiguo perímetro urbano.


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Redacción

Equipo de Redacción / Notas de Prensa / Agencias

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