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La expedición Domínguez-Escalante: 6 meses, 3000 kilómetros recorridos y ni una sola baja

Recorrieron los actuales estados de Nuevo México, Colorado, Utah y Arizona

En el verano de 1776, dos misioneros franciscanos diseñaron una misión para comunicar Santa Fe y la bahía de Monterrey. Fueron los primeros europeos que recorrieron la meseta de Colorado; regresando luego a través de Arizona a Nuevo México

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Diario de la expedición Domínguez-Escalante

Por suerte, poco a poco sale a la luz más información sobre la huella española en los territorios que hoy comprenden los actuales Estados Unidos. Gracias a libros y artículos, podemos conocer más sobre el paso de los españoles por esos territorios, bastante anterior al de ingleses y franceses.

Es conocida la enorme aventura vivida a principios del siglo XVI por Álvar Nuñez Cabeza de Vaca acompañado de Dorantes, Estebanico y Alonso del Castillo, en el norte de América, pero también va siendo hora de rescatar una de las expediciones más notables y menos conocida que se dio a conocer en el Diario de la Expedición Domínguez-Escalante por el Oeste Americano (Nuevo México, Colorado, Utah y Arizona). Este es el diario y derrotero de la última gran misión exploratoria emprendida por los españoles en lo que hoy es territorio de los Estados Unidos, aunque en esa época era conocido como el Gran Norte.

La expedición

En el verano de 1776, mientras la costa de Nueva Inglaterra estaba en plena “guerra de Independencia” —que terminaría en el nacimiento de los Estados Unidos de América—, dos misioneros franciscanos: fray Francisco Atanasio Domínguez y fray Silvestre Vélez de Escalante; preparaban un plan arriesgado, querían afianzar los territorios fronterizos más al norte de lo que entonces era el Imperio español en América y trazar una línea que pusiera en contacto los puntos dispersos —misiones y presidios— que se esparcían por la frontera norte de Nueva España. Las intenciones de los misioneros eran las de establecer una línea de comunicación directa entre la población de Santa Fe y la bahía de Monterrey.

También, como religiosos que eran, querían convertir a los indios hopi y averiguar el paradero de los indios barbones, que podían ser descendientes de los miembros de una expedición perdida de españoles, y explorar un vasto y desconocido territorio.

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Mapa de la expedición Domínguez Escalante

A los misioneros no les faltaban ganas y coraje para semejante empresa, pero sí algo importante: experiencia en la frontera. Ambos carecían de un tiempo suficiente viviendo en la zona y no conocían las lenguas locales, para lo cual reclutaron a ocho exploradores, formando un grupo no muy numeroso para así avanzar sin despertar sospechas. Se rodearon de un militar retirado, un cartógrafo, un artista, un curtido colono soldado de frontera. También, como en muchas expediciones, estaba formada por indios hispanos, o que se encontraban en proceso de hispanización.

Los indios, como los hermanos Andrés y Lucrecio Muñiz, conocían varias lenguas locales y habían convivido con algunas de las tribus con las que se encontraron en los primeros días del viaje. Los indígenas auxiliares desempeñaban funciones de traducción, guías y sirvientes. Al principio los misioneros desconfiaban de ellos, pero conforme avanzó la expedición y se dieron cuenta de su enorme importancia, eran imprescindibles.

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Mural de la expedición en la bóveda del capitolio de Utah

La crónica del viaje

El diario de la exploración se lee como una novela de aventuras, y retrata un mundo fronterizo con personajes complejos, cada uno «de su padre y de su madre», como coloquialmente se dice, y con sus intereses. Como muchas crónicas de los viajes que se realizaron en el Nuevo Mundo, el relato estaba escrito con el objetivo de convencer al rey de que era necesaria –y sería rentable– la conquista de la región así como la conversión de sus habitantes, por eso estos escritos han de leerse entendiendo las intenciones con las que se concibieron.

En el Diario de la Expedición Domínguez-Escalante, es importante el protagonismo del impresionante paisaje que recorren, entre los que se encuentran desiertos salvajes, cañones, ríos infranqueables, etc. Esto es la trama principal, pero conforme avanza la expedición, aparece la secundaria, que no es ni más ni menos lo que aparecían en tantísimas expediciones: las diferencias entre los miembros del viaje y el contacto con los diferentes grupos de nativos. El diario es un valioso documento antropológico que retrata la vida de los indios americanos y el momento del contacto con los europeos.

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Valle Paradox y río Dolores, en el occidente de Colorado (Wikimedia)

El final de la exploración y sus consecuencias

La expedición nunca llegó a su destino. Tras tres meses de exploración, cuando todavía se encontraban a mitad de camino, el duro invierno se les echó encima. Las inclemencias meteorológicas destrozaron la moral de los integrantes del grupo. Como unos querían seguir y otros no, lo echaron a suertes si continuar o retroceder, y el resultado fue retroceder.

Aunque no hay que tomarlo como un fracaso, porque regresar a Santa Fe les salvó la vida, habría sido imposible sobrevivir con esa meteorología y sin estar equipados para soportarla. La vuelta no fue nada fácil, tuvieron que atravesar las turbulentas aguas del río Colorado, comer sus propios caballos para sobrevivir y atravesar el territorio de los indios hopi, con quienes en esa época no tenían una relación amistosa.

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Bosque nacional de Uinta, centronorte de Utah

La información contenida en los mapas de Bernardo de Miera —el cartógrafo—, sirvió más tarde a exploradores estadounidenses en su avance hacia el oeste. La ruta desde Santa Fe hasta el Valle del Lago Salado se hizo conocida como el Viejo Sendero Español (Old Spanish Trail).

Miera, que hizo una gran labor, ha sido olvidado; con Domínguez también pasó lo mismo. Quien sí obtuvo reconocimiento fue el padre Escalante, porque institutos, hoteles, ríos, cañones y carreteras llevan su nombre.

Fuentes:

F. Fernández Armesto (2014). Nuestra América. Una historia hispana de Estados Unidos

D. Weber (2000). La frontera española en América del Norte

Fray Francisco Atanasio Domínguez y Fray Silvestre Vélez de Escalante (edición de Javier Torre Aguado. 2016). Diario de la expedición Domínguez-Escalante por el Oeste Americano

Antonio José Pérez Sánchez

Empresario y exmilitar. Mi pasión es la Historia, ya desde pequeño mis primeras lecturas eran sobre personajes y acontecimientos históricos, y hoy sigo con esa sed infinita de conocimientos históricos. Amante de la Historia, del deporte y del Real Betis Balompié. Devorador insaciable de libros.

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