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La Paiva, la última cortesana

Su nombre era Esther Lachmann y fue la "cortesana" más famosa del siglo XIX

Esther Lachmann, más conocida como “La Paiva”, nacio un 7 de mayo de 1819 en un modesto hogar moscovita. Llegó a ser la cortesana francesa más famosa del siglo XIX. Coleccionista de arte y joyas, mecenas de la arquitectura, decenas de cronistas hablaron sobre su vida, la prensa de varios países, e incluso famosos escritores.

El conde Horace de Viel-Castel, uno de los principales cronistas de la aristocracia parisina, la llamó “la reina de las protitutas, soberana de su raza”.

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La Paiva

¿Cómo llegó a convertirse una jovencita y humilde rusa en una de las mujeres más infames de Francia?

Nacida en Moscú, Esther Lachmann, era hija de Anna Amalie Klein y Martin Lachmann, judíos descendientes de polacos que regentaban una sastrería. El 11 de agosto de 1836, a los 17 años, Lachmann se casa con Antoine François Hyacinthe Villoing, también sastre con el tuvo un hijo, Antoine (1837-1862).

Lachmann dejó a Villoing poco después del nacimiento de su hijo, y después de pasar por Berlín, Viena y Estambul, se afincó en París, cerca de la Iglesia Saint-Paul-Saint-Louis asumiendo el nombre de Teresa.

Alrededor de 1840 se convirtió en la amante de Henri Herz (1803-1888), famoso y rico fabricante de pianos —además de músico y compositor—, que conoció en uno de sus viajes, en un balneario de Alemania. La relación encajó bien entre la sociedad artística, aunque no en la aristocrática. Richard Wagner, Hans von Bülow, Théophile Gautier y Emile de Girardin eran todos amigos de la pareja. Aunque Herz solía presentar a Lachmann como su esposa, y se la llamaba comúnmente “Madame Herz”, la pareja nunca se llegó a casar, ya que ella tenía marido. Tuvieron una hija, Henriette (hacia 1847-1859), que fue criada por los padres de Herz.

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Henri Herz a mediados de los años 30 del siglo XIX

La despilfarrante forma de vida de Lachmann hizo mella en las finanzas de Herz, y en 1848, el propio pianista tuvo que viajar a Estados Unidos para buscar oportunidades de negocio, venta de pianos y conciertos. Mientras estaba en el extranjero, los gastos de Lachmann continuaron, y la familia de Herz la echó de su casa de malas formas.

Lachmann, repudiada por los Herz, se quedó en la indigencia, hasta que una de sus amigas, la cortesana Esther Guimond, le propuso una solución. La llevó a una modista (Camille), allí hablaron sobre el negocio de las cortesanas y le dijo en qué lugar se podía empezar en el mundillo y acceder a una buena fortuna, un lugar en Inglaterra en donde se reunían nobles extraños que buscaban mujeres hermosas, las tarifas ya estaban fijadas entre 40.000 y 50.000 £ al año.

Con ropa prestada de su amiga, Lachmann partió en busca de fortuna, aquel lugar era el Teatro y alrededores de Covent Garden, en Londres. Su primera conquista británica fue Edward Stanley, segundo barón Stanley de Alderley, del que fue su amante durante un tiempo.

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Lord Stanley of Alderley, 1856

Su relación con Lord Stanley fue seguida por otras “amistades remuneradas” con aristócratas, nobles, políticos y empresarios. Una de sus conquistas más sonadas, tras Stanley, fue el banquero Adolphe Gaiffe, al que le exigió veinte billetes de mil francos, que, según ella estipuló, debía quemar uno por uno durante los 30 minutos que había contratado para hacer el amor. El banquero, inteligente, decidió sustituir los billetes por unos falsos. Aun así, la visión de su incineración fue tan desconcertante que el hombre no pudo cumplir en la cita.

A finales de la década de 1840, en el balneario de Baden, Lachmann conoció a Albino Francisco de Araújo de Paiva (1824-1873), heredero de dos importantes fortunas de Macao, basadas en parte, en el comercio del opio. Aunque a veces se le llamaba marqués o vizconde, Araújo ni era aristócrata ni tenía título. Es posible que el “título” de Araújo proviniera del rumor (extendido por él mismo, según se cree) de que estaba relacionado con el vizconde de Paiva, el embajador portugués en París en la década de 1850; sin embargo, era falso.

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Albino Francisco de Araújo de Paiva

Dos años después de la muerte del primer marido de Lachmann, ya libre de ataduras administrativas, se casó con su rico pretendiente portugués. La boda fue un 5 de junio de 1851, en una iglesia en Passy; el escritor Théophile Gautier fue uno de los testigos. Sin embargo, al día siguiente de la boda, según las memorias del conde Horace de Viel-Castel, la ahora Madame de Paiva le entregó a su marido una carta que ponía fin al matrimonio:

Has obtenido el objeto de tu deseo y has logrado convertirme en tu esposa.

Yo, por otro lado, he adquirido tu nombre, y podemos llorar porque hemos actuado honestamente y sin disfraz, y he ganado la posición que aspiraba, pero en cuanto a ti, Monsieur de Paiva, tienes que cargar con una esposa de la peor reputación, a la que no puedes presentar en ninguna sociedad, porque nadie la recibirá. Partámos, tu vuelve a tu país, yo tengo tu nombre, y me quedaré donde estoy.

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La Pa•iva

Le dejó 40,000 libras, así como todos los muebles de su casa en la rue Rossini, y Araújo se retiró a Portugal. A partir de entonces se la empezó a conocer como “La Paiva”, era finales de 1851.

El “braguetazo” de La Paiva

En 1852 se cruzó en su vida el industrial prusiano de 22 años y magnate minero Guido Henckel von Donnersmarck. Se conocieron en una fiesta ofrecida por el consulado prusiano en París, y según el conde Viel-Castel, ella lo persiguió por toda Europa, fingiendo encuentros casuales con él, logrando estar en la misma ciudad al mismo tiempo y en los mismos eventos sociales. El joven Reichsgraf quedó prendado y, al volver a encontrarse con ella en Berlín, le propuso a La Paiva ser su amante y, poco después, declaró que, si ella aceptaba ser su esposa, compartiría toda su fortuna. Se dice que La Paiva, que anhelaba riquezas más que nada, dijo, tras lograr esta “caza”:

¡Todos mis deseos han venido a mis pies, como perros domesticados!”

Guido Henckel von Donnersmarck

El 16 de agosto de 1871, La Paiva obtuvo una anulación de su matrimonio con Araújo de Paiva, y dos meses después, el 28 de octubre, Thérèse Lachmann (el nuevo nombre que utilizó en el certificado de matrimonio) se casó con Guido Georg Friedrich Erdmann Heinrich Adalbert, Conde Henckel von Donnersmark, en la Iglesia Luterana en París.

El regalo del novio a la novia fue un collar de diamantes de triple hebra que perteneció a la emperatriz francesa depuesta, Eugenia de Montijo. En cuanto al ex esposo de La Paiva, se suicidó arruinado, sumido en deudas de juego, el año siguiente.

La mecenas de la arquitectura

Además de comprar el Château de Pontchartrain, cerca de París, para La Paiva y darle una anualidad de 80,000 libras, Henckel von Donnersmarck financió la construcción de una de las mansiones más ostentosas de París: el Hôtel de la Païva, ubicado en 25 avenue des Champs-Élysées.

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Château de Pontchartrain

Los terrenos fueron adquiridos el 11 de julio de 1855, y la pareja encargó al arquitecto Pierre Manguin el diseño de la casa, que fue terminada en 1866 por el arquitecto Henri Lefeul. Entre los artesanos que participaron en su decoración estaba el joven Auguste Rodin, que en ese momento trabajaba para el escultor Albert Carrier-Belleuse. Entre las características célebres de la mansión se encuentra una escalera central hecha de mármol amarillo argelino, que combinaba con los diamantes amarillos de Donnersmarck y una tina de la misma piedra del norte de África; otra bañera, hecha de plata, tenía tres grifos, uno de agua, otro para leche y otro para champán.

La Paiva “reinó” durante años como una popular anfitriona conocida por sus lujosas recepciones, tés, cenas y coloquios frecuentados en su mayoría por reconocidos escritores masculinos, como Gustave Flaubert, Émile Zola, Paul de Saint-Victor, Arsène Houssaye y otros, incluido el pintor Eugène Delacroix. Sus fiestas eran tan ostentosas que los invitados solían discutir cuánto podrían costar. Uno postuló 10 millones de francos al año en fiestas, en los cuales comentó La Paiva: «¿Diez millones? ¿Crees que podría darte melocotones y uvas maduras en enero por ese dinero?»

La pareja también encargó, en la década de 1870, una casa de campo conocida como Schloss Neudeck; el arquitecto fue Hector Lefeul, el que había rematado el Hôtel de Paiva en París. Situado en las fincas de la pareja en la Alta Silesia, el Schloss Neudeck fue demolido en 1961.

Apariencia

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La Paiva en 1860

A mediados del siglo XIX, la edad había erosionado los encantos físicos de La Paiva, y el conde Viel-Castel señaló en 1857 que “tiene al menos cuarenta años, está pintada y empolvada como un viejo equilibrista”

Una década más tarde, los hermanos Goncourt, cronistas del Segundo Imperio, ofrecieron un retrato más completo de La Paiva, entonces cercana a los 50 años de edad:

Piel blanca, buenos brazos, hermosos hombros, desnudos hasta las caderas, el pelo rojizo debajo de los brazos que muestra cada vez que se ajusta los tirantes (…) la boca una línea recta cortando una cara completamente blanca de polvo de arroz.

Arrugas que, bajo la luz, se ven negras en la cara blanca, y hacia abajo desde cada lado de la boca un pliegue en forma de herradura debajo. En la superficie, el rostro es el de una cortesana que no será demasiado mayor para su profesión cuando tenga cien años, pero por debajo, de vez en cuando se ve la cara terrible de un cadáver pintado”

Muerte

Esther Lachmann, condesa Henckel von Donnersmarck, murió el 21 de enero de 1884, a los 64 años, en Schloss Neudeck.

Según la leyenda popular, el esposo de La Paiva conservó su cuerpo en fluido de embalsamamiento y lo guardó en el ático. Según los cronistas, el cuerpo de La Pavia sería descubierto por la segunda esposa del conde, Katharina Slepzóv, con quien se casó en 1887.

Katharina von Henckel, su segunda esposa

Miguel Ángel Ferreiro

Militar de carrera, Historiador del Arte (UNED) e investigador. Entre África y Europa, como el Mediterráneo.

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