Hatshepsut, la reina faraón

Hatshepsut (1473-1458 a.C.) fue una de las pocas mujeres que reinó con plenos poderes en el Antiguo Egipto. El origen de este poder procedía de la minoría de edad de su hijastro y sobrino, Tutmosis III (1479-1425), que en el momento de ser coronado tras la muerte de su padre, el faraón Tutmosis II (1492-1479), aun era un niño muy pequeño.

Estatua efinge de Hatshepsut. Fue la primera mujer de la Historia egipcia en ser representada como esfinge.

Aunque durante los primeros años ejerció únicamente como reina regente, en torno al año 1473 a.C. se proclamó reina faraón de Egipto con el nombre de Maatkare. Para legitimar su reinado y la presencia de una mujer en el trono, Hatshepsut hizo hincapié en su linaje divino y terrenal, manifestando que era hija tanto del dios Amón como del faraón Tutmosis I.

Tradicionalmente, en el Antiguo Egipto los faraones debían ser hombres que debían reinar con el estrecho apoyo de las mujeres que ocuparan el cargo de reinas, ya que juntos formaban una pareja que representaba el mantenimiento del orden y el equilibrio del universo en todos los ritos celebrados. Por este motivo, Hatshepsut en su reinado no pudo nunca casarse, para que así un hombre no tuviera que hacer las funciones simbólicas del rol femenino en los ritos.

A nivel artístico, la transformación de Hatshepsut desde su posición inicial de esposa de Tutmosis II hasta la de regente y finalmente la de reina faraón no fue nada sencilla para los artistas de la corte, puesto que tenían que justificar porque una mujer estaba ostentando un puesto que siempre había sido ocupado por hombres.

Estado actual de una estatua de Hatshepsut con rasgos masculinos

A medida que fue aumentando su poder, su imagen pasó de ser la de una mujer con títulos masculinos a un hombre sin ningún atisbo de rasgos femeninos, mostrando su control absoluto sobre los recursos del Estado. Aun así, en todo momento actúo con gran deferencia hacia aquel cuyo trono estaba guardando, pues en todos los monumentos siempre aparece acompañada de la figura real de Tutmosis III.

El templo funerario de Hatshepsut

El simple hecho de ser una mujer no paró a Hatshepsut a la hora de llevar a cabo un ambicioso programa constructivo que superó al de muchos de sus predecesores y que incluyó Hieracómpolis, Armant, Elefantina, Nubia, Menfis, Tebas…

Precisamente, una de las principales fuentes de conocimiento del reinado de Hatshepsut es su templo funerario de Deir el-Bahari (conocido en su época como djeser djeseru, “sagrado de sagrados”), uno de los más famosos de todo el antiguo Egipto, tanto por su buen estado de conservación como por su gran riqueza material.

El templo funerario de Hatshepsut visto desde el aire

Este templo de caliza, situado en la montaña sagrada de la diosa Hathor en Tebas, tomó como modelo el complejo arquitectónico de Mentuhotep II, situado al lado y organizado también en terrazas. Se accedía a él a través de un templo bajo con un jardín y estanques rituales. A continuación, una calzada con una avenida de estatuas de esfinges conducía a la terraza inferior, en cuyo final se encontraba el primer pórtico decorado con dos obeliscos dedicados a Amón y a la caza.

Después, una rampa permitía acceder a una terraza media rematada por otro pórtico decorado con relieves donde se encuentran representados los hechos más importantes del reinado de Hatshepsut. Asimismo, en los dos extremos norte encontramos dos magistrales obras: una capilla dedicada a Anubis que aún conserva parte de su policromía original a la derecha, y una capilla dedicada a Hathor que cuenta con una sala hipóstila de doce columnas a la izquierda.

Los templos de Deir el-Bahari vistos desde el aire

En tercer lugar, una nueva rampa conduce al patio superior, rodeado de columnas y presidido por veinticuatro estatuas osiríacas adosadas a los pilares. En estas estatuas, originalmente pintadas de azul y rojo, se muestra a Hatshepsut con un rostro idealizado e identificada con el dios Osiris.

Contactos con el exterior

Se suele considerar que el reinado de Hatshepsut, en contraposición con el futuro reinado de Tutmosis III, es relativamente pacífico, puesto que no hay ninguna fuente que hable de una gran expedición militar a Nubia o a la franja siropalestina.

Por un lado, hubo algunas pequeñas incursiones militares en Nubia para ocuparse de alzamientos locales, pero el sistema del virreinato que funcionaba por entonces siguió funcionando con total normalidad. Los hombres que ejercían de virrey no solo gobernaban Nubia en nombre del soberano egipcio, sino que supervisaban los proyectos de construcción y la entrega de los productos que Egipto explotaba en la región.

Decoraciones del interior del templo de Hatshepsut con la policromía original

Por otro lado, el contacto con la costa de Siria y Palestina nunca se interrumpió, y los egipcios siempre estuvieron allí por su interés en la importancia del tráfico comercial de la zona, centro del comercio entre las civilizaciones mediterráneas y próximo orientales.

Sin duda, el logro en política exterior del que la reina faraón Hatshepsut más se sintió orgullosa fue la exitosa expedición comercial al país de Punt, que en la actualidad se calcula que estaría en torno a las tierras de Eritrea y las costas de Yemen. Este viaje fue promocionado en Egipto como un importantísimo acontecimiento diplomático, y así fue reflejado en los relieves que decoran el pórtico sur de la segunda terraza del templo de Deir el-Bahari.

En la actualidad todavía no está aclarado como pudo ser realmente esta expedición al Punt, pero es seguro que después de ella se inauguró una red comercial que llegaba a Egipto a través de Nubia. Esta red nutría a los templos egipcios de productos exóticos como el oro, las pieles de leopardo, los colmillos de marfil, o los árboles de incienso.

El final de su reinado

La reina faraón Hatshepsut desapareció abruptamente de todas las fuentes de conocimiento en el año 1458/1457 a.C. La explicación más sencilla pasa porque muriera de causas naturales y dejara el trono en solitario para Tutmosis III. Fue enterrada en una tumba en el Valle de los Reyes justo a espaldas de su templo de Deir el-Bahari y dotada de dos sarcófagos, uno para su padre y otro para ella.

Estatua de Hatshepsut con la caracterización de un faraón

Gracias a los estudios que se han realizado en los últimos años sobre su momia (la cual no se halló en sus sarcófagos, sino en la tumba de su nodriza), se ha podido determinar que Hatshepsut murió probablemente de un cáncer, con un notable sobrepeso y con su dentadura en bastante mal estado.

Uno de los aspectos más curiosos del final de su reinado reside en el ataque que sus construcciones sufrieron muchos años después de su muerte. Estos actos, que buscaban dañar su memoria histórica, tuvieron éxito, ya que Hatshepsut fue totalmente olvidada por los egipcios y por los historiadores hasta su redescubrimiento a finales del siglo XIX.

Bibliografía

LAPORTA, V. (2014): “Formas arquetípicas. La reina egipcia durante la Dinastía XVIII (Reino Nuevo): Ahmosis-Nefertari y Hatshepsut”, en Revista Mundo Antiguo, año III, vol. 3, nº 6.
SHAW, I. (2014): Historia del Antiguo Egipto. La esfera de Libros. Madrid.
WILDUNG, D. (2004): Egipto. De la prehistoria a los romanos. Taschen. Madrid.
AUTORES, VARIOS (2013): Egipto. National Geographic. RBA. Barcelona.

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Herodoto de Halicarnaso

Licenciado en Historia por la Universidad de La Laguna (Tenerife), apasionado de la lectura, el cine y las series.

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