La mierda de Legión Británica que combatió a los Carlistas (cap.1)

Queremos arrancar hoy una serie de artículos cortos de Historia Militar Española que publicaremos cada sábado y estará disponible en la portada de la Web para el que lo quiera seguir. Este será el primero de algunos capítulos y el primero de, lo que esperamos sea, muchos otros temas a tratar de esta parte de la Historia. 

(VER CAPÍTULO 02)->

Carlos María Isidro de Borbón,  hijo de Carlos IV y pretendiente al trono de España, iba a ser el sucesor de su hermano Fernando VII al no tener este un descendiente varón, pero una jugada del destino rompería todos sus planes. Fernando VII, tres años antes de su muerte y a fin de perpetuar su linaje retomó una norma legislativa que su padre, Carlos, había dejado sin publicar, y por lo tanto, sin efectos legales. Promulgó la  Pragmática Sanción de 1789 en 1830, una serie de decretos que -básicamente- derogaban la Ley Sálica y daban legitimidad para reinar a la futura Isabel II.

El infante Don Carlos
El infante Don Carlos

Las reacciones por parte del hermano del rey no se hicieron esperar llegando, en 1832, con Fernando VII ya muy enfermo, a hacerle firmar una renuncia a tal promulgación. Como es sabido, Fernando siempre firmaba y aceptaba cualquier cosa que se le pusiera por la fuerza… Pero cuando podía rompía lo firmado, y eso fue lo que hizo poco después y la Pragmática Sanción siguió su curso. Carlos María Isidro se negó a reconocer a Isabel como heredera y organizó una venganza y la toma del poder por su mano: se desataba la Primera Guerra Carlista en 1833.

Fernando VII en el lecho de muerte.
Fernando VII en el lecho de muerte.

La mayoría del País Vasco y Navarra apoyaron al pretendiente Carlos, que defendía el tradicionalismo, foros y religión, ante la posible amenaza de la supresión de los fueros -como ya había ocurrido en Aragón y Cataluña. En el otro frente (llamado isabelino o cristino) el resto de engranajes del estado -moderados y liberales- la mayoría del ejército y el apoyo internacional.

Así desembarcó en Santander el 30 de julio de 1835 el primer batallón de la Legión Auxiliar Británica… suena muy bonito así, pero la realidad era otra:

Noticia de la llegada de la Legión Auxiliar
Noticia de la llegada de la Legión Auxiliar

Este cuerpo, solicitado desesperadamente por el embajador español en Londres, Miguel Ricardo de Álava, a la vista de los éxitos de Zumalacárregui. se compuso exclusivamente de reclutas voluntarios, contratados por 2 años -excepto los escoceses que sólo servirían 1 año-.


Se les prometió una buena paga, uniformes nuevos y una gratificación extraordinaria a su regreso a Inglaterra. El alistamiento se realizó a pié de calle, en oficinas montadas por todas las Islas Británicas. Fue una esperanza para muchos, que vieron en esto una oportunidad para solucionar problemillas económicos, además, no se precisaba experiencia militar.

Wellington, testigo del embarque de las tropas, las definió de esta manera:

“son la mierda de la tierra*”

(en toda la documentación pone “hez” pero seamos sensatos… en el siglo XXI ya se puede poner “mierda” en los textos)

La Legión Auxiliar Británica en Vitoria, ya comenzada la guerra.
La Legión Auxiliar Británica en Vitoria, ya comenzada la guerra.

Así, a España llegaron casi 8.000 parados, vagabundos, delincuentes y maleantes de toda Gran Bretaña aquel verano de 1835. Incluso se le había permitido a los irlandeses traer a sus familias con el contingente, sumando pues a esos diez mil, unos 250 niños y 500 mujeres. Según las cuentas británicas 3.200 eran ingleses, 2.800 eran irlandeses y escoceses, unos 1.800.

No os creáis que el gobierno inglés envió al menos armamento y artillería… que va… los amigos británicos mandaron factura de todo y el gobierno de la regente María Cristina tuvo que abonar los costes de municiones, armas y animales de cargatodo un negocio para los hijos de la Gran Bretaña.

Miniatura con representación de la Legión Auxiliar

Las tropas ni siquiera estaban instruidas en las disciplinas militares básicas, por lo que, al desembarcar en España (Santander y San Sebastián) se comenzaba su instrucción militar. Al menos, con esta tropa, desembarcaron algunos oficiales ingleses -casi todos irlandeses y muchos con sus familias también- que se encargarían -hipotéticamente- de esa instrucción y, por desgracia para ellos, de llenar los cementerios ingleses del norte de España. Hay que decir que en las oficinas de reclutamiento, si tenías dinero, podías comprarte un galón, algo que Wellington permitió, así que… poca instrucción podían enseñar los que no habían sido militares.

Al mando de todos, el veteranísimo General Lacy Evans.

General Lacy Evans
General Lacy Evans

(VER CAPÍTULO 02)->

♠Fuentes:

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Miguel Ángel Ferreiro

Militar de carrera, Historiador del Arte (UNED) e investigador. Entre África y Europa, como el Mediterráneo.

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