
Una piedra encontrada entre la vegetación de un jardín de Nueva Orleans llevaba el nombre de un marinero romano muerto hacía casi dos mil años. La inscripción permitió identificarlo, localizar la colección italiana a la que pertenecía y devolver la pieza a su museo.
El protagonista es Sextus Congenius Verus, un hombre de la flota de Miseno cuya lápida vuelve a formar parte del Museo Arqueológico Nacional de Civitavecchia. El centro reabrió sus salas el 25 de septiembre de 2026 tras renovar su exposición.
Un hallazgo al arreglar el jardín
En la primavera de 2025, Daniella Santoro y Aaron Lorenz encontraron la losa mientras trabajaban en el patio de su casa. Santoro, antropóloga de la Universidad de Tulane, consultó a su colega Susann Lusnia, especialista en arqueología clásica.
Las letras permitían reconocer una inscripción funeraria latina. Lusnia rastreó su documentación y la relacionó con una pieza que había desaparecido de Civitavecchia durante la Segunda Guerra Mundial. La investigación convirtió una piedra fuera de lugar en un objeto con nombre y procedencia.

Veintidós años de servicio en la flota
El epitafio conserva una pequeña biografía. Sextus Congenius Verus murió a los 42 años, después de 22 años de servicio. Pertenecía a los besos, una población de Tracia, y sirvió en la flota pretoriana de Miseno, sobre una trirreme llamada Asclepius.
Dos hombres, Atilius Carus y Vettius Longinus, figuran como sus herederos y responsables del monumento. La inscripción mantiene su relación con el difunto y la voluntad de dedicarle un recuerdo duradero.
Este tipo de textos permite observar la diversidad de quienes servían en la marina imperial romana. Nombres, lugares de origen, años de servicio y embarcaciones aportan información difícil de encontrar en relatos centrados en emperadores y grandes campañas.
Del puerto romano a un museo bombardeado
La lápida apareció en el siglo XIX en el entorno funerario de Centumcellae, la ciudad portuaria que corresponde a la actual Civitavecchia. El puerto conectaba el litoral tirreno con las redes de navegación y abastecimiento del Imperio.

Su incorporación a la colección local quedó documentada antes de la destrucción del museo durante la Segunda Guerra Mundial. La losa desapareció entonces de las salas y terminó en Estados Unidos. La trayectoria moderna del objeto se ha reconstruido a través de la documentación reunida durante su devolución.
La identificación que hizo posible el regreso
La colaboración de la Universidad de Tulane con las autoridades estadounidenses e italianas permitió organizar la restitución. El museo recibió la pieza, la limpió y preparó su instalación dentro del nuevo recorrido.
Los inventarios, fotografías y transcripciones fueron esenciales para reconocerla. Es el mismo valor que tiene la documentación de las colecciones ante una pérdida patrimonial: conservar la identidad de una pieza hace posible buscarla y relacionarla con su lugar de custodia.
Sextus vuelve a Civitavecchia
La nueva exposición sitúa el epitafio dentro de la historia del puerto y su territorio. El visitante puede leer de nuevo la edad, el servicio naval y el nombre del barco, ahora junto a otros testimonios de la antigua Centumcellae.
La inscripción fue concebida para que Sextus no quedara olvidado. Sus letras terminaron cumpliendo otra función: permitieron reconocer la piedra cuando había cruzado el Atlántico y devolverla al lugar donde su historia podía explicarse.

Fuentes y bibliografía
Universidad de Tulane, investigación y devolución de la lápida de Sextus Congenius Verus, 2026; Departamento de Estudios Clásicos, documentación y noticias sobre su identificación.
Ministerio de Cultura de Italia, reapertura del Museo Arqueológico Nacional de Civitavecchia, 24 de septiembre de 2026. ANSA, restitución de la pieza, 31 de julio de 2026.
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