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La leyenda del Sillón del Diablo

Una de nuestras leyendas más vivas y más mortales

La historia del sillón del Diablo se remonta al año 1550, cuando se fundó la primera cátedra de anatomía humana de España en la Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid, dirigida por el granadino Alonso Rodríguez de Guevara, quien llevó a cabo las primeras disecciones humanas en España, gracias a un permiso real.

Lección de anatomía del Dr. Willem van der Meer, por el pintor holandés Michiel Jansz. van Mierevelt (1617).

A dicha universidad asistió un curioso joven portugués que apenas pasaba de los 20 años, de origen sefardí, cuyo nombre era Andrés de Proaza. Tenía gran interés por la medicina y en especial por la anatomía humana.

El mismo año en que llegaba el sefardí a Valladolid, un niño de 9 años desapareció justo en la zona de la calle Esgueva, la misma calle en la que había alquilado una casa. Los vecinos denunciaron a las autoridades que del sótano de la casa del portugués, cuya parte trasera daba a la calle Solanilla, se podían oír llantos y gritos, además que aseguraron ver cómo salía agua manchada con sangre por el desagüe de aquella vivienda.

Las autoridades acudieron a la denuncia ciudadana y entraron por la fuerza en la casa del joven Andrés. El hallazgo fue espeluznante, en el sótano encontraron una mesa de madera con el cuerpo descuartizado del niño desaparecido y junto a este, órganos humanos dispersos, cadáveres de perros y gatos diseccionados.

El sefardí confesó allí mismo entre lágrimas. Tenía un pacto con el Diablo que se le había aparecido a través del sillón (o silla) que estaba en su escritorio. Cuando se sentaba, entraba en trance y solamente podía escribir macabros textos nigrománticos o detallados relatos sobre cómo realizar una autopsia a una persona viva. Dice que llevando a la práctica los dictados del diablo, el propio Satán le conferiría toda la sabiduría del mundo en medicina.

Tras ser detenido se procedió a inspeccionar el resto del domicilio, así encontraron el sillón del que hablaba el joven. Era un mueble nuevo —para entonces, siglo XVI— de brazos desmontables de madera de nogal que tiene el respaldo y el asentamiento de cuero decorados con motivos florales, dibujados mediante pespuntes, y geométricos, repujados. Aparentemente no tenía nada extraño.

El portugués fue condenado a morir en la hoguera por el tribunal de la Inquisición, según la leyenda. Sus pertenencias salieron a subasta pública, pero nadie compró sus muebles debido a la fama demoníaca de los mismos. Al final, supongo, las piezas que no se vendieron acabaron en algún almacén de la Villa y, poco después, pasaron a formar parte del mobiliario de la Universidad de Valladolid.

La historia afirmaba que aquel que se sienta en el sillón del diablo, si no está estudiando medicina —como el joven sefardí—, muere a los dos o tres días. Pero si eres o vas a ser médico podrías adquirir todo el conocimiento sobre las curas y enfermedades del mundo.

Alguna cosa extraña debió pasar desde aquellos lejanos años del siglo XVI… Puesto que el sillón se catalogó en pleno siglo XX en una extraña ubicación: estaba situado en la antigua capilla de la Universidad de Valladolid, sujeto a la pared boca abajo y a respetable altura para que nadie se pudiera sentar.

El sillón del Diablo, conservado en el Palacio de Fabio Nelli de Valladolid.

Alguna vez he oído que un vigilante nocturno de la Universidad se sentó por equivocación en la silla maldita, bien por cansancio o por lo que fuera durante sus rondas, y falleció poco después. Esto sería una anécdota, de no ser porque, durante unas obras en la Universidad un albañil se sentaba de vez en cuando en el sillón durante una jornada, apareciendo muerto también pocos días después. Las dos muertes tan consecutivas reavivaron el mito de la silla endemoniada.

Actualmente la silla se encuentra en el Museo Arqueológico de Valladolid, Palacio de Fabio Nelli. ¿Te atreverías a sentarte para adquirir toda esa sabiduría?

Fuentes: Rivera Manescau, Saturnino. Tradiciones universitarias (Historias y fantasías) (1948)

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Miguel Ángel Ferreiro

Militar de carrera, director de este proyecto e Historiador del Arte (UNED) . Entre África y Europa, como el Mediterráneo.

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