Una tecnología Hitita, del siglo XVII a.C., podría revolucionar el mercado de la electricidad del siglo XXI de nuestra era

Los "firebricks" han sido parte de nuestro arsenal tecnológico durante al menos tres milenios, desde la era de los hititas.

Una investigación del MIT (Instituto de Tecnología de Massachusetts) ha comprobado cómo los ladrillos de arcilla que se cocían en hornos desde hace más de 3.000 años, podrían hacer que el mundo deje de utilizar los combustibles fósiles y confíe en las fuentes de energía libres de carbono.

Horno experimental (foto: Paragon Kilns)

Un “ladrillo de fuego” (Firebricks), no es más que un ladrillo hecho de material cerámico refractario capaz de retener el calor durante largos períodos de tiempo si está bien aislado.

El sistema teórico creado por estos investigadores, llamado Firebrick Resistance-heated Energy Storage (FIRES), usaría los ladrillos como un repositorio para el exceso de energía eléctrica.

Así es como funciona:

El exceso de energía de los parques eólicos, por ejemplo, podría convertirse en calor, utilizando calentadores de resistencia eléctrica y, a continuación, transferirse a ladrillos aislantes adyacentes. Más tarde, como la mañana siguiente, ese calor podría ser utilizado directamente o convertido en electricidad a través de un generador. Esencialmente, esos ladrillos son como las pilas más antiguas que se conocen.

¿Qué tienen que ver los Hititas?

Tal vez lo más sorprendente de este descubrimiento es por qué un firebrick se basa en una tecnología tan antigua. Se cree que los “ladrillos de fuego” fueron creados por los hititas en la Turquía moderna. Hecho de arcilla, el ladrillo de fue un gran paso desde el barro común, que surgió por primera vez en Mesopotamia, porque era capaz de soportar temperaturas más altas. Algunos de estos ladrillos eran capaces de soportar temperaturas de casi 1700 grados, incluso han sido descubiertos algunos de esos potentes materiales de construcción, que dan testimonio de su durabilidad.

El equipo del MIT asegura que podría haber sido creado hace casi 100 años. Pero en 1917 no había tanta demanda de almacenamiento de energía como lo a día de hoy.

Soluciones y problemas

Aunque la producción de energía no es muy cara, el almacenaje del exceso es lo que encarece la producción. Ahí es donde los “ladrillos de fuego” entrarían en juego, puesto que el calor que pueden acumular puede ser vendido o reutilizado, su uso en este tipo de sistema podría (teóricamente) abaratar el precio del mercado de la electricidad e incentivar las fuentes de energía libres de carbono.

Por supuesto, todo esto es una teoría. Los investigadores continúan tratando de aumentar el nivel de calor que pudieran acumular estos ladrillos, así como tratar de que pudieran ser conductores de electricidad, y lo más importante: les falta el sistema para convertir ese calor acumulado en electricidad, algo que esperan que ocurra en 2020.

Fuentes: Oficina de comunicación del MIT / Paragon Kilns

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Miguel Ángel Ferreiro

Militar de carrera, Historiador del Arte (UNED) e investigador. Entre África y Europa, como el Mediterráneo.

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