Pedro el Grande y el impuesto por barba

a veces las decisiones para "modernizar" una nación pasan por curiosos métodos

Entre 1697 y 1698, el zar Pedro I, llamado “el Grande” viajó por Europa de incógnito en medio de una embajada rusa haciéndosa pasar por suboficial ruso –Sargento Piotr Mikhaylov. En su viaje observó las costumbres, cultura y técnicas de construcción naval (la tecnología) de occidente… y una cosa le quedó clara: había que afeitarse.

Una de las conclusiones que el zar Pedro sacó de su viaje había sido que, la barba, estaba considerada por los europeos como una muestra de falta de civilización y un símbolo de la Rusia más cerrada y bárbara (sirva la palabra bárbara como redundancia léxica), y notó que las barbas rusas eran objeto de burla en occidente.

Grabado de Pedro I en un libro de mediados del silo XIX
Grabado de Pedro I en un libro de mediados del silo XIX

Antes de Pedro I, Rusia no tenía una marina y apenas tenía conexión con Europa. Era un país enorme, pero en un momento en que todas las potencias exploraban y colonizaban el mundo con su tecnología naval, ellos se quedaban atrás. Eso fue lo que le llevó a realizar ese viaje, quería aprender de los éxitos de las naciones occidentales.

La Gran Embajada, en la que viajó, estaba formada por 250 personas, entre ellas algunos embajadores de alto rango. Según se cuenta pasó cuatro meses trabajando en un astillero de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, donde pudo aprender sobre las innovaciones de la construcción naval.

Tras eso, estuvo en Gran Bretaña, donde continuó su estudio de la ingeniería naval, trabajando con sus propias manos en el astillero de Deptford, de la Royal Navy. Visitó fábricas, museos, el parlamento y alguna academia militar. No le debió de convencer mucho la marina inglesa puesto que, en 1719, enviaría a sus primeros guardiamarinas a estudiar a Cádiz, para aprender de la mejor Armada que existía.

Pedro I en la estatua realizada por Zurab Tsereteli (detalle)
Pedro I en la estatua realizada por Zurab Tsereteli (detalle)

Cuando volvió de su tour, el zar inició un ambicioso proyecto de modernización de Rusia para estar a la par, o incluso competir con las superpotencias europeas.

Entre sus reformas, abolió el calendario tradicional de Rusia (que comenzaba el 1 de septiembre, día de la creación del mundo para ellos), permitió que las mujeres dejasen de cubrir su rostro (tenían costumbres musulmanas, según Charles Romey, heredadas de Turquía) y que hicieran vida social, cambió por completo el ejército y trató de hacer que los rusos se afeitasen la barba, como los europeos occidentales “modernos” que había conocido en su gira.

En una recepción celebrada en su honor tras su vuelta en la que estaban presente su Estado Mayor y una multitud de ministros y diplomáticos, de repente, Pedro sacó inesperadamente un estuche con kit de barbero (tijeras y navaja). Había aprendido en su viaje, trabajando en los astilleros, que la mejor de manera de hacer algo era hacerlo uno mismo, por eso procedió a afeitar personalmente una por una las barbas de sus horrorizados invitados.

“Pedro sacó inesperadamente un estuche con kit de barbero (tijeras y navaja). (…)” grabado de la época

Declaró que todos los hombres de Rusia tenían que quitarse la barba, una política masivamente impopular que tuvo que matizar. Imaginaos a aquellos ancianos barbudos de la iglesia ortodoxa rusa que decían que ir sin vello facial era blasfemia.

Monjes ortodoxos rusos (siglo XIX)
Monjes ortodoxos rusos (siglo XIX)

Finalmente, y dándose cuenta de que podia ganar dinero para el estado y al mismo tiempo dar una opción para que la gente se dejase la barba, instauró un impuesto sobre la barba.

“para la nobleza y los comerciantes, el impuesto no será mayor a 100 rublos por año; para los plebeyos 1 kopek. A los que paguen el impuesto se dará una ficha que certifique, de plata para la nobleza y cobre para los plebeyos “

Esta “ficha de barba”, que se recaudaba por el año en curso, tenía inscritas dos frases, además de los dibujos que pueden ver en la imagen: «el impuesto de barba ha sido recaudado» y «la barba es una carga superflua»

¿Qué ocurría si no pagabas? Pues según se cuenta todo súbdito del Zar –que llevara barba– estaba obligado a presentar, a requerimiento de la autoridad, la “ficha de barba”. Si no podía enseñar la ficha, se le conducía de inmediato a la cárcel, se le interrogaba y se le condenaba a pagar una fuerte multa, aunque en caso de insolvencia siempre se podía permutar la multa por una respetable tanda de palos.

Pedro I no fue el único monarca que gravó la barba (Enrique VIII ya lo había hecho en 1535)  el impuesto sobre la barba del zar se ha convertido en uno de los momentos más extravagantes de la historia.

Fuentes:

  • Calderón, Alfonso (1999) “1900”
  • Farquhar, Michael (2007) “Las cloacas de la historia”
  • Romery, Charles (1858) “La Rusia antigua y moderna, Volumen 1”
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Miguel Ángel Ferreiro

Militar de carrera, Historiador del Arte (UNED) e investigador. Entre África y Europa, como el Mediterráneo.

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