En 1879, durante la guerra que mantuvieron los ingleses contra los zulúes, un joven oficial del ejército británico cayó de su caballo mientras huía junto a su destacamento de una emboscada. Al caerse, hizo frente como pudo al “problema”, seguramente por su media sangre española, pero murió violentamente ensartado por las lanzas enemigas.

Muerte del príncipe imperial, por Paul Jamin.

Tenía 23 años y era el hijo del depuesto Emperador Napoleón III. Era Napoleón Eugenio Luis Bonaparte, hijo de este y de la granadina Eugenia de Montijo. Se había alistado en el ejército inglés para hacer carrera en contra de la voluntad de su padre y, tras la muerte de este en Gran Bretaña en 1873, nada le impedía partir con sus compañeros de promoción de la academia de Woolwich a Sudáfrica.

fotografía poco antes de su muerte en 1879

El 1 de junio de 1879, durante una misión de reconocimiento en Itelezi, tuvo lugar la fatídica emboscada.

Las causas: Al asustarse el caballo el tirón fue demasiado fuerte para su silla y partieron las correas. La silla había sido utilizada por su padre en la batalla de Sedán, quiso llevársela consigo, pero parece que la climatología no era igual en Francia que en Sudáfrica, algo que deterioró a pasos acelerados el cuero de las cinchas.

Si nos fijamos en el cuadro que le dedicó Paul Jamin a su muerte (al principio del artículo) vemos como trata de utilizar un arma con la mano izquierda, aunque era diestro. Esto es porque al caer cae sobre su costado derecho y se daña gravemente el brazo (algunos investigadores incluso afirman que el caballo se lo pisó también), por este golpe tampoco puede desenvainar una vieja espada que portaba: Era la espada de su tío abuelo Napoleón Bonaparte.

Su cuerpo es encontrado sin vida con 17 lanzazos y con todas sus pertenencias excepto sus armas.

Pertenencias encontradas junto a su cadáver (abajo se puede ver una de las lanzas zulú que le mató)

Los zulúes acostumbraban a desmembrar y destripar a sus enemigos vencidos, pero al príncipe deciden respetarlo. Cuentan que fue por su valor y otros que fue al descubrir que portaba una cadena con dos medallas familiares y, como los guerreros zulúes portan amuletos alrededor del cuello también, deciden no desmembrarlo y no saquear sus pertenencias.

Así es todo, las crónicas oficiales hablan de las marcas que había alrededor de su cadáver, lanzas partidas —seguramente con sus propias manos— y en el suelo estaban marcadas sus espuelas, señal de gran resistencia. Las 16 heridas mortales también indican que tuvieron que empeñarse mucho para reducirlo.

Recepción del cuerpo del príncipe tras su recuperación en Durban

Su cuerpo fue transportado a Dundee, y posteriormente a Barcelona, ​​antes de ser repatriados y ser enterrado en Chislehurst. Años después su madre, Eugenia, visitó el lugar de la muerte de su hijo y escribió a la reina Victoria de Inglaterra para pedir una investigación ya que sospechaba que la emboscada no hubiera sido solamente orquestada por los zulúes si no que había algún militar inglés tras ella.

Si hubiera llevado una silla nueva nada de esto hubiera ocurrido, pero quiso usar la de su padre, un recuerdo que le salió caro. Por no hablar de la espada de su tío abuelo ¿Dónde estará la espada de Napoleón Bonaparte?

Lugar de la muerte del príncipe (National Archives UK)

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