Una obra de carretera en Ponso, al sur de Padua, ha sacado a la luz un santuario que obliga a mirar más allá de Roma. Bajo el trazado de la variante de la carretera regional 10 han aparecido estructuras de culto, basas de columnas y estelas con inscripciones en lengua véneta.
El conocido ya como “santuario véneto de Ponso” ya estaba activo antes de la conquista romana y siguió teniendo importancia después.

El hallazgo no es una ruina aislada. Las piezas recuperadas pertenecen a una zona ritual organizada, vinculada a las comunidades que habitaban la llanura del Véneto en época prerromana. En ellas queda una voz difícil de escuchar: la de los vénetos antiguos, un pueblo itálico que compartió territorio y contactos con otros grupos de la península, pero conservó su propia lengua y sus propias formas de expresión.
Las inscripciones antes de la latinización
Las estelas y cipos inscritos son el núcleo más singular del descubrimiento. Además; su presencia en un espacio de culto sugiere ofrendas, conmemoraciones o fórmulas religiosas. La escritura véneta empleaba un alfabeto emparentado con modelos itálicos y griegos, pero registraba una lengua distinta del latín. Cada inscripción amplía un corpus todavía limitado.
Los arqueólogos han anunciado al menos una docena de piezas de este tipo. Será necesario leerlas con cuidado, comparar la forma de las letras y estudiar su posición exacta en el yacimiento. Esos detalles pueden ayudar a saber si los textos nombran a donantes, divinidades, grupos familiares o prácticas rituales. Antes de publicar traducciones espectaculares, la epigrafía necesita tiempo.

Un lugar de culto en plena llanura
La vista del conjunto confirma que el santuario ocupaba un espacio definido, no un depósito casual de materiales. Han aparecido pavimentos, alineaciones constructivas y elementos arquitectónicos que hablan de un lugar visitado y transformado en distintas fases. El proyecto de obra pública ha permitido excavar una zona que, sin esa intervención, quizá habría permanecido desconocida bajo los campos.
El Véneto prerromano fue una región de paso entre el Adriático, el valle del Po y los Alpes. Esa posición favoreció intercambios de objetos, técnicas y alfabetos. Ponso encaja en ese mundo conectado, aunque su interés precisamente reside en no reducirlo a una antesala inevitable de Roma.
Los vénetos tuvieron sus propias redes y un calendario religioso que ahora empieza a dejar rastros materiales.

Roma llegó, pero el santuario no desapareció
La autoridad patrimonial italiana ha subrayado que el área siguió siendo significativa en época romana. Es un dato importante: la romanización no consistió siempre en borrar los lugares anteriores. En muchos casos, Roma reorganizó territorios y administraciones mientras santuarios locales, cultos y memorias comunitarias continuaban activos, aunque adaptados a nuevas formas de poder.
En Ponso, esa continuidad todavía tendrá que demostrarse estrato a estrato.
Las cerámicas, monedas y técnicas constructivas permitirán fijar las fases del sitio. Por ahora, el yacimiento invita a formular una pregunta más fértil que la de una sustitución inmediata: cómo convivieron las tradiciones vénetas con el orden romano en una comunidad de la Italia septentrional.

Un descubrimiento que devuelve nombre a un pueblo
Las grandes narraciones de la Antigüedad suelen concentrarse en griegos, etruscos y romanos… incluso los romanos tratarón de ocultar la historia de los otros pueblos itálicos en su beneficio, como si ellos hubieran sido el único pueblo. Por eso, los vénetos quedan con frecuencia en los márgenes, pese a que sus inscripciones y necrópolis muestran una sociedad compleja. Un santuario con textos propios permite acercarse a esa diversidad sin convertirla en una nota al pie de la historia romana.
La continuidad del lugar no implica que el rito permaneciera idéntico. Las basas, las estelas y la escritura pertenecen a fases que deben distinguirse antes de hablar de una sola tradición. El santuario véneto de Ponso permite observar precisamente esa negociación entre memoria local y nuevos marcos políticos. La sección de Edad Antigua reúne otros casos en los que la incorporación a Roma transformó un paisaje sin borrarlo de inmediato.
La excavación de Ponso acaba de empezar a ofrecer sus resultados. De momento, las piedras hablan de un lugar sagrado, de una lengua distinta y de una larga duración que atraviesa la llegada de Roma. Cuando los estudios concluyan, quizá podamos saber a quién se dirigían aquellas inscripciones.
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