La Tregua de Navidad

Cuando el espíritu navideño se adueña de las trincheras

Muy conocido es el suceso acaecido el 24 de diciembre de 1914, durante la Primera Guerra Mundial, una de las guerras que más víctimas se cobró en la Historia universal,  cuando los soldados alemanes y británicos que luchaban en el frente occidental hicieron una tregua en tales fechas señaladas, para que unos y otros pudieran celebrar la natividad del Señor.

Al caer la noche, en medio del frío y la suciedad de las trincheras, los alemanes comenzaron a colocar abetos y demás decoraciones navideñas, y entonaron el Stille Nicht (Noche de Paz) un villancico austriaco compuesto en el siglo XVIII. En respuesta, los ingleses cantaron la misma canción pero en inglés, y, por un momento, la noche se preñó de felicidad.

Tregua de Navidad
Vida en las trincheras

Seguramente todos esos chicos de manos azuladas y mirada cansada llevaban mucho tiempo sin saber lo que era la felicidad, y muchos pensarían que tal concepto había desaparecido por completo de la faz de la Tierra.
Pero aquella Nochebuena, los cánticos sustituyeron al espanto de los asaltos, al estruendo de las bombas, al cenagal de las trincheras, la sangre y los gritos.

De pronto, un soldado británico salió de su zanja con un pañuelo colgado de su bayoneta, avanzó unos cuantos pasos por la tierra de nadie, entre los agujeros que sólo unas horas antes había causado la artillería, y dejó en el suelo una botella de whisky, a la vez que gritaba: ¡Merry Christmas!

Enseguida un soldado alemán fue a recoger la botella, y a su vez dejó un paquete con salchichas y galletas. Poco a poco, todos fueron abandonando sus trincheras para juntarse en el centro del campo de batalla. Todos eran iguales. Alemanes y británicos. Distinto uniforme pero misma cara, mismos ojos, misma sonrisa, mismas ganas de sobrevivir. Intercambiaron bebida, cigarrillos, cantaron abrazados mirando a las estrellas y se fueron a dormir. Pero, lo mejor, vino al día siguiente.

La mañana de Navidad, alguien sacó un balón de fútbol. Todos regresaron a la infancia. Improvisaron unas porterías y  jugaron un partido amistoso. No había ni árbitro. Cuentan las cartas de los soldados que aquel partido lo ganaron los alemanes, 3-2.

Tregua de Navidad
Partido de fútbol de navidad entre alemanes y británicos

Aquel día se demostró una vez más que no son los soldados rasos los que se odian entre sí; ellos están allí porque es su deber, que son cosas distintas; y porque el odio de los poderosos, a lo largo de la Historia, siempre ha generado más oficio para el hombre que el amor, y de algo hay que vivir.

Entonces la fiesta acabó y volvieron a sus trincheras, cada uno a su barro, su miedo y su lucha; a una muerte sin pausa y sin prisa que se prolongó cuatro años más.

La otra tregua de Navidad

La tregua de Navidad de 1914 es, sin duda, la más conocida. También porque fue la última vez que la paz irrumpió en la guerra de forma tan espontánea y decidida, de la mano de simples soldados cuyos nombres se han olvidado. Aquello enfureció a los altos mandos (sobre todo al británico) lo que confirma quienes se odiaban de verdad. Pero no fue la única tregua de Navidad.

Ya durante el asedio de Breda, en el siglo XVII, o un poco antes, en el asedio de Haarlem de 1573, el ejército español  y el orangista firmaron una tregua de dos días que se cumplió a rajatabla. Incluso sitiados y sitiadores montaron un improvisado mercado en el que intercambiaron toda clase de cosas, remojándolo todo con cerveza y vino; para luego, volver con la misma naturalidad a intercambiarse cañonazos, mandobles y estocadas en las brechas de las murallas.

Tregua de Navidad
Españoles, alemanes y flamencos celebran la Nochebuena durante el Asedio de Haarlem. Ilustración de Nacho Tenorio y Sergio Mora.

Y es que a veces, el ser humano tiene salidas inesperadas a situaciones desesperadas. Pequeños resortes que aplican la chispa adecuada en el corazón y lo vuelven más amable, solidario o generoso. O simplemente menos desalmado de lo que suele ser.

Desde el Reto Histórico, os deseo feliz tregua de navidad para todos.

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Héctor J. Castro

Nacido en Ferrol, profesor de lengua inglesa y novelista. Su pasión por la Historia lo ha llevado también al modelismo de escenas bélicas, en el que ha conseguido varios premios de pintura y escenografía. En 2016 publicó el primer volumen de su trilogía El Siglo de Acero.

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