La leyenda de las ovejas que nacían de una planta

Cuando algún valiente regresaba de alguno de aquellos escasos viajes a Oriente en la Edad Media, solía traer impresionantes relatos de lugares, costumbres y cosas maravillosas de las que habían sido testigos en sus jornadas por aquellas lejanas tierras.

Una de las historias que más impactó a la sociedad medieval fue la de la llamada “Planta Tartárica Barometz“, significando barometz cordero en algún idioma local. La planta en cuestión, era mitad árbol mitad animal, siendo su fruto un pequeño corderito. Contaban, los que la habían visto, que la planta se inclinaba hasta el suelo para que los corderos pudiesen pacer y, cuando la hierba se agotaba, los corderos se morían y la planta se secaba. Pocas veces crecían y llegaban a ovejas adultas.

Según la historia, el cordero vegetal se desarrollaba dentro de la planta y quedaba unido a ella por un cordón umbilical. Aunque nunca llegó ningún ejemplar a Europa, la historia se extendió suscitando el interés de curiosos y científicos.

Un viajero inglés que se hacía llamar Jehan de Mandeville, a principios del siglo XIV, según su propio relato viajó a Tartaria y confirmó la existencia de la planta. Además afirmó que las ovejas no estaban unidas a la planta por un cordón, sino que nacían sin lana del interior de una fruta, similar a la calabaza, cuando ésta estaba madura.

Cibotium barometz, posible planta que llevó a esa leyenda

A mediados del siglo XVI, el embajador de los Emperadores del Sacro Imperio, Sigismund von Herberstein, entregó a Carlos V una descripción detallada de la Planta Barometz en sus “Notas sobre Rusia”. Dudaba de la existencia real de la planta-animal aunque recogió la historia de una criatura que nacía de unas semillas con forma de melón en una zona cercana al Caspio. Decía que sangraba pero no tenía carne, que tenía pezuñas pero eran de pelo.

Cibotium barometz, posible planta que llevó a esa leyenda

Engelbert Kaempfer, un importante académico alemán, realizó en 1683 un viaje por Persia para encontrar la legendaria planta. Al no encontrar evidencias de ningún tipo, concluyó que se trataba de un mito y lo asoció a una confusión con algunas plantas algodoneras y a la costumbre local de sacar a los corderos de los vientres maternos para obtener un tipo muy especial de lana.

Denis Diderot en su Encyclopédie, bien entrado el siglo XVIII, le dedicó un artículo a esta planta. Planta que, curiosamente se cree que es la Cibotium Barometz que realmente existe como habrán podido ver en las imágenes del artículo. Ahora la gran duda ¿Alguien se atreve a probarla a ver si sabe a cordero?

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Miguel Ángel Ferreiro

Militar de carrera, Historiador del Arte (UNED) e investigador. Entre África y Europa, como el Mediterráneo.

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