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La batalla de Salamina: victoria griega en el mar

Esta batalla se produjo durante la Segunda Guerra Médica

La isla de Salamina, el lugar donde se produjo esta gran batalla, es la mayor de las islas del golfo Sarónico y la más cercana de Atenas. Tiene una extensión de 95 kilómetros cuadrados y un perímetro costero de 84 kilómetros. Su población actual es superior a los 28.000 habitantes.

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Vista de satélite de la isla de Salamina. (Wikimedia)

Jerjes sucede a su padre Darío I

En el contexto de la Primera Guerra Médica — serie de enfrentamientos bélicos a lo largo de la primera mitad del siglo V a.C. entre el imperio persa y las ciudades-Estado de Grecia—, Darío I de Persia fue derrotado por los griegos en la batalla de Maratón el 12 de agosto de 490 a. C. Esta derrota provocó la retirada de los persas a Asia.

El rey Darío sentía que había perdido una batalla, no la guerra, por lo que su intención era resarcirse de esta derrota en cuanto pudiese. No le fue posible llevar a cabo su venganza, murió en el año 485 a. C. Su hijo Jerjes lo sucedió en el trono del imperio persa y prepararía un ejército invasor que venciese a los griegos.

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Jerjes I, también conocido como Jerjes el Grande. (Wikimedia)

Para lograr esto, primero tenía que pacificar Egipto y Caldea y después negociar con los griegos del norte. Por otro lado, en el otro bando, los griegos reanudaron sus disputas y divisiones entre ciudades.

Tras recibir la visita de los embajadores de Jerjes exigiéndoles sumisión total, los griegos, conscientes de la superioridad persa y de que podían ser derrotados, celebraron una reunión general de jefes y acordaron que todos los griegos quedarían bajo el mando de los espartanos.

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Grecia continental europea. (Historia Antigua Universal II. El mundo griego)

Comienza la Segunda Guerra Médica

El gran ejército de invasión de Jerjes cruzó el Helesponto (los Dardanelos o estrecho de los Dardanelos) a finales de abril de 480 a. C. y la armada se encontraba en Fócea. Según Herodoto, la escuadra de Jerjes comprendía nada menos que sobre 1.000 trirremes de combate, con 250.000 hombres, entre dotaciones y tropa.

Los fenicios, con 300 trirremes fueron los que más efectivos contribuyeron a la flota. Los egipcios (200 trirremes) los puertos de Cilicia (100), los jonios (100) y los carios (70) fueron los otros pueblos  que aportaron unidades.

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El imperio persa hacia el 500 a. de C. (Wikimedia)

A principio de junio los persas invadieron Tracia y Macedonia, amenazando el norte de Grecia. Mientras tanto y para combatir la amenaza persa, los griegos acordaron en un congreso que el mejor punto de defensa en tierra era el estratégico desfiladero de las Termópilas. En el mar sería el estrecho de Artemisio, que separa Eubea del continente.

Los dos lugares escogidos para hacer frente a los persas eran espacios en los que la angostura no permitiría el despliegue en su totalidad y anularía su ventaja numérica frente a los griegos, pues estos contaban con 80.000 infantes, la mayoría hoplitas.

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Hoplitas cargando en la batalla. (Antipatros)

La batalla de Termópilas

En agosto de 480 a. C. llegó a Termópilas Leónidas, el rey espartano, con unos 7.000 hombres. Allí tomaron posiciones para aguantar las acometidas del enorme ejército persa.

Primero, Jerjes le ofreció a los griegos la rendición, pero Leónidas rechazo tal propuesta. Ante esto, el rey persa mandó a sus «inmortales», pero se toparon con la dureza combativa de los griegos y el estrecho paso que estos defendían, que imposibilitaba hacer valer la superioridad numérica persa. Según los investigadores, que no se ponen de acuerdo en las cifras, formaba un ejército de entre 240.000 y el millón de hombres (cosa seguramente complicada por aquel entonces).

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Mapa de la batalla de las Termópilas. (Departamento de Historia de la Academia Militar de Estados Unidos)

Finalmente, los persas se hicieron con la victoria gracias a un traidor griego que les mostró un sendero a través de las montañas y que les permitiría sorprender por la espalda al ejército de Leónidas.

El rey espartano fue advertido, pero se negó a retroceder, dejó marchar a los que quisiesen y se quedó, todo según las crónicas, con 300 espartanos que dejasen descendencia en Esparta, 400 tebanos y 700 tespianos. Leónidas fue de los primeros en caer y poco a poco los griegos sucumbieron ante la superioridad numérica persa.

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Leónidas en las Termópilas, por Jacques-Louis David, Museo del Louvre.

El avance persa y el incendio de Atenas

En las mismas fechas que se libraba la batalla de Termópilas, también se produjo la de Artemisio, una batalla naval en la que la flota griega fue derrotada. Los supervivientes se retiraron hacia el sur y fondearon en Salamina para hacer reparaciones. Atenas fue evacuada y el pánico se apoderó de los griegos.

Después de la retirada griega de Artemisio, los persas se hicieron con el Atica e incendiaron la ciudad de Atenas, cuyos habitantes se refugiaron en Salamina, Egina y Trecena. Entre los griegos cundió el desánimo. A pesar de esto, la flota griega se reforzó enormemente, conscientes los helenos de que la unión sería la única forma de expulsar a los persas de sus tierras.

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En este mapa se pueden observar los avances griegos y persas hacia las Termópilas y Artemisio. Las líneas sobre el mar marcan las líneas de abastecimiento persa, combatidas por la flota Ateniense. (Wikimedia)

Las flotas contendientes

Bajo el mando de Temístocles, la flota ateniense contaba con 200 trirremes (180 del Atica y 20 de Calcidia) y casi unos 40.000 hombres. Según el dramaturgo Esquilo, la flota griega no llegaba a los 400 barcos.

La flota persa, que habían perdido navíos a causa de las tempestades y de la batalla de Artemisio, se hallaba en Falera, a 12 kilómetros de los helenos, y sumaba unos 600-800 barcos, número que muchos historiadores parecen aceptar.

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Navíos griegos. (Wikimedia)

La estratagema de Temístocles

Temístocles sabía que no podría enfrentarse en mar abierto a la flota persa porque la flota griega sería derrotada. Por su parte insistía en que las fuerzas navales helenas tendrían que permanecer en los estrechos, pero el generalísimo Euribíades quería abandonar Salamina y marchar hacia el istmo para defenderlo en cooperación con el ejército de tierra.

Como temía la división de las fuerzas griegas, Temístocles mando a su esclavo Sicinos que le diese un mensaje a Jerjes:

El general de los atenienses es adicto a los persas y hace saber por ello al gran rey que los griegos, llenos de terror, tratan de emprender la fuga; los persas no deben dejarlos huir.

En parte, el mensaje tenía razón, había discordia entre griegos, pero con esto, Temístocles provocaba que los persas atacasen ya y donde él quería, en los estrechos. Jerjes estaba deseoso de atacar, y, a pesar de los consejos de la reina Artemisia que le aconsejaba lo contrario, mandó ir al encuentro de la flota helena.

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Temístocles. (Wikimedia)

Comienza la batalla

Unos autores señalan que el día 29 de septiembre de 480 a. C. fue el día que se produjo la batalla, otros el 20, otros el 23 y otros el 28. El encuentro fue en el estrecho de Salamina. Según Esquilo, la batalla duró unas cinco horas.

Al amanecer, ambas flotas estaban preparadas para el encuentro. Poco después de la salida del sol, los griegos se lanzaron contra los persas. La lucha se generalizó y comenzaron los abordajes, llenando de sangre el mar y las cubiertas de los navíos. En el agua se encontraban cuerpos sin vida, hombres que luchaban por no morir ahogados, restos de remos y elementos de los navíos.

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Movimientos iniciales de las flotas griega y persa en Salamina: los efectivos persas aparecen en rojo y los griegos en azul. (Wikimedia)

Temístocles procuró envolver la extrema derecha de la fracción fenicia y la atacó de flanco, obligando al enemigo a ceder, empujándola en forma de una inmensa cuña, la comprimió y aplastó un buque contra otro.

El centro persa mantenía en jaque a los peloponesos y eginetas de la derecha griega, que dirigía Euribíades, los cuales incluso llegaron a perder terreno y fueron empujados hacia la ribera.

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Batalla de Salamina. (Osprey)

La flota persa, sin capacidad de maniobra

Los persas perdieron a su almirante Ariamenes, hermano de Jerjes, desorganizándose el centro asiático y combatido desde los dos lados. Las naves egipcias y cilicias, en su intento de huir hacia la boca del estrecho, terminaron amontonadas y destruidas por las fuerzas atenienses.

El ala izquierda de Temístocles seguía el ataque, acabando de derrotar a los buques que encuentra frente a ella. La extrema derecha de la línea griega se prolongó y alcanzó a los trirremes enemigos que se batían en retirada.

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Muerte del almirante persa Ariamenes, hermano de Jerjes. Ilustración de 1910 de William Rainey.

Al caer la tarde, lo que quedaba de la flota persa se dirigió a Falera, perseguida por los vencedores. Los griegos perdieron 40 trirremes y unos 10.000 hombres, los persas perdieron no menos de 200 trirremes entre capturados o echados a pique y perdieron alrededor de 50.000 hombres.

Consecuencias de la batalla de Salamina

La batalla de Salamina fue uno de los combates más importantes de la historia de la humanidad. A raíz de esta derrota, Jerjes mandó ejecutar a los capitanes fenicios como escarmiento, se retiró con la armada a Persia y dejó en Grecia parte de su ejercito al mando del general Mardonio. Al año siguiente, las tropas persas volverían a ser derrotadas en la batalla de Platea, siendo expulsadas definitivamente del territorio.

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La batalla de Salamina, óleo sobre tela pintado en 1868 por Wilhelm von Kaulbach

Fuentes:

Rodrigo Fuenzalida Bade (Revista de Marina). La batalla de Salamina.

C. Jorgensen (2009). Grandes batallas.

Almirante Bayot Jean Savant (1965). Historia Mundial de la Marina. 

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Antonio José Pérez Sánchez

Redactor digital y divulgador histórico. Exmilitar. Mi pasión es la Historia, ya desde pequeño mis primeras lecturas eran sobre personajes y acontecimientos históricos, y hoy sigo con esa sed infinita de conocimientos históricos. Amante de la Historia, del deporte y del Real Betis Balompié. Devorador insaciable de libros.

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