La Batalla de Brión

Una patada en la boca del inglés

Siempre es para mí un placer relatar alguna victoria de las armas españolas frente a sus enemigos que, a lo largo de la Historia, han sido todos; pero si la victoria es contra la pérfida Albión, me da el doble de gusto.

El hecho que hoy traigo al Reto Histórico ocurrió el 25 de agosto de 1800 –para inaugurar un siglo que resultaría funesto para el Imperio español, el cual se deshacía sin remedio- y tuvo lugar a dos pasos de mi casa, en la costa verdecente de Ferrol, zona de amplias y preciosas playas, intrincados bosques y, lo que realmente les interesaba a los ingleses, importantes astilleros y arsenales, en los cuales se encontraba fondeada parte de la flota.

La fuerza británica llegó con la intención de darle un golpe a los españoles y a su por aquel entonces aliado Napoleón.

Al mando estaban el almirante Sir John Borlase Warren  y el general Sir James Pulterey (ambos buenos marinos, rubios, altos e ingleses como una pinta de Foster’s) y la expedición la componían más de veinte navíos de guerra, otros tantos de transporte y 15000 hombres bien armados y pertrechados.

Llega la escuadra inglesa. Ilustración de Miguel Ángel Fernández y Fernández
Llega la escuadra inglesa. Ilustración de Miguel Ángel Fernández y Fernández

Eran las dos de la tarde cuando los vigías ferrolanos apostados en la atalaya de Monteventoso dieron el aviso. Un gran número de rectángulos de lona blanca asomaba por el horizonte. Los ingleses se acercaban con rapidez.

Debido a la formidable situación de los castillos de San Felipe y la Palma, era imposible que la flota británica accediese a la bahía sin recibir un aluvión de cañonazos desde las baterías, por lo que no tuvieron más remedio que desembarcar en las playas de Doniños y San Jorge.

Mientras esto sucedía, por toda la costa la actividad era frenética. Las tropas militares del conde de Donadío sólo alcanzaban el número de 2000 efectivos, más otro millar de paisanos que se les unieron con escopetas de caza y herramientas de labranza, dispuestos a proteger sus hogares.

Los castillos de San Felipe y La Palma
Los castillos de San Felipe y La Palma

El conde envió al valoroso capitán de navío Juan Bautista Topete (uno de los héroes de la jornada) desde A Graña hacia Balón, al frente de un contingente de soldados y una cuadrilla de paisanos. Por la Malata y Serantes caminó el regimiento de Ourense, apostándose en las alturas de A Cabana, y en medio de estos dos grupos se situó el regimiento de Guadalajara.

Al anochecer hicieron unas pequeñas escaramuzas contra los ingleses, que ya remontaban las playas camino a tomar los fortines costeros.

Los ingleses sabían lo pequeña que era la fuerza ferrolana, así que realizaron una maniobra envolvente, desplazándose hacia San Felipe e intentando envolver a las fuerzas de Topete, sin conseguirlo. Además, al llegar a los montes el terreno era abrupto y arbolado, con lo que los defensores comenzaron a hostigar a los invasores, emboscándolos en los caminos y cazándolos como conejos si se separaban del escuadrón.

En la Graña, algunos ingleses consiguieron llegar hasta las primeras casas y comenzaron a saquearlas, junto a la iglesia parroquial, pero los pescadores de la cofradía se abalanzaron sobre ellos, los rodearon y los descuartizaron a palos y cuchilladas. Los ferrolanos no estaban dispuestos a dejarse robar por las buenas.

La Batalla, por Miguel Ángel Fernández y Fernández
La Batalla, por Miguel Ángel Fernández y Fernández

Al caer la noche se hizo la calma, se encendieron muchos fuegos en los montes y en las playas, y atacantes y defensores pasaron las horas en vilo hasta el alba.

Con las primeras luces del día 26, los británicos formaron en orden de batalla e intentaron tomar por tierra el castillo de San Felipe, con el fin de dejar libre la entrada marítima a Ferrol. El asalto se produjo por la mañana, concentrando el general Putney sus mejores fuerzas, unos 4.000 hombres. Por suerte para los defensores, el Batallón Inmemorial y las Milicias Reales llegaron a tiempo, y entre estos refuerzos y el magnífico dispositivo del baluarte, los revellines y las obras externas del castillo, los ingleses se estrellaron contra San Felipe sin poder tomarlo.

Las compañías inglesas sufrían el fuego de los españoles apostados en los caminos cubiertos y aspilleras, con el apoyo de los cañones instalados en la cortina y en las torres. Después de varios ataques, siempre rechazados, llegó la definitiva retirada inglesa hacia las playas, donde se reembarcaron con dificultades mientras les tiraban los cañones del Castillo de La Palma (mismo castillo donde estuvo preso el golpista Tejero siglo y medio después)

La caballería inglesa que cubría la retirada fue deshecha en la espesura de los bosques de A Cabana y Vispón, y muchos invasores trataron de acuartelarse en algunos edificios. Hubo furiosos combates cuerpo a cuerpo durante todo el día, calle por calle y casa por casa, pero finalmente los ingleses se rindieron o resultaron muertos.

Retirada de la flota inglesa. Por Miguel Ángel Fernández y Fernández
Retirada de la flota inglesa. Por Miguel Ángel Fernández y Fernández

A media mañana del día 27, los supervivientes ponían rumbo a las costas británicas. Los ferrolanos se hicieron con valentía un hueco en la Historia militar, y Napoleón brindó por ellos en París al conocer la noticia: “Por los valientes ferrolanos“.

*Ilustraciones del Almirante Miguel Ángel Fernández y Fernández http://www.miguelfernandez.es/index.php/es/

Etiquetas

Héctor J. Castro

Nacido en Ferrol, profesor de lengua inglesa y novelista. Su pasión por la Historia lo ha llevado también al modelismo de escenas bélicas, en el que ha conseguido varios premios de pintura y escenografía. En 2016 publicó el primer volumen de su trilogía El Siglo de Acero.

Artículos Relacionados

Deja un comentario

Facebook Auto Publish Powered By : XYZScripts.com
Close
A %d blogueros les gusta esto: