La búsqueda de la ciudad perdida de Z

En 1925 el explorador, y militar inglés, Percy Fawcett desapareció buscando una mítica ciudad perdida junto a su equipo en el Amazonas. Trataba de buscar evidencias de una civilización perdida. 

¿Quién era Percy Fawcett?

Fragmento de la portada de la reedición del libro “journey of the lost city of Z” de la editorial Weidenfeld & Nicolson (2016)

Fawcett era un hombre con demasiada confianza en sí mismo. Antes de desaparecer las últimas palabras que escribió a su esposa, Nina Fawcett, en una carta fechada en Brasil el 29 de mayo de 1925 fueron: “You have no fear of any failure.”, se supone que refiriéndose a que no fracasaría.

Como oficial británico estuvo destinado en casi la totalidad del Imperio británico conociendo así medio mundo, aunque encontró su vocación en la Amazonia, el lugar más desconocido del siglo XX. Allí levantó planos y cartografió ríos, montañas y marismas para la Royal Geographical Society. Se puede ver su firma en algunos planos que realizó, como el de la complicada frontera entre Bolivia y Brasil en 1908:

Era un hombre alto y fornido, con una mirada penetrante, que parecía inmune a las fiebres que atacaban a cualquier occidental que se aventurarse en las selvas de la América del Sur. Incluso se llegó a decir que era inmortal, un ser sobrenatural.

Fawcett en la frontera entre Bolivia y Brasil en 1908
Fawcett en la frontera entre Bolivia y Brasil en 1908

¿Qué era la ciudad de “Z”?

Z era el nombre que recibía una antigua ciudad que, se supone, existía en lo más profundo de la selva amazónica. Una muestra de una avanzada civilización que permanecía oculta a los ojos del mundo. Una leyenda muy similar a la de “El Dorado”.

Primera página del Manuscrito 512

La principal fuente de esta leyenda era un documento portugués, conocido como el “manuscrito 512” del siglo XVIII, realizado por un grupo de aventureros que estuvieron casi 10 años por regiones interiores de Brasil, descubriendo finalmente (según ese relato) una antigua ciudad en ruinas.

Fawcett, durante sus trabajos topográficos, había encontrado restos cerámicos esparcidos por la selva que asociaba a con esa cultura perdida. Sus compañeros siempre se mostraron escépticos ante sus hipótesis, pero nada pudo deterlo. 

Organizó varias expediciones dirigidas a encontrar esa ciudad perdida. Sería en una de ellas cuando desapareció sin dejar rastro, tenía 57 años y le acompañaba su hijo Jack y el joven explorador Raleigh Rimell que, como el, jamás regresaron.

La fatídica expedición había partido en febrero de 1925 de la frontera con Bolivia —en Corunbá— habiendo noticias de que llegaron a principios de marzo a Cuiaba. El 18 de mayo estuvieron en una finca, propiedad de Hermenegildo Galvao, un amigo de Fawcett, conocida como el Rancho Galvao.

El último lugar del que se recibieron noticias, fue del campamento bautizado por Fawcett “Dead Horse Camp”, puesto que allí se le había muerto un caballo en otra expedición 5 años antes. Eso ocurrió el 29 de mayo, nunca más se supo de ellos.

Fawcett, del hombre al mito

La figura de Fawcett trascendió a la leyenda. Se cuenta que su figura habría inspirado personajes de cómic, aventureros del cine como Indiana Jones y numerosas historias de la talla de “El mundo perdido” de Arthur Conan Doyle. 

Escena de “La ciudad perdida de Z”
Dirección: James Gray
Fotografía: Darius Khondji

Entre las especulaciones sobre su paradero, se ha dicho que muy probable que alguna tribu asesina los hubiera atacado al entrar en su territorio. Aunque también se dijo que se habían fugado con unas sirenas. Su esposa, Nina Fawcett, nunca creyó que su marido había muerto, mantuvo la esperanza de que regresaría hasta el fin de sus días.

La recuperación de su historia

David Grann, un escritor neoyorquino sin experiencia en temas de supervivencia ni una forma física adecuada —en sus propias palabras— se aventuró a seguir los pasos del coronel Fawcett con la esperanza de desentrañar el misterioso destino que sufrieron él y sus compañeros. No había sido el primero, muchos otros lo habían intentado antes; los resultados: 100 personas muertas y desaparecidas.

David Grann en Brasil

Por suerte, Grann, logró salir vivo de esta aventura. Sus hallazgos, publicados en 2009 bajo el título de “The Lost City of Z: A Tale of Deadly Obsession in the Amazon” fueron un éxito de ventas.

Durante su aventura, el norteamericano, pudo comprobar en sus carnes los peligros de la selva. Las crecidas vertiginosas de los pantanos mientras los atravesaba, como se fueron averiando todos los gps, dispositivos tecnológicos que llevaba por la humedad y el barro, los insectos… vamos, que al final se encontraba como si estuviera en 1925, igual que Fawcett.

David Grann en http://rolfpotts.com/david-grann/

“Eso me dio una visión más realista, una revelación, una visión más cercana a lo que Fawcett y sus compañeros sufrieron a diario”, dice Grann, recordando su experiencia desde la seguridad de un café en Londres en su entrevista con la CNN.

“No quiero volver a hacerlo”, dice. “Con una vez es suficiente.”

Aunque no fue capaz de encontrar el destino de Fawcett, pudo escribir un nuevo capítulo en el libro del misterio de Z, que hacía más de 90 años dejó abierto el aventurero británico.

Fawcett de cacería

La película

Dirigida por James Gray y protagonizada por Charlie Hunnam como Fawcett, Sienna Miller como Nina, y Robert Pattinson como ayudante de campo de Henry Costin.

Afirman que ha sido un rodaje muy complicado (comenzó en 2009), por las tomas en varias selvas colombianas e inmediaciones del río Xingú, en Brasil. Evitando también los más de 60 pueblos de indígenas aislados que “les arrancarían la cabeza”, según el propio director; y que además deben evitar porque posiblemente un resfriado occidental podría matarlos a todos.

Escena de “La ciudad perdida de Z”
Dirección: James Gray
Fotografía: Darius Khondji

La película está basada en el libro de Gray, aunque como ocurre casi siempre en el cine, han tenido que eliminar algunos capítulos.

“La Ciudad Perdida de Z” ofrece una nueva perspectiva sobre Fawcett ya que no se trata solo de mitificarlo, sino de darle algo de razón, nunca estuvo tan desencaminado. La deforestación de la zona del Xingu indica que allí pudieron residir más de 50.000 personas en varios poblados a lo largo de una red de caminos que los comunicaba entre el año 800 y el 1600 a.C.

Escena de “La ciudad perdida de Z”
Dirección: James Gray
Fotografía: Darius Khondji

Fuentes:

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Miguel Ángel Ferreiro

Militar de carrera, Historiador del Arte (UNED) e investigador. Entre África y Europa, como el Mediterráneo.

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