Castellón, algo más que playas, donde el arte rupestre es Patrimonio de la Humanidad

El arte rupestre es una de las más fascinantes expresiones culturales primitivas hechas por el hombre. En un entorno natural, sin urbes, ni escuelas, talleres o museos donde concebir y albergar las obras, la naturaleza fue la fiel aliada de muchos artistas que dejaron en la era prehistórica una huella única e imborrable que, aún hoy, fascina al hombre del siglo XXI.

Las rocas o las cuevas eran el lienzo sobre el que nuestros antepasados reflejaron sus habilidades para dibujar animales, escenas de caza o figuras humana, y la provincia de Castellón alberga grandes ejemplos de ello. Más de 30.000 años perduran ya las pinturas rupestres distribuidas por numerosas localizaciones provinciales. Tírig, la Vall d”Uixó, Albocàsser, les Coves de Vinromà, Serra d”Engarceran o la Serratella son sólo el inicio de un listado de áreas que, en total, albergan más de 500 abrigos rocosos y cuevas de Castellón.

Este reflejo de 30.000 años de historia merecieron ser incluidos en la lista de Patrimonio Mundial de la Unesco en 1998 por aportar un testimonio único de la cultura y la civilización de aquella época prehistórica. Son obras de calidad excelente, muestras únicas en el mundo que fueron descubiertas, no obstante, hace relativamente poco tiempo: a principios del siglo pasado.

Descubiertas a principios del XX

Fue en 1917 cuando se hallaron las primeras pinturas en el barranco de la Valltorta y, desde ese momento, fue incesante los descubrimientos de otras muestras artísticas similares en el entorno y el resto de la provincia. Una belleza totalmente incorporada y mimetizada en un entorno de paisaje agreste, único y espectacular.

Observar algunas de ellas no es complicado para el visitante de la zona: son, en su mayoría, fácilmente accesibles.

detalle de la Cova de Cavalls

El museo

La “zona cero” de esta riqueza cultural ancestral se halla en el Parc Cultural Valltorta-Gassulla: una zona geográfica excepcional hace miles de años para la supervivencia de nuestros ancestros. Los meandros del barranco proporcionaban agua abundante y vegetación para toda clase de fauna, y los abrigos rocosos y miradores eran lugares fabulosos para la observación, la persecución y la caza. Un conjunto, por tanto, idóneo para establecerse en él y dar rienda suelta, de paso, al arte en su expresión más primigenia.

Allí se encuentra el Museo de la Valltorta: un centro de acogida del visitante y de interpretación para poder conocer la historia y los aspectos más interesantes del parque natural.

El centro se creó en 1994 y su objetivo es conservar, estudiar y divulgar los valores del arte rupestre de la Comunidad Valenciana, región muy relevante en este ámbito al igual que muchas otras del arco mediterráneo en donde se asentaron las comunidades primitivas.

reproducción del “abrigo de los caballos” en el Museo de Valltorta.

El edificio del museo es obra de los arquitectos Miguel del Rey Aynat e Iñigo Magro de Orbe, y se ubica en el término municipal de Tírig, a 500 metros del barranco de la Valltorta. Entre sus instalaciones, cuenta con dependencias de trabajo, como laboratorio, almacenes y biblioteca, una sala de exposiciones temporales y cuatro salas de exposición permanente. Sus archivos son el testimonio directo de la memoria visual, científica y tecnológica del conjunto del arte rupestre prehistórico valenciano.

detalle de la cueva de Valltorta

Cuenta con siete salas didácticas, dotadas de recursos interactivos y visuales, para que el visitante se haga una idea de lo que fue dicho entorno.

En concreto, las salas están dedicadas al Paleolítico, al Mesolítico y Neolítico (Arte rupestre levantino), Calcolítico y Bronce (Arte esquemático), Patrimonio Mundial e Historia de la investigación. En ellas se ofrece al viajero y al amante del arte y la historia del hombre un conjunto de recursos audiovisuales imprescindibles para entender de forma sencilla la vida de aquellas comunidades y las técnicas de realización de las pinturas y sus motivos e historia.

Cuevas singulares

Una sexta sala llama especialmente la atención por reproducir a tamaño real la “Cova de Cavalls”. Esta cueva contiene escenas de caza de ciervos y figuras de arqueros en posiciones de disparo o en carrera.

Los expertos destacan el gran realismo, vitalidad y calidad de ejecución de las imágenes, que son el modelo de todo el Arte Rupestres Levantino.

Entre las cuevas, cabe nombrar también la “Cova del Civil o Dels Ribassals”, en Tirig. Está sobre la Rambla Morellana y en ella se pueden observar figuras de ciervos y ciervas, cabras, caballos y jabalíes en diversas escenas de caza. En concreto, es de reseñar la figura de un jabalí en el que se aprecian las flechas y un caballo a la carrera. Las tonalidades son de color castaño claro hasta un color negro, con algunos detalles en blanco.

Los habitantes de la época dejaron también pintados grupos de arqueros que parecen estar danzando un ritual y sus figuras expresan mucho dinamismo: posiciones de disparo, de marcha, de espera, de carrera, de danza o de descanso. Todo ello hace que sea una de las composiciones más complejas de todo el Arte Rupestre Levantino en la que el artista muestra una gran habilidad y calidad compositiva.

detalle de la cueva del civil

El arte rupestre es una de las más fascinantes expresiones culturales primitivas hechas por el hombre. En un entorno natural, sin urbes, ni escuelas, talleres o museos donde concebir y albergar las obras, la naturaleza fue la fiel aliada de muchos artistas que dejaron en la era prehistórica una huella única e imborrable que, aún hoy, fascina al hombre del siglo XXI.

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