¿Eran dioses los reyes que gobernaban en mesopotamia?

La lista real sumeria nos habla de que el origen de la realeza en Kish no es otro que el mismo cielo, por lo que la relación existente no es otra que la representación del dios en la tierra, aunque no el propio dios, haciendo indiscutible su posición en la jerarquía social de las ciudades en las que el monarca iba adquiriendo ese rol.

Lista de los reyes sumerios en escritura cuneiforme, siglo XXIV a. C.

En el mito de Etana, rey legendario de la I dinastía de Kish, se nos cuenta la historia de cómo un pastor realiza una búsqueda de una planta milagrosa ayudado por los dioses, señal de un contrato divino con ese pastor que sería coronado rey.

Ruinas de Kish

Esta es una de las primeras señales de mitificación de un gobernante, al igual que sucedería con Gilgamesh, rey mitológico del que se narran diversas aventuras en las que se incluirían combates con seres sobrenaturales y una búsqueda muy similar a la de la planta de Etana.

De Gilgamesh hay pruebas de que fuera un monarca real, con el tiempo mitificado, lo mismo se sospecha de Etana. A pesar de que estos monarcas fueran mitificados por los sumerios no hay pruebas de que fueran deificados, ya que no se les rendía culto.

Sello del Mito de Etana

Aunque el culto al monarca surgiría con el auge de la cultura Acadia, existen algunos antecedentes en Mesopotamia que previamente ayudarían a que los monarcas alcanzasen tal estatus, como es el avance de la civilización en sí, la construcción de grandes templos en los que el dios moraba y en los que el rey y su esposa, convertida en sacerdotisa, eran los únicos que podían “interactuar” con el mismísimo dios, siendo sus mensajeros y creando así un vínculo entre dioses y regentes. Por lo que antes del dios-rey debemos situar al rey-mensajero.

El “mensajero del dios” va transformándose paulatinamente hasta convertirse en el propio mensaje, un líder que actúa de forma autónoma por mandato divino y al que hay que adorar como un dios en la tierra, ya que, ahora sí, es la imagen terrenal del dios. La primera muestra conocida la tenemos en la Estela de Naram-Shin (2a Mitad III milenio), descendiente de Sargón I, en el que se representa de un tamaño mayor que al resto, símbolo de poder sobre los demás, y con el casco con cuernos, señal de divinidad.

Estela de Naram Sin

Naram-Shin se proclama dios después de realizar numerosas campañas de las que sale victorioso consiguiendo unificar bajo el mandato Akkad, un poderoso imperio que traspasaría las fronteras de Mesopotamia. Sería el primer rey mesopotámico en proclamarse “rey de las cuatro partes del mundo”, a partir de entonces se le representará siempre con la corona de cuernos y se le citará como a un dios.

Según las inscripciones, la proclamación como dios, se hace por aclamación popular ya que el pueblo pide adorar a Naram-Shin en Akkad para el que levantan un templo.

El sistema de gobernantes heredado del Imperio Acadio quedaría establecido en toda la cultura mesopotámica aunque raras veces se deificará a un monarca como Naram- Shin, los reyes seguirán siendo prelados divinos existe el caso del rey sumerio c, perteneciente al periodo de Ur III, del cual se nos cuenta que ascendió a los cielos y se convirtió en una estrella, por otra parte existen otras historias que nos narran aventuras de otros reyes de Ur III en los que se muestran con una cercanía casi comparable a la de los dioses.

Los monarcas sucesores, como Hammurabi, basarían sus mandatos en órdenes divinas o en todo caso harían constar que todas sus decisiones y leyes estaban refrendadas por la deidad más conveniente.

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Miguel Ángel Ferreiro

Militar de carrera, Historiador del Arte (UNED) e investigador. Entre África y Europa, como el Mediterráneo.

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