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La batalla de Otumba, una victoria casi imposible para las tropas de Hernán Cortés

Las tropas mexicas superaban en gran proporción a las españolas y tlaxcaltecas

Tras la Noche Triste, Hernán Cortés emprendió el camino a Tlaxcala con menos de 500 hombres, constantemente hostigados por los nativos.

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Hernán Cortes, por Augusto Ferrer Dalmau.

El enorme ejército mexica

Tras sacrificar a los prisioneros y “limpiar” la ciudad de Tenochtitlán el nuevo emperador mexica, Cuitláhuac, decidió perseguir a los españoles con el fin de destruirlos antes de que pudieran refugiarse dentro de las tierras de sus aliados tlaxcaltecas.

Un impresionante ejército de cera de 40.000 guerreros mexicas (en su mayoría tenochcas, pero también tepanecas, xochimilcos y miembros de otras tribus) los alcanzó en los llanos de Otumba, a mediados de julio, donde les cortó el paso. Los mexicas estaban deseosos de capturar a más prisioneros para ofrecerlos ritualmente a sus dioses.

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Ruta de escape de los españoles y los tlaxcaltecas hacia Tlaxcala (Wikimedia)

Al mando de este gran ejército estaba el sumo sacerdote y primer ministro, el ciuacoatl, el personaje más poderoso tras el emperador. Los indios sentían que los propios dioses les ayudarían a exterminar a los odiados invasores, que ya habían sido derrotados pocos días antes. Incluso los caballos habían demostrado ser mortales, y los temidos cañones yacían en el fondo del lago. Solo cabía la victoria para los mexicas.

Vencer o morir

Los exploradores españoles contemplaron la enorme masa de guerreros que les cortaba el paso, y se lo comunicaron a Cortés. No quedaba otra alternativa que combatir, para vencer o morir. A pesar de la desproporción, los españoles y sus aliados tlaxcaltecas no se arredraron, y formaron para la batalla.

Los mexicas comenzaron a rodear a los hispanos y a sus aliados, que resistieron inicialmente, recurriendo a sus escasas ballestas y arcabuces. Incluso las mujeres tomaron las armas, algo que asombró a los mexicas. Comenzaba una batalla que no ha tenido parangón en la historia militar.

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Batalla de Otumba. Óleo del siglo XVII.

La dureza de la batalla

La veintena de jinetes españoles cargó contra la masa de indios, penetrando en la densa formación, abatiendo a numerosos guerreros. a golpe de espada, mientras sus poderosas armaduras y rodelas les protegían de las mazas lanzas de obsidiana. Los grandes caballos de guerra no cesaban de moverse, para no ofrecer un blanco estático, mientras coceaban. Tras una carga, los jinetes retrocedían, se reagrupaban y atacaban en otro sector.

Mientras tanto, la infantería era objeto de la salvaje carga mexica, que se estrelló contra el muro de acero español. Los veteranos españoles se mantuvieron firmes, en formación cerrada, causando enormes bajas en las filas mexicas, utilizando sus espadas y picas, protegidos por corazas y rodelas, y apoyados por sus aliados tlaxcaltecas, que también luchaban furiosamente contra sus enemigos mexicas. Pero el número de guerreros enemigos parecía infinito y los españoles terminarían por ceder.

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Batalla de Otumba (Taringa)

Una trascendental carga de caballería

En ese momento, los jinetes identificaron al más alto y adornado de los guerreros mexicas, al que supusieron jefe supremo de su ejército. Era su única oportunidad y Cortés, acompañado por otros cinco jinetes, se lanzó al galope sobre el ciaucoatl al grito de «¡Santiago!». Tras abrirse paso entre la masa de guerreros, llegaron hasta el grupo donde estaba el ciaucoatl, que fue abatido por Juan de Salamanca, quien se hizo con su insignia, agitándola en señal de victoria.

Al ver esto, el temor y el caos se apoderaron del ejército mexica, que rompió filas y huyó en desbandada, siendo perseguido por la caballería española y los aliados tlaxcaltecas. Más de 5.000 guerreros murieron ese día.

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Juan de Salamanca abate al ciaucoatl y le arrebata la insignia (Fondo Antiguo de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla).

Fuentes:

Francisco de Aguilar (2003). «Relación breve de la conquista de la Nueva España»

Iván Vélez (2019). «La conquista de México. Una nueva España»

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Antonio José Pérez Sánchez

Empresario y exmilitar. Mi pasión es la Historia, ya desde pequeño mis primeras lecturas eran sobre personajes y acontecimientos históricos, y hoy sigo con esa sed infinita de conocimientos históricos. Amante de la Historia, del deporte y del Real Betis Balompié. Devorador insaciable de libros.

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