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Las repercusiones para la Villa de Madrid de la instalación de la Corte de Felipe II

Durante el reinado de los Reyes Católicos, los aparatos centrales de la Monarquía permanecieron en la población tres años (1482, 1486 y 1494)

A finales de los años 50 del siglo XVI, la monarquía ya había decidido establecer su Corte en la villa de Madrid.

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Vista de Madrid desde el Oeste, frente a la Puerta de la Vega, 1562 (Antoon Van Den Wijngaerde)

De Toledo a Madrid

El padre del futuro Felipe II, Carlos I, había sido un rey «viajero» que no dudaba en acudir donde fuera necesaria su presencia, por lo que no fijó su residencia, pero cuando ya la edad y el cansancio por tanta guerra hacían mella en su cuerpo, sería en la ciudad de Toledo fue donde mantuvo una presencia más o menos continuada —al parecer, desde 1525 residió en quince ocasiones.

Toledo era la capital no declarada del imperio, como ya lo había sido desde que Alfonso VI la conquistara en 1085. Otra ciudad castellana que destacó como sede más duradera de la estancia del emperador fue Valladolid, centro administrativo y ciudad en la que el príncipe Felipe vino al mundo.

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Fotografía tomada en Valladolid por el autor (Foto: @Retohistorico / AJP)

Felipe II no era como su padre, era más sedentario, algo que haría posible el establecimiento de una capital estable. En 1559 estableció su Corte en Toledo, entrando en la ciudad el 26 de noviembre, seguido al día siguiente por su hijo Carlos y su tercera esposa, la reina Isabel de Valois. Previamente había visitado de incógnito la ciudad supervisando las obras de acondicionamiento del alcázar, donde residiría. El rey, la reina y el príncipe no fueron solos, tras ellos llegaron una multitud de caballeros y nobles que provocaron problemas de alojamiento en la ciudad, ya que no había bastantes para albergar a tanto cortesano.

Pero si Felipe II estableció su Corte en Toledo, ¿por qué dos años después, en 1561, ordenó el traslado a Madrid? Sobre esta regia decisión se han barajado dispares teorías, e incluso algunas descabelladas; en realidad fueron factores estructurales los que llevaron a que el rey considerase Madrid como idónea para establecer su Corte y la capital del imperio.

¿Por qué Felipe II decidió trasladar la Corte a la villa de Madrid?

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Retrato del rey Felipe II en la jornada de San Quintín, por Antonis Mor, 1560 (El Escorial)

Una de las teorías sería la centralización geográfica, que ya había sido percibida por los sucesivos soberanos de la dinastía de los Trastámara, pero esta teoría carece de fundamentos sólidos, porque Toledo no se encontraba más lejos del centro de la península que Madrid, ya que una distancia de 70 km no podría ser suficiente motivo para el cambio. Cuando muchas capitales europeas se ubicaban junto al mar y ríos navegables, la Corona Hispánica eligió una población en el centro peninsular.

Algo no totalmente descartable sería la idea de que la Corona se encontraba molesta por la sublevación de los comuneros en 1520, —Madrid también tenía ese pasado, pero menos extremo que en el caso toledano— pero lo más lógico habría sido que el castigo lo hubiese infligido en su momento el Emperador, y de haber sido así, ¿por qué entonces Felipe II reunió Cortes en 1559 en la ciudad del Tajo y residió allí durante un tiempo?

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Blasón imperial de la Puerta Bisagra de Toledo. (Foto: @Retohistorico / MAFT)

Otra teoría afirma que fue el mejor clima de Madrid y la fama de sus buenos aires —quién lo diría ahora— y por mayor abundancia y calidad del agua. En Toledo el abastecimiento del líquido elemento suponía un problema, ya que para lavar y fregar se utilizaba el agua de lluvia almacenada en aljibes; en el casco antiguo existían escasos pozos. En 1569, el ingeniero al servicio de Carlos I, Juanelo Turriano, diseñó un artificio mecánico con el que consiguió subir agua del Tajo, pero las continuas averías y el costoso mantenimiento supusieron más un problema que una solución.

Las condiciones cinegéticas de los alrededores eran perfectas para un monarca amante de la caza como era Felipe II, porque tendría cerca los cotos de caza del Pardo y Segovia, que ya visitaba con asiduidad.

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El Pardo (Patrimonio Nacional)

Como ya se ha dicho anteriormente, cuando en 1559 el rey estableció su Corte en Toledo, hubo problemas de alojamiento para los cortesanos, que se quejaban de no encontrar en la ciudad las condiciones idóneas para vivir: escasez de espacios, falta de espacios para animales, incomodidad del urbanismo con sus estrechas callejuelas… Madrid presentaba otras características urbanísticas.

Una causa que el historiador toledano Fernando Martínez Gil toma por importante es la de la ausencia en Madrid de una autoridad eclesiástica con la que pudiese chocar y que pudiese hacerle sombra al estar tan cerca. Con la Corte en Madrid, el rey se sentiría más libre a la hora de tomar decisiones, pero a la vez estaría lo bastante cerca para mantener el contacto. Ya hubo un choque entre ambos poderes en 1556, cuando el cardenal de Toledo, Juan Martínez Silíceo, se opuso a las pretensiones del rey de apoderarse de parte de las rentas de los clérigos para sus gastos de guerra.

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Retrato del Cardenal Juan Martínez Silíceo, grabado de Manuel Alegre por dibujo de José Maea (Libro «Retratos de Españoles ilustres»)

Hubo un viaje en el pasado que pudo influir también en la de decisión: cuando, con 21 años, viajó requerido por su padre de Barcelona a Bruselas, pasando por Génova, Milán, Trento, Innsbruck, Munich y Heidelberg. Y, visitando ya los Países Bajos, quedó Felipe maravillado ante su naturaleza, las novedosas realidades artísticas y los recientes descubrimientos científicos. Esta impresión que se llevó de su viaje intentó plasmarla en España, favoreciendo el diseño de palacios y jardines como los que había visto en su viaje. Para esto, Toledo, una ciudad con un urbanismo medieval de callejuelas y cuestas, suponía un obstáculo.

Otras razones tomadas en consideración fueron la avanzada ampliación del Alcázar a cargo de Carlos I y que su hijo Felipe comprase los terrenos circundantes —Campo del Moro, la Huerta de la Priora y la Casa de Campo— para aislarlo del caserío creando en sus inmediaciones un espacio para su disfrute exclusivo. La existencia de una nobleza local próxima al poder regio también tuvo su importancia.

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Carlos I y Felipe II, por Antonio Arias Fernández, 1639-1640 ( depósito del Museo del Prado)

La Corte llega a Madrid

El lunes 19 de mayo de 1561 Felipe II ordenó el traslado y él salió de Toledo hacia Aranjuez, y de allí, posteriormente, a Madrid. El día 27 y 28, la reina y el príncipe partieron respectivamente hacia la que sería la nueva capital. A partir de ahora, Madrid se convertiría en la sede del gobierno del reino, allí residirían permanentemente todas las oficinas centrales de gobierno y los Consejos se reunirían en el Palacio Real.

Madrid se convertiría en una ciudad burocrática, aunque hay que decir que antes ya había alojado a la burocracia real durante el reinado de los Reyes Católicos (1482, 1486 y 1494), las regencias de Cisneros (1516-1517) y el propio príncipe Felipe (1543-1548 y 1551-1554). Esta «burocratización» de Madrid y la llegada de la corte provocaron cambios en la Villa, en su población y en su economía.

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Cuadro del siglo XVII del Cardenal Cisneros en el Convento de San Juan de la Penitencia de Alcalá de Henares

El incremento de la población

La capitalidad supuso un repentino cambio en la población, que sufrió un notable aumento de habitantes, de 18.000 en 1561 a 100.000 en 1600. En menos de 50 años la población de Madrid se multiplicó por seis, rebasando con creces la tasa de crecimiento anual del resto de las urbes castellanas y convirtiéndola en una de las 20 ciudades europeas más pobladas.

Con el crecimiento positivo de la población, aumentó la superficie de la ciudad, que si en 1535 apenas abarcaba 72 Ha., comprendería 134 treinta años más tarde, alcanzando a finales del siglo XVII las 284. En el aumento de la superficie urbana tenía mucho que ver la presencia de los edificios y espacios destinados al uso público, que ocupaban una extensión superior a la media.

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La Casa de las Siete Chimeneas en el siglo XVI y en 1882, de La Ilustración Española y Americana (15-10-1882).

En 1563 Madrid estaba compuesta por 2.520 inmuebles, en 1571 pasó a 4.000, y rebasó los 7.590 en las postrimerías del reinado de Felipe II. El número de casas se multiplicó por 3 y supuso un ritmo anual de construcción de 150 viviendas.

El aumento de la inmigración

En los primeros años del establecimiento de la Corte en Madrid, el movimiento migratorio estaba compuesto por personas ligadas al aparato del Estado, porque detrás del rey y su familia había un enorme séquito a su servicio, al que hay añadir la alta nobleza, clérigos, el grueso de la burocracia estatal, banqueros y el contingente militar que velaría por la seguridad de la familia real. Todos los anteriormente mencionados traerían consigo a parientes y familiares, pudiendo afirmar que en los años posteriores a 1561 se establecieron en la ciudad unas 20.000 personas.

Es muy importante destacar que, además de estos grupos cercanos a la monarquía, también llegaron una gran cantidad de campesinos que buscaban mejorar sus expectativas de vida en una ciudad en fase de expansión. Los recién llegados contaban con bajo poder adquisitivo y se radicaron en las zonas de la periferia —como las prolongaciones de los arrabales de Santa Cruz y San Martín—. El declive de ciudades como Segovia, Valladolid y Toledo contribuyeron a este movimiento poblacional.

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Azulejo de la plaza de San Martín

El cambio en el urbanismo

Como ocurrió en 1559 con Toledo y sus problemas de alojamiento para cortesanos, en Madrid pasó lo mismo al principio, la población no estaba preparada para acoger tal volumen de huéspedes distinguidos. En 1561 el Mariscal del rey requisó el 20 por ciento de las casas existentes, pero aunado a las oleadas de inmigración fue insuficiente. La Junta de Aposento optó por reservar la mitad de las viviendas del caserío para este fin, pero muchos propietarios manifestaron la imposibilidad de ceder tal superficie y los más privilegiados protestaron por lo que consideraban una violación de sus exenciones fiscales.

Muchos de de esos dueños construyeron o reformaron sus propiedades para eludir aquella pesada carga: las casas a la malicia, diseñadas para evitar ser compartidas con los funcionarios de la Corte. Grosso modo, eran casas a las que exteriormente (por las ventanas) parecían tener menos plantas de las que tenían en realidad.

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Calle del Toro, en el Barrio de los Austrias, donde aún se pueden apreciar ejemplos de “casas a la malicia” (Foto: @Retohistorico / MAFT)

En la formación y desarrollo de la ciudad no hubo planes ordenados de crecimiento urbano, la expansión se realizó a partir del núcleo primitivo proyectándose radialmente alrededor de las principales vías de salida al exterior: calles de San Bernardo, Fuencarral, Hortaleza, Atocha, Embajadores y calle Toledo.

Las actividades mercantiles y financieras

El establecimiento de la Corte provocó una importante transformación en las actividades mercantiles, Madrid se convirtió en el punto de mira de los distintos representantes del capital. Se produjo un desembarco masivo de mercaderes portugueses —quienes acaparan una parte significativa del negocio de la exportación de la lana y de la importación de paños, lencena y otras manufacturas— y españoles. También llegaron banqueros, como el caso de las familias genovesas de Spinola, Centurione y Strozzi.

El derrumbe del comercio internacional burgalés entre 1577 y 1585, derivado de la guerra de los Países Bajos benefició a Madrid, que se convirtió en una pujante plaza de seguros marítimos, comenzando a destacar en la vida urbana la figura del corredor de seguros. Desde la llegada de la Corte, los mercaderes de artículos de lujo comienzan a tener un gran volumen de negocio, constituyéndose en compañías.

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La gran maqueta de Madrid construida entre los años 1828 y 1830, por León Gil de Palacio, incluye muchas calles, trazados y edificios de aquella época poco antes de su modificación (Museo de Historia de Madrid)

Si unos se dedicaban al comercio de artículos de lujo, había otros que con sus negocios satisfacían la demanda básica del grueso de la población (comida, mobiliario, calefacción, luz, menaje). En las calles de Madrid comenzaron a proliferar regatones, tratantes y minoristas, que se dedicaban a la venta de artículos de primera necesidad.

Se produjo un cambio en los hábitos de consumo y estos había que satisfacerlos con bienes, por lo que esto tuvo profundas consecuencias para la población, pero sobre todo en especial a los artesanos. Muchos artesanos se especializaron y comenzaron a abastecer de productos a la población y a las élites. De los talleres cada vez salían más bordados, ropa de sastrería, cintas de seda y una amplia panoplia de mercancías de lujo.

También, al calor del ritmo de construcción de viviendas y edificios del estado, hizo que en Madrid proliferasen los albañiles, peones, mozos de obra, carpinteros, canteros y otros oficios afines.

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La Casa de la Panadería, en la Plaza Mayor, empezó a construirse en tiempos de Felipe II y se concluyó durante el reinado de Felipe III, cuya estatua ecuestre, obra de Juan de Bolonia y Pietro Tacca, aparece a la izquierda. (Wikimedia)

El mercado laboral

El aumento del número de artesanos y la aparición de nuevos oficios ocasionó una reducción de precios, y esto a su vez, un incremento de las tensiones laborales y un deterioro de las condiciones de vida de las clases subalternas.

Un oficio que supuso una fuente de empleo para los inmigrantes fue el de criado, que se convirtió en un numeroso colectivo en la ciudad al servicio de los privilegiados. Estos disfrutaban de un empleo más o menos fijo, que contaba con el sustento diario y una escasa remuneración. El criado tenía que atender a su dueño día y noche, pudiendo sufrir castigos corporales. La legislación del reinado de Felipe II prohibía taxativamente que pudieran cambiar de amo sin permiso del anterior so pena de ser encarcelados durante veinte días y desterrados de la Corte por un año. El volumen en la población pudo suponer el 8 por ciento.

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Interior del Monasterio de las Descalzas Reales, fundado en 1559 por Juana de Austria, hermana de Felipe II (Wikimedia)

La miseria

A la vez que a Madrid llegaban clases sociales privilegiadas, también llegaron desfavorecidas, siendo la ciudad incapaz de absorber tal cantidad de efectivos humanos, ya que las posibilidades productivas de la capital habían tocado techo, provocando el aumento de la miseria en una ciudad que se convirtió en almacén y fábrica de pobres.

A la dificultad de encontrar empleo para el recién llegado, se sumaba la de adquirir una vivienda, ya que los alquileres se habían disparado (un problema que viene de lejos como vemos). La presión fiscal no ayudaba al desarrollo de las actividades económicas y al consumo. Los impuestos altos produjeron una subida generalizada de todos los productos de primera necesidad a excepción del pan, que fue regulado por las autoridades con el fin de evitar el estallido de motines.

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Niños comiendo uvas y melón, por Bartolomé Esteban Murillo, 1650, Alte Pinakothek, Múnich

La marginación social y la pobreza aumentó, sirviendo para nada las numerosas prohibiciones de mendigar decretadas por la Sala de Alcaldes o la creación de una serie de centros asistenciales, como asilos y hospicios, que se vieron desbordados. La pobreza también motivó la aparición de la venta callejera y el trabajo realizado por multitud de mujeres en tabernas y bodegas, prohibido asimismo por considerarse una tapadera de la prostitución.

La delincuencia aumentó. El 40 por ciento de los delitos eran por provocar: heridas, golpes, malos tratos, cuchilladas y homicidios. En segundo lugar, los delitos contra la propiedad: robos, hurtos, raterías, falsedades y estafas —representaron entre un 25 y un 30 por ciento del total. Cerca del 17 por 100 eran infracciones contra la moral: adulterio, la sodomía y el amancebamiento.

En 1598, la Puerta del Sol, era uno de los sitios más inseguros de la ciudad, puesto que en ella se juntaban maleantes que al menor descuido robaban al que estuviese por allí. A finales del siglo XVI, Madrid se había convertido en una de las ciudades más inseguras de Europa, abriéndose entre 1580 y 1598 en la Sala de Alcaldes una media anual de 132 causas criminales, cifra mucho más alta que la registrada en otras ciudades europeas.

Palacio de Santa Cruz, antigua sede de la Sala y hoy Ministerio de Asuntos Exteriores, en la Plaza de la Provincia de Madrid. (Wikimedia)

Un nuevo traslado de la Corte, a Valladolid

En 1598 Felipe II abandonó la Villa y se instaló en el Monasterio de El Escorial, donde pasó el resto de sus días.

La Corte sufrirá también otro traslado, aunque fue breve, de 1601 a 1607, y fue a Valladolid, durante el reinado de su sucesor Felipe III, incentivado por su valido el duque de Lerma, que buscaba alejarlo de la influencia de su abuela la emperatriz María de Austria y para realizar sus «trapicheos urbanísticos», de los cuales obtuvo gran beneficio económico.

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Retrato ecuestre del duque de Lerma, por Peter Paul Rubens, 1603 (Museo del Prado)

Fuentes:

Alfredo Alvar Ezquerra (1985). Felipe II, la Corte y Madrid en 1561

J. M. López García (1998). El impacto de la Corte en Castilla. Madrid y su territorio en la época moderna

Manuel Fernández Álvarez (1962). El establecimiento de la capitalidad en Madrid. Madrid en el siglo XVI

D. R. Ringrose (1985). Madrid y la economía española, 1560-1850

Fernando Chueca Goitia (1974). Madrid, ciudad con vocación de capital

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Antonio José Pérez Sánchez

Empresario y exmilitar. Mi pasión es la Historia, ya desde pequeño mis primeras lecturas eran sobre personajes y acontecimientos históricos, y hoy sigo con esa sed infinita de conocimientos históricos. Amante de la Historia, del deporte y del Real Betis Balompié. Devorador insaciable de libros.

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