“Amaneció, en fin, el 2 de Mayo.  La suma inquietud excitada por la falta de dos correos de Francia, habían llamado desde muy temprano a la plazuela de palacio numeroso concurso de hombres y mujeres del pueblo. Al dar las nueve subió en un coche con sus hijos la reina de Etruria, muy desamada por su continuo y secreto trato con Murat: partió sin oponérsele resistencia.”

(Extracto del relato del Conde de Toreno)

Defensa_del_Parque_de_Artillería_de_Monteleón

Mucho se ha escrito sobre esta fecha, ríos de tinta me atrevería a decir… Pero no me atrevo, porque precisamente conozco nuestra historia y aunque haya mucho escrito, creo que no es lo suficiente. Quedan grandes desconocidos en nuestra historia, y si no que se lo pregunten a los investigadores que cada vez que revuelven la historia para documentar sus escritos descubren personajes tan maltratados por nuestra historia, como olvidados por ella.

Vamos a hablar hoy de uno de ellos, quizás conocido para los “doctos” en el tema del 2 de mayo, pero menos sonado para el resto de mortales: el Teniente de artillería Don Rafael de Arango.

Uniforme de Oficial de Artillería 1808

Rafael Arango y Núñez del Castillo era un militar nacido en La Habana en octubre de 1787, en el seno de una familia acomodada. En 1799 entró como cadete en las Milicias Disciplinarias de la Habana, como su hermano, como sus primos y como tantos otros militares nacidos en la isla caribeña que sirvieron a España.

Havana_panorama
La Habana a principios del siglo XIX

Su trayectoria es un poco difusa, ya que la familia Arango y Núñez del Castillo contempla una trayectoria militar muy amplia en su genealogía, lo que resulta complicado para realizar una investigación a fondo, pero no imposible.

El caso es que este oficial, de artillería, estaba destinado en el Parque de Monteleón como Ayudante Mayor del mismo, aquel 2 de mayo, indagaremos algún día como llegó allí, pero hoy os queremos contar la historia que nos dejó en herencia sobre aquel día.

Uniforme de Oficial de Artillería 1807

Por una pequeña puerta situada en el portón del Parque de Artillería entró Daoiz preguntando cuál era el estado en que se encontraba el destino, ya que se habían producido altercados contra las tropas de Murat cerca del palacio y en diferentes ubicaciones de la ciudad.

Entró pocos minutos después un Capitán de Granaderos del Estado con sus subordinados, y los capitanes Cónsul y Velarde. Arango, Ayudante Mayor del cuartel de Monteleón, les explicó que el capitán francés agregado había mandado cerrar la puerta principal, ya que el pueblo de Madrid se agolpaba a las afueras, como habían visto, arrojando piedras contra el portón clamando vítores al rey, pidiendo armas, gritando…

“¡Á la artillería!”

Los soldados franceses  del Parque estaban horrorizados ante la marabunta que se había formado; aprovechó esta incertidumbre Daoiz, como oficial más antiguo, desenvainó el sable y ordenó abrir los pañoles de armamento y desbloquear el portón del cuartel para que entrara la gente, los gabachos no hicieron absolutamente nada por impedir esto, y fueron desarmados sin oponer resistencia.

Detalla Arango que la gente, como no sabía usar las armas de fuego, prefería los sables y a falta de sables, cogían las bayonetas dejando los fusiles en el suelo como inútiles.

Armas utilizadas en el 2 de mayo por la población [Foto: @unsereno]
Bajo órdenes de Velarde se consiguió organizar a los presentes, con bastantes dificultades, que procedieron según órdenes de Daoiz a colocar cuatro piezas de artillería frente a la puerta, la maniobra fue dirigida por el propio Arango, ya que era también el oficial de cargo y eran sus artilleros los que conocían como mover y posicionar las piezas.

“¡Viene un batallón por la Calle Fuencarral!” 

El aviso llegó a tiempo y se consiguió romper la formación francesa.

Daoiz mandó colocar más cañones fuera del parque apuntando a las calles paralelas.

La Ilustración española y americana. 30/4/1908, página 11.
La Ilustración española y americana. 30/4/1908, página 11.

Los franceses se acercaban apresurados, y a los civiles les paralizó el miedo. Fue entonces cuando el Teniente Ruíz salió para avivar la línea de fusilería improvisada.

¡Fuego Artilleros!

Gritaba Ruíz mientras una bala alcanzaba su hombro izquierdo; dice Arango que no dejó de gritar esa frase hasta que calló desmayado, ya que “el propio encendimiento de su sangre hacía más copioso el derrame”

teniente ruiz
El Teniente Ruiz en la estatua que tiene en Madrid, orgullo de la infantería. Su nombre siempre sale a relucir cuando los artilleros presumen de Daoíz y Velarde.

El narrador de la historia, Arango, como buen artillero, hace hincapié en la ineptitud de los “paisanos”, como el los llama, a la hora de usar el armamento de fuego. Así como nos comenta la falta de munición que había a las pocas horas de la refriega.

Ordenó Daoiz, también, disparar los cañones contra un batallón que avanzaba terciando hacia ellos, cuenta que la artillería abría “boquerones” en aquella masa compacta, pero el ejército de Napoleón estaba entrenado para avanzar ignorando sus bajas.

Arango escribe que no se oía otras palabras que no fueran:

“¡En Avant!”

La Ilustración española y americana. 30/4/1908, página 11.
La Ilustración española y americana. 30/4/1908, página 11.

Un capitán de granaderos del Estado acudió a toda prisa agitando un pañuelo blanco y Daoiz ordenó el alto el fuego. El capitán francés detuvo a su gente en esta pequeña tregua, para escuchar lo que decía el enviado del gobierno a ver si era capaz y detuviera aquella locura. En aquel instante, estaba un artillero con la mecha encendida en la mano y, sin que nadie lo ordenara, abrió fuego haciendo carne picada la columna francesa que se había detenido delante del cuartel.

¡Viva Fernando VII! Gritó el soldado.

Tras este disparo y al ver como caía la formación francesa, Daoiz y Velarde se incorporaron y empezaron a dar órdenes a los que quedaban; ese fue justo el instante que la estatua de los héroes inmortalizó.

Grupo escultórico de Daoiz y Velarde (ubicado en 1908 en el Parque del Oeste)
Grupo escultórico de Daoiz y Velarde (ubicado en 1908 en el Parque del Oeste)

Quedaban menos de 30 españoles en pie, los franceses no dejaban de aparecer por todas partes y, acorralados, decidieron meterse de nuevo dentro del parque. En la retirada hacia el interior un tiro alcanzó a Velarde, en el pecho.

El General francés que estaba en la primera línea gritó a Daoiz que le esperaba la misma suerte, en palabras de Arango:

“fue lo mismo que EXCITAR y provocar la cólera de un león”.

Saltó Velarde sable en alto corriendo enfurecido directo al general y…  Fue acribillado a bayonetazos por su guardia. Cesó así el combate, con la caída de este héroe.

Daoiz aun estaba vivo ya que, por respeto, no lo habían rematado. Lo recogieron y lo llevaron a la enfermería del cuartel en donde un cirujano francés intentó curar sus heridas, aunque de forma infructuosa. Se le permitió a Arango, y demás personal, llevar a Daoiz a su casa, en donde murió -que no debía estar lejos del cuartel pues desde la calle los soldados franceses les insultaban. A lo que el Capitán Cónsul, el de más rango de los presentes, salió a la calle y señaló en el suelo la sangre de Daoiz, diciendo “Esa es la sangre de quien nos ha guiado”, presuponemos que dijo eso en señal de finalizar ya las hostilidades, como diciendo: ya está muerto, basta.

Salió Arango a atender al resto de heridos y escuchó como un comandante francés calmaba las iras de sus tropas mientras hablaba con Consul.

Muerte de Daóiz y Velarde (José Nin). Año 1947

Llegó al fin el Comandante de puesto, tras la contienda, no dando otra orden a Arango que la de que se quedara allí para organizar la atención de los heridos, algo que le sorprendió, puesto que las tropas que estaban allí apostadas lo habían visto combatir y temía de su venganza.

Al llegar la tarde Arango pidió permiso para ir a comer a su casa, se lo tuvo que pedir al comandante de la brigada de unos 500 soldados franceses que habían quedado allí controlando Monteleón, algo que el comandante le negó. El artillero trató de convencerlo diciéndole que estaba preocupado por su hermano, y que volvería en poco rato. Fue esta la mentira, porque no pensaba volver, la forma en la que nuestro particular héroe consiguió abandonar las inmediaciones del parque, sin duda la mentira que le salvó la vida.

Para rematar su relato este buen militar habanero, reconoce su arrepentimiento por engañar, con esa mentira que hemos contado, al comandante francés nos deja una nota:

Nota de Arango
Nota Final del texto de Arango

Fuente:

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