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¿Pudo un huevo podrido ser la causa de la conquista musulmana en España?

La leyenda de Florinda la Cava

Corría el año 710, cuando Rodrigo, el último rey visigodo, iniciaba su tumultuoso ascenso al trono. Contó con el favor del clero y la aristocracia que, tras celebrarse un consejo, intervinieron a favor de su nombramiento. Sucedía al rey Witiza, que falleció antes de la treintena por causas desconocidas.

Ilustración del rey Rodrigo. Obra perteneciente a Mariano de la Roca y Delgado que figura en el Museo del Prado.

No obstante, las crónicas mozárabes de la época, mantienen que ocurrió de forma violenta. No es difícil imaginar que la nobleza moviera hilos para derrocarlo y posiblemente asesinarlo, eludiendo el derecho hereditario de sucesión.

Rodrigo reinó durante un año y podría decirse que, desde el primer momento de su coronación, estuvo rodeado de conflictos que tambalearon su posición en el trono. La corte estaba dividida, como también lo estaban muchas regiones que se negaban a reconocerlo como su rey, sembrándose la discordia entre ambos bandos. Por un lado, estaban los que apoyaban a Rodrigo y, por otro, los que apoyaban a Agila II, que contaba con el respaldo de Oppas (obispo de Sevilla y hermano de Witiza).

Entre tanto, los musulmanes tenían a Hispania en el punto de mira y los ataques a Ceuta para atravesar la frontera, empezaban a ser frecuentes. El conde Olián (conocido como Julián), era su gobernador y defendía la frontera valiéndose de sus tropas visigodas.

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La hija del Conde don Julián

Y pensaréis… ¿qué tiene que ver todo esto con un huevo podrido? Pues bien, existen escritos de contenido no demostrado, que cuentan que Julián tenía una hija llamada Florinda, que, al parecer, era muy hermosa. Su padre decidió enviarla a la corte de Toledo para que tuviera una buena educación y, de este modo, desposarla en el futuro con algún miembro de la nobleza.

Según alguna de las versiones del relato, el rey Rodrigo padecía sarna por entonces, y uno de los quehaceres de la joven consistía en tratar su dolencia. Así fue como, poco a poco, y tras varios encuentros, Rodrigo fue interesándose por la muchacha. Deseaba tenerla, pero, desgraciadamente su interés solo era un mero capricho. En su mente no contemplaba la idea de desposarla y su fama de mujeriego lo precedía.

Otras versiones aseguran que Rodrigo vio a la ceutí bañándose cerca de lo que hoy se conoce como “Torreón del Baño de la Cava”, (Toledo), quedando obsesionado con la muchacha.

Ilustración del rey Rodrigo y Florinda La Cava. Obra de N. Méndez Bringa.

Después de varias visitas, el empeño de Rodrigo por hacerla suya se fue acrecentando y, un día, dominado por la lujuria, forzó a la joven hasta deshonrarla. Tras lo ocurrido, Florinda decidió enviar a su padre un paquete que contenía, entre otras cosas, un huevo podrido.

En cuanto Olián lo vio, supo lo que había sucedido y marchó hacia Toledo para llevarse a su hija, aludiendo que su esposa se encontraba muy enferma y solo la presencia de su hija lograría reconfortarla. Una vez de regreso en Ceuta, Olián inició su plan de venganza. Entabló estrechas relaciones con los musulmanes y, después de llegar a un acuerdo con ellos, le hizo entrega de varias embarcaciones para facilitarles la entrada a la península.

Los musulmanes entran en Hispania

Cuando a Rodrigo le comunican que los musulmanes han conseguido penetrar en la península y avanzan rápidamente hacia el interior, se encontraba en el norte tramando un ataque contra los vascones. La terrible amenaza de conquista no atañía solo a Rodrigo, pues en cuanto la noticia se hizo eco, las regiones defensoras de Agila II, deciden dejar a un lado sus rencillas para unirse al ejército de Rodrigo. Entre ellos, se encontraban dos hijos de Witiza, que brindaron su apoyo incondicional a la causa.

Ilustración del rey Rodrigo dando instrucciones antes de iniciarse la batalla de Guadalete. La obra pertenece a Bernardo Blanco y figura en el Museo del Prado.

La alianza otorgó a Rodrigo un ejército muy numeroso, de modo que decide marchar al sur para presentar batalla. En algún punto del río Guadalete tuvo tugar la encarnizada batalla. Rodrigo superaba con creces el número de hombres de las tropas sarracenas. Estudió la ofensiva y, cuando lo tuvo claro, desplegó su ejército dejando los flancos comandados por hijos de Witiza, para manifestar su deseo por la reconciliación. Sin embargo, lo que parecía augurar una victoria segura, muy pronto se tornó desastre.

Guadalete

Cuando el sonido de las armas estalló en combate, el aire transportó el inconfundible hedor de la traición. Las dos hileras comandadas por los hijos de Witiza cambiaron de bando desatando la confusión entre sus compatriotas. Los hombres apostados en la zona central defendían sus posiciones bajo las órdenes de Rodrigo, pero el demoledor efecto de los acontecimientos los desalentó. Un aluvión de flechas sarracenas arremetió incesante sobre la defensa hispana debilitándola. A un lado se oían clamores y vítores a Alá, a otro, aullidos de dolor y desesperación que pronto enmudecerían tras hallar el consuelo del descanso eterno.

El fracaso fue tan aplastante que se podría decir que allí se puso fin al reino visigodo. De Rodrigo no se supo qué ocurrió realmente. Algunas fuentes afirman que murió en batalla, otras que consiguió huir a lo que hoy es Portugal.

Ilustración del rey Rodrigo durante la batalla de Guadalete. Obra de Marcelino de Unceta.

Lo que sí está claro, es que el conde Olián traicionó a los suyos permitiendo la entrada de los musulmanes a la península y que los hijos del rey Witiza abandonaron a sus compatriotas cumpliendo con el pacto al que llegaron con los sarracenos para recuperar el trono que Rodrigo les había usurpado. Pero pese a toda la sangre derramada, los musulmanes nunca llegaron a cumplir con su parte.

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