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¿Qué era la Santa Liga o Liga Santa?

La flota de la Santa Liga estaba bajo el mando de Juan de Austria

La finalidad de la Santa Liga era frenar la expansión de los turcos en el Mediterráneo.

santa liga lepanto estandarte
Reproducción del estandarte de la Santa Liga, que se conserva en la catedral de Toledo.

El poderío turco en el este del Mediterráneo

Para algunos historiadores, el asedio de Malta de 1565 fue el acontecimiento que señaló el punto de máxima expansión de los turcos otomanos. La muerte de Solimán I, el Gran Sultán, marcó el fin de una era. El ejército turco dejó de ser una fuerza a tener en cuenta en Europa Central, aunque se produjeran operaciones destacables como el ataque a Viena en 1683, ninguna de ellas se iniciaron con posibilidades reales de éxito.

Sin embargo, la situación en el Mediterráneo era muy distinta, los turcos contaban con una poderosa flota bajo el mando de cualificados comandantes navales.

Solimán el Magnífico
Solimán el Magnífico, por Tiziano.

La actitud de la República de Venecia

El ataque de gran magnitud posterior al de Malta de 1565 fue el de Chipre, en 1570. Desde la primera mitad del siglo XVI, la República de Venecia no había tomado parte en ninguna cruzada contra los turcos en el Mediterráneo, y no sería por ofrecimientos, porque recibieron peticiones papales de unirse a una u otra, pero su neutralidad les había permitido comerciar con Oriente Próximo y dejaron que españoles y pontificado combatiesen con los turcos sin su apoyo.

Los turcos traman algo

Selim II, el hijo y sucesor de Solimán, conocido como «el Borracho», fue convencido por sus consejeros de que en caso de guerra con Venecia en el Mediterráneo, era mínimo el peligro de una intervención de la Monarquía Hispánica y del resto de potencias marítimas cristianas. Piali Pachá fue uno de sus influyentes, este veía en un ataque a Venecia el acontecimiento precursor de una renovada ofensiva en el Mediterráneo.

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Selim II (Wikimedia)

El objetivo turco: Chipre

Los turcos pusieron el ojo en Chipre, una isla al sur de la península de Anatolia a la que en caso de reforzarla militarmente, los refuerzos venecianos tendrían que recorrer alrededor de 2000 kilómetros desde Venecia, mientras que para los turcos era mucho más fácil, podrían atacar desde sus bases portuarias de Siria y Anatolia. La isla de Chipre era un caramelo para los turcos.

Buscando Selim II en su religión un casus belli —expresión latina con la que se designa que un acto constituye motivo de guerra o de enfrentamiento—, en febrero de 1570 declaró la guerra santa de reconquista de la isla.

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Mapa de Chipre y su ubicación (Wikimedia)

Piali Pachá, con la flota principal, zarpó en abril desde Constantinopla y Alí Pachá, con la segunda flota, se unió a él en Rodas. Las fuerzas terrestres de invasión, 56.000 hombres, los esperaban en Finica bajo el mando de Mustafá Pachá.

A pesar de que Chipre es una isla montañosa y que su orografía facilitaría una férrea defensa, los turcos, tras avanzar de forma aplastante, tardaron dos semanas en llegar a Nicosia y comenzaron su asedio el 22 de julio. La ciudad cayó en apenas siete semanas.

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Mapa de Famagusta, por Giacomo Franco.

El puerto de Famagusta continuaba resistiendo. Los turcos le ofrecieron la rendición al gobernador Marco Antonio Bragadino, pero este se negó a rendirse y envío una escuadra a Venecia solicitando ayuda.

Venecia pide ayuda

La República de Venecia necesitaba ayuda, pero su política de neutralidad seguida en el pasado ahora le podía suponer un problema. El dux Mocenigo era consciente de que Venecia por sí sola no podría hacer frente a los turcos y recuperar Chipre. Si Venecia perdía toda su flota combatiendo sin apoyo a los turcos, sería el fin de la República. Los embajadores se mostraban muy pesimistas en relación con que Felipe II y el papa Pío V les prestasen ayuda.

Por suerte para la Serenissima, el papa Pío V era un hombre piadoso y no soportaba que un territorio cristiano cayese en manos turcas. Accedió a respaldar a los venecianos y le hizo un llamamiento a Felipe II pidiéndole su apoyo para la formación de una Liga Santa de potencias cristianas para rescatar a Chipre de los invasores musulmanes.

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Retrato del papa Pío V, por El Greco

Felipe II se encontraba envuelto en la rebelión morisca y estaba de acuerdo en ayudar al Papa y al Dux, pero no quería formar parte de ninguna alianza formal. Ordenó a su escuadra siciliana de 49 galeras bajo el mando del genovés Juan Andrea Doria —sobrino del gran almirante genovés Andrea Doria— que colaborará con los venecianos. El papa, como sabía de la intensa enemistad entre Génova y Venecia, eligió para hacer contrapeso a Marcantonio Colonna como comandante del contingente pontificio con 12 galeras a su mando.

Las desavenencias entre los miembros de la flota combinada

El 1 de septiembre, Doria y Colonna entraron en la bahía de Suda, uniéndose a la flota de Zanne. El consejo se reunió y se tomó la decisión de continuar con la ofensiva. Dos semanas más tarde, la flota combinada de 180 galeras navegaba hacia el angulo suroccidental de Asia Menor, por la ruta de la isla de los Cárpatos, en poder de los venecianos.

A oídos de la flota llegó la noticia de que Piali Pachá estaba en Rodas con 200 galeras, amenazando las rutas de comunicación de la flota cristiana. El 19 de septiembre se celebró una asamblea de guerra. Doria no quería continuar, alegaba que el contingente español estaba allí para operaciones combinadas hasta final de mes, cuando tendría que volver a su base.

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Retrato de Juan Andrea Doria (Wikimedia)

Zanne, molesto, ordenó que toda la flota regresara a Candía, afirmando que la estación estaba demasiado avanzada para continuar con las operaciones. En unas semanas, la flota se disolvió. Para proteger Creta permanecieron en Candía 12 galeras venecianas.

La formación de la Santa Liga

A finales de 1570 y principios de 1571, se produjo un ir y venir por el continente europeo de diplomáticos venecianos y papales, intentando obtener apoyos para la Liga Santa contra los turcos. El duque de Toscana, Cosme de Medici, aportó 12 galeras —adscritas al contingente pontificio— y el duque de Saboya proporcionó tres refuerzos para la flota española. Los caballeros de Malta también aportaron una pequeña fuerza de tres galeras.

Los franceses rechazaron unirse a la Liga Santa, Carlos IX alegaba que las guerras de religión en Francia, que habían terminado poco tiempo antes, habían supuesto un gran desgaste militar y económico. El emperador Maximiliano declaró que tenía las manos atadas por los términos de su tratado con Selim II y que no intervendría.

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Adoración del nombre de Jesús, también es llamada El sueño de Felipe II o Alegoría de la Liga Santa, por El Greco.

La ayuda llegó finalmente de Felipe II, quien declaró que sus escuadras española y napolitana acudirían en refuerzo de la escuadra siciliana. Esto significaba que, aparte de la escuadra reservada para la protección a posibles ataques de los piratas berberiscos, toda la flota española de galeras del Mediterráneo intervendría en la campaña. El monarca español nombró comandante de su flota a su hermanastro don Juan de Austria, que tenía 26 años.

Los intereses de cada uno de los miembros de la Santa Liga

Todos los miembros de la alianza, incluso los menores, tenían sus propios motivos para formarla. Los españoles querían acabar con el poder naval turco y proteger sus territorios en Italia de ataques turcos. Los venecianos querían un final rápido de la guerra antes de que su comercio se resintiera y recuperar el control de Chipre. El Papa quería establecer una autoridad moral sobre las potencias seculares participantes en la alianza y, al igual que los venecianos, quería recuperar Chipre.

La ratificación de la alianza

El 25 de mayo de 1571 se constituyó la Liga Santa y fue ratificada por representantes del Papa, del Dux y de Felipe II. Según los términos, la Liga Santa emprendería operaciones contra los turcos y el curso de la campaña se decidiría por votación de los tres comandantes. El comandante en jefe llevaría a la práctica la estrategia decidida por sus tres subordinados.

En cuanto al coste de la empresa, la Monarquía Hispánica asumiría la responsabilidad del 50%, Venecia el 35% y el papado el 15%. A pesar de que tanto españoles como venecianos demandaban que su comandante fuera nombrado «Capitán general de la Mar» en la Santa Liga, finalmente se acordó que don Juan de Austria actuara como comandante en jefe, apoyado por Marcantonio Colonna, Sebastiano Venier y Juan Andrea Doria.

La flota estaba formada por 208 galeras y 6 galeazas. A bordo se hallaban 70.000 hombres (soldados, marinería y galeotes). Esta fuerza cristiana vencería el 7 de octubre a la flota turca en «la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros», la batalla de Lepanto.

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Revelación a san Pío V de la victoria de la Santa Liga en Lepanto, atribuido a Juan de Toledo.

Fuentes:

Angus Konstam (2011). La gran victoria cristiana de Lepanto

Marco-Antonio Arroyo (1576). Relacion Del Progresso De La Armada De La Santa Liga

Agustín Rodríguez González (2004). Lepanto, la batalla que salvó a Europa

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Antonio José Pérez Sánchez

Redactor digital y divulgador histórico. Exmilitar. Mi pasión es la Historia, ya desde pequeño mis primeras lecturas eran sobre personajes y acontecimientos históricos, y hoy sigo con esa sed infinita de conocimientos históricos. Amante de la Historia, del deporte y del Real Betis Balompié. Devorador insaciable de libros.

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