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El español que capturó 150 alemanes en la Primera Guerra Mundial

España fue neutral, pero un español llegó a capitán en la Legión Extranjera francesa, ganó la Legión de Honor y capturó 150 alemanes en una acción casi olvidada.

Abril de 1917. Frente occidental. La tierra francesa, castigada por los obuses, no parecía tierra: era una pasta oscura donde se mezclaban astillas, hierro, sangre seca y agua podrida. Allí, en un sector de guerra que España contemplaba desde la neutralidad oficial, un sargento español se puso al frente de 17 legionarios y avanzó hacia una posición alemana.

Se llamaba José Martínez.

La escena parece arrancada de una novela militar: un puñado de hombres, una orden breve, una línea enemiga y una rendición inesperada. Según Alejandro Acosta López, aquella acción del 21 de abril de 1917 terminó con unos 150 prisioneros alemanes capturados y con Martínez herido durante la operación. La hazaña le valió la Legión de Honor francesa.

España fue neutral, pero José Martínez no

España no declaró la guerra en 1914. El Gobierno mantuvo al país fuera del choque entre la Entente y los Imperios Centrales. En los mapas diplomáticos, España era una nación neutral; en la prensa, en los cafés, en los ateneos y en los círculos intelectuales, la guerra ardía de otra manera.

Carolina García Sanz ha subrayado que la neutralidad española no debe entenderse como una simple ausencia, sino como una política exterior entrelazada con posiciones sociales y culturales dentro de un país fuertemente polarizado. La guerra obligó a los españoles a pensarse dentro de un mundo en llamas, aunque el Ejército español no cruzara los Pirineos.

Voluntarios españoles de la Legión Extranjera francesa reunidos en Froissy, Somme, el 2 de enero de 1917. Imagen del ECPAD tomada por Jacques Ridel.

Ese fue el paisaje moral de José Martínez, español, con expediente en Léonore, identificado en la base de la Légion d’honneur como nacido el 28 de enero de 1887 en Vitoria, con el expediente cote 19800035/652/75110 y notice 252013.

Un país quieto en la frontera y un hombre español combatiendo bajo uniforme francés. La paradoja no era pequeña.

La Legión Extranjera francesa permitió que hombres de países neutrales, emigrantes, huidos, idealistas o simples supervivientes entrasen en la maquinaria militar francesa. Entre ellos hubo españoles. No fueron una fantasía aliadófila ni una nota pintoresca.

En la España neutral de 1914-1918, la presencia de españoles alistados en la Legión Extranjera francesa alimentó el conflicto periodístico entre aliadófilos y germanófilos.

Para unos, aquellos voluntarios eran la prueba de una España moralmente cercana a Francia. Para otros, eran descarriados, incautos o peones de propaganda extranjera.

Para el frente, eran soldados.

Voluntarios españoles de la Legión Extranjera francesa reunidos en Froissy, Somme, el 2 de enero de 1917. Imagen del ECPAD tomada por Jacques Ridel.

El sargento español que salió con 17 legionarios

El 21 de abril de 1917, en Aubérive, la ofensiva ya era pelea a dentelladas por pasillos de tierra. Se tomaba un tramo de trinchera, se perdía otro, se lanzaban granadas contra una esquina, se entraba en un abrigo, se sacaba a los vivos, se contaban los muertos si había tiempo. Casi nunca lo había. Allí combatía el Regimiento de Marcha de la Legión Extranjera. Entre sus cuadros de mando iba José Martínez.

El RMLE llevaba días atacando entre el Bois en T, el Bois de la Sapinière, Le Golfe y Vaudesincourt. Sobre el mapa, eran nombres. En la tierra, eran trampas: trincheras rotas, zanjas, alambradas, refugios alemanes y ametralladoras ocultas. Las compañías avanzaban descompuestas en grupos pequeños, a granada, con jefes subalternos decidiendo sobre el barro lo que los estados mayores habían dibujado sobre papel seco.

No conviene imaginar a José Martínez como un héroe de película. En abril de 1917, los héroes visibles duraban poco. Martínez era un sargento de la Legión Extranjera: un suboficial español en una unidad francesa, con 17 hombres bajo su mando y una posición alemana delante.

La documentación no permite reconstruir cada detalle de la acción. No sabemos el punto exacto, ni la compañía, ni si el choque se produjo en una trinchera, en un boyau o contra una defensa avanzada en el movimiento hacia Vaudesincourt. Lo que sí sabemos es suficiente: el RMLE llevaba días combatiendo en el sector de Aubérive, dentro de la ofensiva francesa de abril de 1917, y la lucha se libraba por tramos de terreno, refugios, alambradas y pasos estrechos.

En ese contexto, Martínez mandó avanzar.

No iba al frente de una gran unidad. Iba con 17 legionarios. La acción terminó con unos 150 prisioneros alemanes. La proporción explica la importancia del episodio. En la guerra de trincheras, una pequeña unidad podía decidir el resultado de una posición si entraba por el punto adecuado, rompía la defensa y obligaba a rendirse a quienes quedaban aislados.

Martínez fue herido durante la acción. Ese dato es clave. La captura no fue una escena limpia ni una maniobra de salón. Fue un combate real, con fuego enemigo y mando directo sobre el terreno. Por aquella actuación recibió la Legión de Honor, posiblemente también un ascenso a capitán, ya que la prensa francesa lo presentaría como “capitán José Martínez” meses después en la crónica de los combates de aquellas jornadas (L’Intransigeant el 21 de diciembre de 1917). Lo que sí destacaron en esas crónicas fue esa acción de guerra concreta que no tuvo eco en España ¿cómo pudo desaparecer casi por completo de la memoria española un hombre condecorado por Francia tras una acción así?

 Un légionnaire et son prisonnier

La Legión de Honor: Francia premia a un español

La Legión de Honor era uno de los grandes signos del mérito militar y civil. Que un español “neutral” la recibiera por una acción de combate introducía una tensión política evidente. El Estado español no combatía, pero uno de sus hombres era premiado por combatir.

Acosta López precisa que fueron tres los voluntarios españoles condecorados con la Legión de Honor durante la Gran Guerra: José Martínez, el cabo albaceteño Andrés Arocas y Jaime Dieta. También advierte un error interesante: algunos publicistas presentaron como español al legionario Fortunato Leva, pero en realidad era de origen italiano. Francia convirtió a estos hombres en ejemplo. España apenas los recuerda.

Los españoles de la Legión Extranjera francesa

José Martínez no apareció de la nada. Pertenecía a un fenómeno más amplio: el de los voluntarios españoles de la Primera Guerra Mundial que sirvieron en la Legión Extranjera francesa.

La tesis doctoral de Alejandro Acosta López se centra precisamente en ese punto: la participación de españoles como voluntarios en la Legión Extranjera durante la Gran Guerra, uno de los aspectos más desatendidos de la relación de España con el conflicto. El trabajo utiliza documentación oficial de la Legión en Aubagne para avanzar en cuantificación, bajas, perfiles, experiencia combatiente, motivaciones y memoria posterior.

Muchos de esos hombres no dejaron una escena tan espectacular. Otros murieron en listas de bajas. Algunos escribieron cartas. Otros fueron usados como argumento político. Varios regresaron con heridas que no cabían en los homenajes. Unos pocos recibieron medallas. La mayoría quedó atrapada entre dos memorias incompletas: Francia los integró en su ejército; España no sabía muy bien dónde ponerlos.

Una guerra de españoles sin bandera española

Acosta recuerda que al menos 1.533 españoles se integraron militarmente en la Legión Extranjera francesa. También señala que incorporarse a un ejército extranjero podía acarrear pérdida de derechos de nacionalidad y protección por los decretos de neutralidad españoles, pero aquel marco no disuadió al contingente que acabó compartiendo la experiencia combatiente con voluntarios de muchas nacionalidades.

Paris, caserne de la Nouvelle France. Groupe d’engagés catalans du 1er étranger (24.12.17). © Roger Le Baron/ECPAD/Défense

En diciembre de 1917, la propaganda sobre los voluntarios españoles recuperó fuerza entre muchos políticos y tertulianos nacionals. Una comitiva de personalidades viajó a París y al frente; en Hamonville se encontró con un pequeño grupo de legionarios españoles con permiso para conversar y comer con los visitantes. Manuel Azaña, entonces secretario del Ateneo de Madrid, redactó para Excelsior un artículo sobre aquellos combatientes.

Azaña declaró que había visto a españoles en la Legión y, arrastrado por la voluntad de impresionar al público francés y por conversaciones con compañeros catalanes de viaje, habló de 15.000 voluntarios españoles, en su mayoría catalanes. Acosta contextualiza esa cifra como parte de una operación de propaganda, no como un dato firme.

La exageración prendió porque era útil.

A los aliadófilos les ofrecía una España combatiente, regeneradora, europeísta, heroica. A ciertos sectores catalanistas les permitía presentar a Cataluña como nación moralmente alineada con la causa de las nacionalidades. A Francia le daba una herramienta amable en su relación con la opinión española. A la prensa le entregaba personajes, medallas, muertos, cenas, cifras y emoción. En medio de ese ruido estaba José Martínez: un hombre real, una herida real, una acción real.

Paris, Quai d’Orsay. Les engagés catalans du 1er étranger arrivant au Palais d’Orsay pour le banquet.  © Roger Le Baron/ECPAD/Défense

Andrés Arocas, Jaime Dieta y la propaganda española

Acosta señala que Andrés Arocas, cabo albaceteño, obtuvo también la Legión de Honor por una acción en la cota de l’Oie, al norte de Cumières. Jaime Dieta completa la tríada de españoles condecorados con esa distinción.

Arocas resulta especialmente valioso para el relato porque rompe cualquier lectura estrecha. No todos los voluntarios fueron en su mayoría catalanes, aunque el catalanismo aliadófilo logró proyectar con fuerza su propio relato. Tampoco fueron simples aventureros sin patria, como sostuvo cierta prensa hostil. Hubo perfiles distintos, procedencias diversas, motivaciones cruzadas.

En la Legión podían mezclarse el obrero, el emigrante, el exiliado, el hombre con hambre, el idealista y el soldado de temperamento. El uniforme francés igualaba por fuera lo que la biografía separaba por dentro.

Mader, el cabo Arocas, el teniente coronel Rollet, los cabos Dieta y Leva
Mader, el cabo Arocas, el teniente coronel Rollet, los cabos Dieta y Leva

El frente como prueba contra el olvido

Hay historias que sobreviven por estatua. Otras por tumba. La de José Martínez sobrevive, de momento, por una nota académica que remite a una acción feroz y a una condecoración francesa. Es poco para un héroe. Es suficiente para iniciar una investigación.

La historiografía reciente ha comenzado a devolver cuerpo a estos hombres. La obra de Acosta, publicada por Marcial Pons, estudia a los voluntarios españoles en la Primera Guerra Mundial, su utilización política y el olvido posterior. La editorial resume bien esa tensión: combatieron en Francia mientras España era neutral y mientras los partidarios de la Entente reconocían la utilidad propagandística de aquellos voluntarios.

Mader, el cabo Arocas, el teniente coronel Rollet, los cabos Dieta y Leva
Mader, el cabo Arocas, el teniente coronel Rollet, los cabos Dieta y Leva

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Miguel Ángel Ferreiro

Militar de carrera, autor de "La Segunda Columna" (Ed.Edaf), director de este proyecto e Historiador del Arte (UNED). Entre África y Europa, como el Mediterráneo.
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