En el suroeste francés se encuentra el complejo de cuevas de Lascaux en cuyo interior nos podemos encontrar con una serie de galerías decoradas con los motivos más imponentes del arte paleolítico.

Abbe Breuil en Lascaux
Abbe Breuil en Lascaux

Estas representaciones están relacionadas cronológicamente con nuestra Altamira perteneciendo al periodo magdaleniense (13.500 a.C.) y nos revelan el profundo conocimiento que el hombre prehistórico tenía sobre su entorno. Hay que recordar que en esa época, la zona de Europa donde se encuentra la cueva tenía un clima frío, seco pero con abundante sol, la fauna era muy rica y variada, y el ser humano subía posiciones ante los carnívoros depredadores, como el león y oso cavernario, los lobos o el leopardo.

El panel en el que nos vamos a centrar es el llamado “de los toros”:

Panel de los Toros de Lascaux

La imagen que se nos muestra corresponde a la zona central de la increíble Rotonda o Sala de los Toros, conocida así por sus figuras de mayor tamaño. Se trata de dos uros enfrentados rodeados de otros animales.

El situado a la izquierda de nuestra lámina presenta un doble trazado negro en contorno, un hocico y ojo bien definido y unos trazos sueltos en forma de puntos en el interior del cuerpo que bien pueden representar el pelaje del animal, también se observa este trazo entre la cornamenta. La figura es resultado de varias técnicas: para la zona inferior por pulverización (estarcido), para la superior por trazado de pincel; se cree que esta diferencia de técnicas es debida a la dificultad de acceso al panel, el cual está a varios metros de altura y para el cual utilizaban unas vigas sujetas a ambos lados de la cueva o algún tipo de escalera rudimentaria.

El uro de la derecha presenta grandes similitudes técnicas con el anterior: la doble línea en su trazado, acentuada especialmente en la zona de la quijada. El tamaño es relativamente igual aunque su cornamenta es más redondeada. No presenta tanto detalle en el pelaje pero el hocico y el ojo se encuentran también muy bien definidos. La técnica del estarcido también ha sido utilizada en la parte inferior de la figura, y muy probablemente que en la superior se haya utilizado un trazado de pincel.

Ambas figuras destacan sobre las demás dentro de un caos animal en “estampida” que se dibuja sobre la Sala de los Toros. La posición del panel hace que al penetrar en la Galería Axial, a continuación de la Sala de los Toros, se pase bajo uno de los uros y cambie nuestra visión, de estar enfrente de la manada a estar en medio de ella.

A esa “estampida” corresponden los caballos salvajes que corren en la dirección del uro izquierdo, tres de ellos dibujados sobre este con la técnica del estarcido y presentando una bicromía entre negros, de crines y contornos, y ocres rojizos del interior de sus cuerpos. El otro caballo está situado en el centro de la imagen, realizado al estarcido en bicromía idéntica a los demás, pero presentando la peculiaridad de estar incompleto, respetando las figuras de los uros en este caso, al no habérsele representado las extremidades inferiores.

Cinco pequeños venados rojos caminan en dirección izquierda, como vadeando un río, con cornamentas anormalmente complejas, realizados también con la técnica del soplado y con algunos perfilados en negro, parece que están situados al fondo de la escena dándole un aspecto tridimensional a la composición.

Unas misteriosas marcas rojas cortas cerca del hocico del uro izquierdo y otras negras en la zona de los venados hacen que la sobra del misterio permanezca presente sobre las imágenes de Lascaux.

Misteriosos también son los motivos por los que se realizaron las pinturas, el uso de la gruta o incluso los medios técnicos de los que disponían.

Numerosas hipótesis apuntan a usos rituales de la cueva, a modo de templo sagrado. Otras, cada vez más numerosas, relacionan las imágenes con posiciones estelares.

Contemplando la cueva en su totalidad (gracias a la web oficial francesa)  es inevitable que se venga a la mente la frase del Dr. Jean Clottes en el documental “la Cueva de los Sueños Olvidados”  en la que denomina al ser humano como el Homo Espiritualis en vez de Homo Sapiens, porque Sapiens, dice, es “El que sabe” y no sabemos mucho… Somos seres espirituales.

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