Carlos I de España, Álvaro de Bazán, García Álarez de Toledo, Virgilio Ursino, Andrea Doria y el Infante Luis de Portugal.

Estos eran los hombres al mando de las unidades que realizaron, la que se conoce como, la Jornada de Túnez. Una expedición efectuada en junio de 1535 para recuperar Túnez, en donde el aliado del emperador Carlos, Bey Muley Hassan, había sido depuesto por el otomano Barbarroja un año antes.

El tapiz representa la llegada del Emperador Carlos V el 3 de abril de 1535 a Barcelona, al frente de su ejército, y la revista que el 14 de mayo pasó a su armada formada por gentiles hombres de su casa y corte, entre ellos Fernando Álvarez de Toledo, duque de Alba; el navegante Antonio de Saldanha, al mando de las carabelas portuguesas; el almirante Andrea Doria, al mando de las galeras genovesas; el famoso marino Álvaro de Bazán, al mando de las naves castellanas; y, en primer plano, el Infante don Luis, su cuñado, hermano de la Emperatriz Isabel.
(Patrimonio Nacional)

Los cronistas  escribieron: “Don Carlos visitó a la Virgen de Monserrat, comulgó en Santa María del Mar, revistó la flota y en 30 de mayo embarcó en la galera imperial y emprendió la expedición que había de abatir la soberbia de Barbarroja”

Antes de que la flota partiera de Barcelona, el emperador Carlos, emitió diferentes órdenes e instrucciones las que ordenaba tregua entre las personas enemistadas y la prohibición de embarque de mujeres. La primera se cumplió, la segunda… Según escribió Prudencio Sandoval en el siglo XVII –Vida y Hechos del Emperador Carlos V– “aparecieron en Túnez más de 2000 enamoradas”.

Mapa del Mediterráneo Occidental. La flota aliada se reúne en Barcelona (Real Alcázar. Sala de los Tapices)

El contingente español, descrito en la carta que el Emperador envió al Marqués de Cañete, tras de la Revista General pasada en Cagliari, lugar en el que se agruparía toda la fuerza del Imperio (España, Flandes, Nápoles) y sus aliados (Portugueses, Genoveses, Estados Pontificios) ; que estaba compuesta por:

  • 74 galeras
  • 30 galeotas y fustas
  • 300 de vela
  • 25.000 soldados de infantería
  • 2.000 jinetes
  • 800 “hombres de armas”
  • 20.000 señores, criados, aventureres y gente de mar
El buque portugués “Botafogo” (a la izquierda en primer plano) abriendo fuego contra La Goleta.

El cuadro de mando:

El Infante Luis de Avís a bordo del galeón “Botafogo” al mando de la flota portuguesa, Virginio Ursino mandaba las unidades pontificias y cuatro de la Orden de Malta, Andrea Doria el líder indiscutible de las galeras de la República de Génova,  Álvaro de Bazán el Viejo mandaba 15 galeras, García Álvarez de Toledo y Osorio a cargo de la escuadra del Cantábrico y Alfonso de Ávalos (II marqués de Vasto) a cargo de la logística, armamento y material de embarque.

El emperador reúne a sus tropas en Barcelona (1546-1550), de Jan Cornelisz Vermeyen

La expedición parte hacia Túnez

El 14 de junio la expedición partió del sur de Cerdeña, pertrechada y con fuerza embarcada )tropas italianas y alemanas). La formación de salida: En vanguardia las carabelas portuguesas, en el centro el Emperador y en la retaguardia, como escoltas, la escuadra de Álvaro de Bazán el viejo. Poco después se puso sitio a La Goleta, una fortaleza al norte de Túnez ocupada por los turcos para controlar el acceso al país. Cayendo el 14 de julio de 1535, gracias esencialmente al bombardeo bien dirigido de la Armada de Andrea Doria. Allí apresaron muchísimo material, destacando los cañones con la marca de la flor de lys francesa y, según algunas fuentes, cartas entre Solimán y Francisco de Francia. De este modo se descubre la traición a la Cristiandad del francés.

Una vez controlado ese puerto y organizando su defensa con 1.000 hombres a cargo de Bernardino de Mendoza, que fue nombrado Primer Alcaide de La Goleta. Desembarcaron entonces los recién creados Tercios, junto a 10.000 infantes mandados por Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel (El Gran Duque de Alba), que controlarían la retaguardia del avance, con el mismísimo Carlos V en vanguardia al lado de sus poderosos Tercios.

Fernando Álvarez de Toledo, III Duque de Alba, por Antonio Moro

El avance no fue sencillo, la climatología local (alta humedad y calor) junto las continuas escaramuzas de las tropas de Barbarroja hacían difícil, pero no imposible, el camino hacia Túnez.

Primeras escaramuzas en el cabo de Cartago (1546-1550), de Vermeyen.

Tomaron varias posiciones entre La Goleta y Túnez, reforzándose la de Bona (actual Annaba en Argelia) cerca del río Seibús y de la frontera con Túnez; con cuatro compañías de infantería. El avance de las tropas sería sonado en la ciudad, ya que, para combatir a los cristianos la ciudad se quedaría prácticamente vacía de soldados, así, los cristianos cautivos de la ciudad se sublevaron y consiguieron hacer mucho daño dentro de las murallas, no en vano eran más de 5.000 hombres los que estaban encerrados en la alcazaba de Túnez. Medellín, y un italiano, Vicente de Cátaro, encabezaron la sublevación.

Toma de la ciudad

Carlos V entraba en la ciudad de Túnez el 21 de julio de 1535 a la cabeza de los Tercios y Barbarroja huyó como pudo. Se le devolvió el trono al Bey Muley Hasan, aliado del Imperio.

Según las crónicas, el propio emperador Carlos luchó en primera línea de combate, “avanzando con la lanza en la mano, corriendo el mismo riesgo que un pobre soldado raso“. Paolo Givio le escribió

Vuestra gloriosa e incomparable victoria en Túnez me parece, por mi fe como cristiano, de una dignidad que sobrepasa con mucho todas las demás de imborrable recuerdo.

Primeras escaramuzas en el cabo de Cartago (1546-1550), de Vermeyen.

¿Qué ocurrió con Barbarroja?

Con la batalla perdida y la ciudad controlada por los prisioneros cristianos, Barbarroja comprendió que no podía hacer nada. Huyó hacia Bona, una ciudad portuaria en donde tenía atracada su flota.

Andrea Doria, que conocía la situación de esta flota había dado órdenes para que se destruyeran todos los navíos sarracenos. Pero cuando sus naves llegaron a ese puerto no había ya barcos… “Barbarroja había escapado”, o eso creyeron.

Según la leyenda, el almirante otomano había ordenado anegar de agua los barcos para que quedaran hundidos en el puerto, y simular así que los amarres estaban desiertos. Cuando llegó Barbarroja a Bona, sólo tuvo que reflotarlos para huir a Argel y desde allí comenzar a preparar su venganza.

Puedes dejar un comentario