
La tierra había cubierto los cuerpos, pero no había deshecho los recipientes que alguien dejó junto a ellos. En La Rivière-de-Corps, cerca de Troyes, tres sepulturas de la Antigüedad tardía conservaban un ajuar especialmente delicado: vasos de vidrio que todavía permiten reconocer su forma y una vasija colocada a los pies de uno de los difuntos.
Las fotografías del Instituto Nacional de Investigaciones Arqueológicas Preventivas de Francia, el INRAP, muestran los objetos en su posición de excavación. Antes de convertirse en piezas de museo fueron parte de un entierro: alguien los escogió, los llevó hasta la tumba y decidió dónde colocarlos.
Tres tumbas junto a un asentamiento romano
El conjunto se fecha entre finales del siglo III y comienzos del IV d. C. Las sepulturas, muy próximas entre sí, contenían a una mujer adulta, un niño y otro adulto cuyo sexo no pudo determinarse por la conservación de sus huesos. La cercanía ha llevado a plantear una agrupación familiar; comprobar un parentesco biológico exige otros análisis.

Los enterramientos se situaban fuera del perímetro delimitado por un foso. La intervención, previa a un proyecto residencial, documentó también un establecimiento de época romana. Así, las tumbas pueden estudiarse en relación con el espacio habitado, y no como hallazgos aislados.
El vidrio que acompañaba al difunto
En una de las sepulturas había recipientes de vidrio alrededor de la cabeza y una vasija cerámica junto a los pies. La posición de cada objeto importa tanto como su conservación: permite reconstruir parte de la preparación del entierro y comparar el ajuar con otros conjuntos funerarios.
Su presencia no identifica por sí sola el contenido original ni las creencias concretas de quienes lo depositaron. Para acercarse a esas cuestiones habría que estudiar las formas, los posibles residuos y el contexto completo. Un vaso puede conservarse entero y, aun así, dejar muchas preguntas abiertas.

Por qué los romanos utilizaban tanto vidrio
El vidrio no pertenecía únicamente a palacios o tumbas privilegiadas. Como explica la historiadora Rosemarie Trentinella, del Metropolitan Museum, tuvo una presencia extensa en la vida romana: recipientes de mesa, envases para perfumes y objetos de uso cotidiano formaban parte de un repertorio muy diverso.
El desarrollo del vidrio soplado transformó su fabricación. Los artesanos pudieron producir una mayor variedad de formas; la transparencia, la ausencia de olor y la superficie no porosa favorecieron su uso. Los talleres romanos aprovecharon conocimientos desarrollados por los vidrieros del Mediterráneo oriental.
Por eso conviene separar dos cuestiones. Una es la difusión del material; otra, la rareza de recuperar un determinado conjunto bien conservado. Encontrar vasos reconocibles dentro de una tumba permite estudiar su relación con el difunto, algo que un fragmento sin procedencia difícilmente puede contar.
También había casas y calefacción
El asentamiento tuvo construcciones sobre postes y una fase con edificios de mampostería. Entre los materiales se identificaron tejas romanas y elementos de hipocausto, junto con monedas, fíbulas y piezas asociadas al mobiliario.

El hipocausto calentaba los espacios mediante la circulación de aire caliente bajo un pavimento elevado. Sus pequeños apoyos cerámicos aparecen también en instalaciones mucho más monumentales, como el baño del palacio romano de Šarkamen. La comparación ayuda a entender la técnica, aunque ambos conjuntos tenían funciones y escalas diferentes.
Lo que conserva una tumba pequeña
En este caso, el interés está en la asociación entre las personas, los objetos y el lugar de enterramiento. Separar los vasos de los huesos y de su posición original dejaría una colección atractiva, pero haría más difícil comprender el gesto funerario que reunió aquel conjunto.
Las fotografías permiten detenerse precisamente en ese momento: los recipientes todavía junto al cuerpo, antes de su extracción. La fragilidad del vidrio y la duración del entierro ofrecen un contraste inesperado. Un objeto hecho para pasar de mano en mano terminó conservando la huella de una despedida.
Fuentes y bibliografía
- The History Blog, «Fine glassware found in graves from Late Antiquity in Troyes», 6 de octubre de 2026. Información y fotografías de la intervención del INRAP.
- TRENTINELLA, Rosemarie, «Roman Glass», The Metropolitan Museum of Art, 2003. Contexto sobre fabricación y usos del vidrio romano.
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