La isla española que tiene más Historia que extensión

En el Mar Mediterráneo existe una pequeña isla española de tan solo 576 metros de longitud por 239 metros de anchura y unos 15 kilómetros cuadrados de superficie, es conocida como la isla de Alborán y se encuentra camino entre España y Marruecos.

Isla de Alborán (Foto: Alertadigital)

En julio supimos de la muerte de 49 inmigrantes ahogados en el mar que baña a esta isla y que huían de la miseria buscando en Europa una vida mejor. A comienzos del año 2016 también nombraron bastante el nombre del mar de Alborán, ya que fue el epicentro de varios terremotos que afectaron a las provincias de Granada, Almería, Málaga y a la Ciudad Autónoma de Melilla. Está solamente habitada por aves marinas y por un destacamento de la Armada española, que la custodia protegiendo las riquezas naturales de su entorno. Es una isla situada en mitad de la nada. Yo tuve el privilegio de poder pisar esta isla al ser de acceso restringido.

Esta isla fue tomada por primera vez por el pirata tunecino Mustafá ben Yusuf, conocido como Al Borani (se cree que su nicho está en la isla) quien instaló en ella su base operaciones para piratear por la zona durante el apogeo del imperio turco-otomano. En sus incursiones saqueó naves cristianas y protegió en la isla a sus naves de las inclemencias del tiempo. El 1 de octubre de 1540 quedó bajo soberanía española al ser derrotadas las naves corsarias por Bernardino de Mendoza, quien dirigía las naves españolas.

Bernardino de Mendoza (Grabado: Wikimedia)

En enero de 1942 el farero de la isla se sorprendió al ver llegar a la isla en una embarcación a cinco extranjeros pertenecientes a una comunidad de monjes coptos procedentes del monte Santo de Salónica (Grecia). El farero gracias a sus conocimientos de francés y que los monjes conocían este idioma, pudo establecer conversación con ellos y pudo saber que estos monjes buscaban un lugar apartado en el Mediterráneo para  proseguir con sus actividades monásticas, alejados de los enfrentamientos armados que asolaban Europa en ese momento. En un primer momento, el farero, estaba receloso de estos monjes ya que él era muy patriota y católico, y les hizo saber que esa isla era territorio español.

A pesar de esto, los monjes, tenían muy claro para que fueron a Alborán y ante la atónita mirada del farero, comenzaron a construir un pequeño monasterio con materiales facilitados por los barcos que faenaban por la zona. La relación entre el farero y los monjes terminó convirtiéndose en una relación de colaboración y confraternización. Al farero le sorprendió cuando vio que el monasterio estaba finalizado con su campana y todo. Los monjes usaban esta campana y la tañían —además de para llamar a la reunión a la pequeña comunidad— también la usaban de forma altruista los días de niebla, para evitar que los barcos se estrellaran contra la isla. El monasterio se perdió en el tiempo y hoy en día no hay restos de la estructura ni de la campana. Durante mi visita no vi ningún resto que pudiese dar pistas de que allí había habido un monasterio.

En el siglo XX la isla fue custodiada por un destacamento de Infantería de Marina que la desalojó en 1963 y volvió a ocuparla cuatro años más tarde, motivada por los intentos de ocupación por parte de pescadores de la Unión Soviética.

Vista de la isla desde el faro

Hoy en día está permanente ocupada por fuerzas militares españolas, que cada 21 días se relevan para proteger las riquezas naturales de la pesca irregular y de cualquier intento de ocupación. Pude ver el faro del siglo XIX y un pequeño cementerio en el que solo hay tres tumbas: la de la mujer del farero, la suegra del farero y la de un piloto alemán de la II Guerra Mundial cuyo cadáver llegó flotando tras un accidente. La única tumba que sufrió menos la erosión marina y en la que pude leer algo, fue en la de la mujer del farero, que decía que murió en los años 20 del siglo pasado a una avanzada edad. En la tumba de la suegra del farero no se puede leer nada y en la del aviador aparece las letras: HE… que será: “Her”, que significa señor en alemán, y a continuación aparecería su nombre, nombre que no pude leer porque la lapida estaba muy deteriorada.

Yo en mi visita a la isla y al cementerio

Es curioso como en una isla tan pequeña y a la que se tarda en llegar en barco aproximadamente cuatro horas desde el puerto de Aguadulce (Almería), pueda contener tanta historia y tantos recursos naturales.

Antonio José Pérez Sánchez

Empresario y exmilitar. Mi pasión es la Historia, ya desde pequeño mis primeras lecturas eran sobre personajes y acontecimientos históricos, y hoy sigo con esa sed infinita de conocimientos históricos. Amante de la Historia, del deporte y del Real Betis Balompié. Devorador insaciable de libros.

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2 thoughts on “La isla española que tiene más Historia que extensión”

    1. Hola José Luis. Gracias por la observación, al escribir el artículo se me ha escapado un 1 y se ha quedado en 5, por eso a usted no le cuadraba. Ya está corregido. Un saludo.

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