La torre que pudo ser el símbolo de Francia en vez de la Torre Eiffel

Durante el siglo XIX, la idea de una torre colosal renace en los cerebros de los Ingenieros de todo el mundo. Así, en 1833, el británico Richard Trevithick (desarrollador de la primera locomotora a vapor funcional) propone elevar una torre cilíndrica de hierro a unos mil pies de altura (304m), pero su muerte prematura interrumpió el proyecto.

Torre Trevithick

Para la Exposición Universal de Filadelfia, en 1876, los ingenieros Clarke y Reeves idearon otra torre de 1.000 pies. Aunque también se quedó sobre el papel.

Torre “centenial” Clarke-Reeves 1874

Por último, para la Exposición de 1889, El conocido Gustave Eiffel y sus taller de ingenieros proponen erigir una torre metálica de 300 metros de altura (algo menos de esos 1000 pies, pero poco menos). Aunque tendría que competir con otros diseñadores para hacer posible su idea.

Primer boceto de la torre presentado el 6 de junio de 1884 por Maurice Koechlin y Émile Nouguier (izquierda) y proyecto revisado por Stephen Sauvestre y presentado a competición en 1887.

Y hay que decir que Eiffel no lo tenía fácil. Su estructura de acero tenía mala fama, y la prensa de la época se decantaba por vitorear el diseño de otro ingeniero francés: Jules Bourdais

La idea de Bourdais , según describía “La ilustración ibérica” del 10 de Enero de 1885:

Entre los varios proyectos destinados a caracterizar de una manera original el edificio en que habrá de celebrarse la exposición universal de París de 1889, figura el de una torre colosal de hierro y sillería, imaginado por monsieur Bourdais, autor del palacio del Trocadero. Digamos, sin embargo, que la primera idea ha sido de M. Eiffel, si bien la torre que ha propuesto es enteramente metálica, de trescientos metros de altura.

Jules Bourdais

La torre de M.Bourdais, dice una ilustrada publicación científica, se compondría de un primer basamento de (30 metros de altura, es decir, de la altura de las torres de Nuestra Señora de París). Sobre este basamento empezaría la torre propiamente dicha, la cual constaría de cinco pisos, terminados por un colosal capitel; el diámetro medio exterior sería de 28 metros. Cada piso tendría 35 metros de altura, presentaría amplias aberturas para corregir en lo posible la impresión de pesadez aparente y estaría dividido en tres partes: una de 20 metros, formada por columnitas elegantes; después un ático de 9 metros que serviría, sobre todo, para otros, como las tejas de un tejado, y constituiría de este modo como una especie de gigantesca concha luminosa que dominaría París y la exposición.

Cada calle, ó grupo de calles ó de bulevares paralelos, cada gran plaza pública, tendría además su reflector especial divergente, contra el cual vendría á chocar un haz luminoso emanado del foco central proporcionado como intensidad á la superficie de terreno que se propondría iluminar, siendo proyectado de una manera uniforme y agradable; para producir una iluminación de fiesta, bastaría aumentar la intensidad de los focos.

Como vemos, el proyecto de M. Bourdais es realmente digno de sus anteriores obras y sería de desear fuese adoptado por el gobierno francés.

Si leemos el texto detenidamente, nos daremos cuenta de que el proyecto descrito era más que unta torre. Se trataba de una especie de “Faro” para la ciudad de la luz, un faro que iluminaría las calles con ayuda de reflectores. Toda una idea revolucionaria, aunque poco útil (a vista del siglo XXI) conociendo lo molesto que puede ser que te esté dando un foco en la cara toda la noche…

Según cuentan fue un tal Paul Sébillot el primero que ideó el “sol para todo el año” que iluminaría París, de manera teórica. De regreso en Francia, se asoció con el propio Bourdais y el arquitecto Gabriel Davioud, constructores del palacio del Trocadero en 1878.

Jules Bourdais (1835-1915)
 Proyecto faro monumental para París, 1881París, Musée d’Orsay
© RMN (Musée d’Orsay) / Hervé Lewandowski

Para este faro monumental —al que llamaban “El Faro de París”— se imaginó una torre de trescientos metros “coronado por una chimenea eléctrica para la iluminación de París“. Según su idea, la “torre-sol” serviría para iluminar fácilmente el Bois de Boulogne y Neuilly y todo Levallois al Sena. Coronada con un cinturón de estrellas y arriba del faro una  estatua alada alegoría de la Ingeniería.

A pesar de ser una idea muy atractiva para la ciudad de la luz, a la hora de calcular el presupuesto y -especialmente- la cimentación que debería llevar tal colosal proyecto, se dieron cuenta que el arquitecto había descuidado totalmente el detalle del enorme peso del monumento y el trabajo que habría requerido, su inestabilidad sería enorme. Al final se eligió el proyecto, como bien sabemos, de Monsieur Eiffel.

 

Miguel Ángel Ferreiro

Militar de carrera, Historiador del Arte (UNED) e investigador. Entre África y Europa, como el Mediterráneo.

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