Irak y Siria, la desaparición de un legado

Estos días pasados, la prensa especializada de todo el mundo, volvía a centrar sus artículos en la acelerada pérdida de Patrimonio de la Humanidad y bienes culturales de interés que está sucediendo en los territorios en los que se combate contra el daesh.

La reciente destrucción de la mezquita de al-Nuri, en Mosul, es el último de una serie de atentados contra el Patrimonio de los que no se libra ni el legado islámico. 

La lista de atrocidades cometidas contra la humanidad por este grupo terrorista es inmensa, como lo son las atrocidades contra la identidad cultural de Siria e Irak, que se está volatilizando desde el año 2003 y se aceleró con la fundación del daesh alrededor del año 2014.

El 22 de junio, los medios de comunicación difundían el video de la voladura de la Mezquita de al-Nuri en Mosul (Irak). Concretamente, los explosivos, se colocaron en la sala de oración y en el minarete de la mezquita.

La Mezquita llevaba el nombre de su fundador: Nur al-Din (del que eran súbditos la familia de Saladino), el cual entre 1170 y 1172 financió su construcción, siendo esta supervisada por el famoso maestro suní local Umar al-Malla que será su primer imán. La mezquita fue restaurada muchas veces, y fue casi completamente reconstruida a finales de los años 40 del siglo XX. Según contaba la experta en antigüedades británica Angela MH Schuster, del edificio original del siglo XII —tras las explosiones del 22— únicamente se conservarían algunas decoraciones dispersas entre los Museos de Mosul (saqueado por el daesh también) y el Nacional de Bagdad.

El famoso minarete inclinado, al que algunos llamaban “El faro jorobado” era el símbolo de la ciudad, el mismo que pudimos ver en las redes sociales y vídeos de los telediarios cómo caía derribado tras la flagrante explosión, pertenecía a esa mezquita original. Era una torre cilíndrica de ladrillo, de unos 45 metros de altura, elevada sobre una base cuadrangular. Remataba la torre el minarete, cuya cúpula, había sido restaurada a principios del siglo XX. Los exteriores de la torre se dividían en siete registros de decoraciones de época seljúcida que usaba los mismos ladrillos para modular y crear una característica superficie.

La explosión del minarete de la Mezquita de al-Nuri, junto a la destrucción del minarete de la Gran Mezquita de Alepo (construido en 1090) son una clara señal de que no les importa nada, ni siquiera el patrimonio cultural islámico. Como tampoco les importa el resto del Patrimonio de la Humanidad que han destruido y saqueado: Museo y biblioteca de Mosul, Plamyra, Hatra, Bosra, El Crac de los Caballeros, la Ciudadela de Saladino... (una lista interminable).

Las pérdidas de patrimonio nos privan del estudio del pasado y privan a las comunidades que lo poseen de que formulen un sentido de identidad. Seguramente, destruyendolo, se busca precisamente eso: anular y eliminar toda identidad humana.

A pesar de todo, los arqueólogos mantienen la esperanza de recuperar este minarete. En declaraciones al diario La Croix, un miembro de una asociación creada para proteger el Patrimonio iraquí dijo:

“En la mezquita del profeta Jonás, pusieron explosivos para reducirla a polvo. Aquí creemos que todavía no les dio tiempo a colocar todas las cargas. aunque desperdigados, el 50% de los ladrillos están casi intactos. Probablemente podemos reconstruir el minarete, ya que está muy bien documentado”

Fuentes:

Miguel Ángel Ferreiro

Militar de carrera, Historiador del Arte (UNED) e investigador. Entre África y Europa, como el Mediterráneo.

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