El último regalo del Emperador y el “Napoleón Show”

De sobra es conocido el afecto que, Napoleón Bonaparte, tenía hacia su hijo; único hijo nacido de su matrimonio con María Luisa de Austria. El joven príncipe recibe, desde su nacimiento, el título de rey de Roma, como si del heredero al Sacro Imperio se tratase.

Cuentan que fue la noche del 24 de enero de 1814 la última vez que se reunió l’empereur con su familia, justo antes de partir hacia el norte de Francia para combatir a las fuerzas que se habían unido para derrotarlo. Esa despedida tuvo lugar en el Château de Saint-Cloud.

Napoleón Bonaparte en Saint Cloud

El rey de Roma recibió un precioso regalo de despedida de su padre. El regalo estaba pensado para el tercer cumpleaños del pequeño, pero la ocasión merecía que fuera el momento del detalle, era probable que nunca volviera a verlo.

Se trataba de un estuche con dos pistolas de duelo (un regalo “de empresa” muy común durante el periodo napoleónico, la verdad) realizadas a medida. Manufacturadas por Jean Lepage, experto armero francés que había trabajado para Luis XVI – y trabajaría para Luís XVIII después de Napoleón. Acero templado, culatas de nogal y ébano con incrustaciones en oro; totalmente a medida para adaptarse a las manos de un niño. La verdad que solo hay que contemplarlas para ver que son una obra maestra (a pesar de que fueran hechas para un niño).

Pistolas del “Rey de Roma” [Foto: Sothersby]

Se desconoce si el niño, Napoleón Francisco José Carlos Bonaparte, llegó alguna vez a utilizar las armas. La derrota que el Emperador sufrió semanas después arrastró a su estirpe; y todas sus posesiones pasaron a ser propiedad del recién instaurado rey Borbón: Louis XVIII. Aunque antes de que el nuevo monarca se afianzase en el poder, la fuga de fieles bonapartistas fue sonada, siempre con “algo debajo del brazo”.

S.M.I. Napoleón II, Rey de Roma, Duque de Reichstadt; prisionero de su propia familia en Viena hasta su muerte en 1832.

De como llegó el último regalo de Napoleón a manos de un inglés:

William Bullock era un orfebre de Liverpool, aficionado a pasarse por las tabernas del puerto, para comprar curiosidades, animales disecados y “objetos perdidos” que traían los marineros en sus viajes alrededor del mundo.

Ya en 1790, su afición por las curiosidades era tal, que decidió crear su propio gabinete de curiosidades, muy de moda en aquellos tiempos, en el que fue colocando todos estos objetos que él encontraba exóticos – al que llamó Museo de Curiosidades Naturales. Junto a esta afición fue generando un interés por la historia y por la historia natural, orientando su museo de manera que sus visitantes tuvieran una visita didáctica, y no solo contemplativa.

El Museo de W. Bullock en Liverpool [Imagen de BBC.com]

En 1809 se mudó de Liverpool a Londres. Por supuesto se llevó todos sus “cacharros” (más de 30.000 objetos que él mismo tenía catalogados) y fundó el Museo de Liverpool en Piccadilly, fue un éxito, con más de 80.000 visitas en un mes.

Con el auge de la “egiptomanía” que surgió entonces, tras las campañas de Egipto del propio Napoleón, se le ocurrió construir – junto al arquitecto P. Frederick Robinson- un edificio inspirado en los grabados que los franceses habían realizado de las tierras faraónicas para albergar su exitoso museo. Se levantó así el Egyptian Hall, en 1812 (sería demolido en 1905 para hacer bloques de oficinas). Instalando su museo en el flamante edificio.

The Egyptian Hall, Piccadilly, London

La colección de Bullock había crecido de tal forma, que en 1815 -con la batalla de Waterloo aún reciente- contaba con innumerables piezas procedentes del caído “Imperio Francés“. Y montó una exposición al efecto: “Napoleón Show“. Como joya central del show: el coche blindado en el que se desplazaba Napoleón, capturado por el ejército prusiano.

El coche fue vendido a Bullock junto a otras piezas, tras Waterloo, con el fin de recaudar dinero para pagar pensiones de las viudas, curas de los heridos y demás gastos ocasionados tras la gran batalla en Bélgica. Bullock pagó alrededor de 2.500£. Tal era la suerte de Bullock, que entre las piezas compradas, estaban unas maletas con doble fondo en las que encontró 100 piezas de oro macizo y 1 millón de francos en diamantes (que por supuesto no donó a las viudas ni heridos del combate).

Napoleón Show” tuvo más de 200 mil visitas. Y Bullock convirtió la exposición en itinerante por toda Inglaterra. Ganó otra fortuna con el espectáculo.
Ilustración de como la gente “visitaba” el carro blindado de Napoleón en el Egyptian Hall.

El “humilde” orfebre, con ánimo de lucro, decidió crear un Museo de Napoleón, visto el éxito. Para lo cual viajó a París, en enero de 1816, para adquirir más material. Fue entonces cuando en sus manos cayó el magnífico juego de pistolas de duelo del rey de Roma de manos de un ayudante del mismísimo emperador que necesitaba el dinero para salir del país.

Pero la moda por lo napoleónico pasó, era eso, una moda; y en 1818 Bullock comenzó a vender todas sus piezas a Museos, instituciones y particulares de todo el mundo.

El famoso carro blindado de Napoleón fue adquirido por Madame Tussaud, y por desgracia se perdió en el famoso incendio que sufrió su museo en 1925.

El estuche de duelo del rey de Roma pasó de mano en mano hasta llegar a formar parte de la colección de armas de William Keith Neal (conocido coleccionista inglés y escritor de varios tratados sobre armas).

Estuche completo con todos sus elementos

El último regalo de Napoleón a su hijo fue subastado hace muy poco en Sothersby, alcanzando la una cifra superior a 1 millón de euros.


Fuentes

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Miguel Ángel Ferreiro

Militar de carrera, Historiador del Arte (UNED) e investigador. Entre África y Europa, como el Mediterráneo.

4 thoughts on “El último regalo del Emperador y el “Napoleón Show””

  1. Interesantísima la historia de las minipistolas de duelo con las que obsequió Napoleón a su hijo, el último regalo de un padre, la cara más humana un general corso con sueños de grandeza.
    El museo de Liverpool en Londres, digno de verse. Y el espectáculo itinerante sobre Napoleón… ¡Cómo no! Una moda pasajera.

    Un reto histórico magníficamente documentado :)

    Saludos

    1. Amiga Mere, muchas gracias por tu comentario.
      La verdad que sí, cara humana, la de padre que fué. Cara que queda ensombrecida por las otras caras que tanto marcaron a la historia de Europa.
      Agradecido de nuevo y felicitarte por tu genial blog, lleno de historias y curiosidades como aquel Museo Liverpool ;)

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