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El ADN de las tumbas medievales suecas revela quién descansaba junto a quién

Un adulto y un niño enterrados juntos invitan a imaginar una familia. En los cementerios medievales de Suecia, el ADN antiguo está revelando vínculos bastante más complejos. Compartir una sepultura podía expresar relaciones que no dependían del parentesco biológico inmediato.

Un estudio publicado en 2026 en Science Advances ha analizado restos de 142 personas, entre ellas más de sesenta niños y adolescentes, procedentes de Sigtuna, Västerhus y Fjälkinge. El equipo, encabezado por Maja Krzewińska, encontró que los parientes cercanos compartían tumba con menos frecuencia de lo que se había supuesto.

Quién descansaba junto a quién

El estudio reúne comunidades de la fase final de la época vikinga y de la Edad Media. Son cementerios que permiten observar la organización funeraria del cristianismo escandinavo, donde la posición de cada enterramiento formaba parte de una geografía social y religiosa.

El ADN antiguo, utilizado también para estudiar las poblaciones de la Sicilia medieval, aporta información que no suele aparecer en las fuentes escritas. En estas tumbas suecas, las relaciones genéticas ayudan a reconocer familiares, pero también muestran cuándo dos individuos depositados juntos carecían de un vínculo biológico próximo. La sepultura compartida adquiere entonces otra lectura: comunidad, prácticas religiosas y relaciones sociales pasan a formar parte de la explicación.

El hallazgo abre una pregunta sobre los vivos. Si varias personas decidían enterrar juntos a individuos que no eran familiares cercanos, ¿qué relación querían conservar? El ADN identifica parentescos; el significado del gesto funerario requiere también arqueología.

Oscar Nilsson fotografía un cráneo del estudio de los cementerios medievales suecos
Oscar Nilsson documenta un cráneo. Anders Götherström / Universidad de Estocolmo.

Los niños seguían el orden del cementerio

La investigación genética permitió determinar el sexo biológico de niños demasiado pequeños para que ese dato pudiera establecerse con seguridad a partir de sus huesos. Con esa información, el equipo comparó sus tumbas con las de los adultos.

En Västerhus, donde hombres y mujeres se distribuían habitualmente en sectores distintos, los niños y las niñas seguían un patrón semejante. La organización funeraria los integraba en el mismo orden comunitario, en lugar de reunirlos automáticamente en un espacio infantil separado.

Una mujer y una concha de peregrino

Entre los individuos estudiados destaca una joven de Västerhus que el equipo identifica como Lady 56. Su ADN permitió relacionarla con sus padres, un hermano y dos hijas, enterrados en diferentes partes del mismo cementerio.

En su tumba apareció además una concha de peregrino, asociada tradicionalmente al viaje a Santiago de Compostela. El objeto sugiere una conexión con aquella peregrinación, capaz de enlazar una comunidad del norte europeo con uno de los grandes destinos religiosos medievales.

Concha de peregrino encontrada en la sepultura de Lady 56 en Västerhus
Concha de la sepultura de Lady 56. Christer Åhlin / Historiska museet.

La combinación es extraordinaria: una familia reconocida mediante genética y un pequeño objeto que apunta hacia un recorrido mucho más amplio. El cementerio permite estudiar tanto los vínculos locales como las conexiones lejanas de quienes vivían allí.

Reconstrucción facial de Lady 56 realizada por Oscar Nilsson
Reconstrucción del rostro de Lady 56. Oscar Nilsson / Universidad de Estocolmo.

Un mapa social bajo las ruinas de una iglesia

Para interpretar estas sepulturas hay que reunir posición, cronología, objetos y relaciones genéticas. Cada dato ilumina una parte distinta. Dos tumbas próximas pueden corresponder a épocas diferentes; dos familiares pueden descansar lejos uno del otro dentro del mismo recinto.

Los objetos conservados aportan otra información. La concha de Lady 56 introduce una posible experiencia religiosa en una familia reconstruida mediante genética. El parentesco y la identidad social son preguntas relacionadas, pero distintas: para estudiarlas hay que reunir los datos del laboratorio y los del enterramiento.

Las ruinas de Västerhus conservan una historia que también estaba escrita en la distribución de sus muertos. Al reconstruirla, los investigadores encuentran comunidades medievales menos fáciles de reducir a un simple árbol genealógico: personas unidas por parentesco, fe, convivencia y decisiones que todavía intentamos comprender.

Fuentes y bibliografía

Krzewińska y colaboradores, Equal in death: Ancient genomic analysis of children’s early Christian burials, Science Advances, 2026.

Universidad de Estocolmo, presentación del estudio y documentación gráfica de Västerhus, 13 de julio de 2026.


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Redacción

Equipo de Redacción / Notas de Prensa / Agencias
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