Tras casi mil años sin aparecer en las crónicas, el Fuego Griego, el arma más poderosa de la antigüedad necesitaba volver al campo de batalla. El Imperio Romano de Oriente estaba amenazado por la expansión del Islam y solo un hombre sería capaz de llevar el Fuego a los únicos que podían frenar la expansión su expansión: Constantinopla

El legendario “Fuego Griego” ¿Quién no ha oído hablar de el? Era una especie de arma secreta que solamente sabían fabricar los sabios helenos. Se cuenta que fue Arquímides el primero en utilizarlo como arma en el año 214 a.C. contra la flota romana que asediaba Siracusa, teniendo esta que abandonar el ataque porque su armada estaba siendo diezmada por este fuego.

Uso del fuego griego lanzado desde un dromón bizantino.
La flota de Miguel II incendia la del rebelde Tomás. Fol.34v (BNE)

Existe, no obstante, otra fuente escrita que nos habla del uso de este arma tan poderosa, aunque la historia de Arquímides bien pudiera ser leyenda (o no) no es lícito que a nuestro siguiente amigo se le llame el “inventor del fuego griego” como en algunos escritos que circulan por ahí.

Esa fuente no es otra que un escrito de Teófanes, llamado el Confesor, un aristócrata bizantino del siglo VIII que redactó una cronografía histórica en la que incluía la batalla de uno de los tantos sitios que sufrió Constantinopla; concretamente el del año 674. Teófanes relataba así el asedio a la Nueva Roma:

“Aquel año, la flota de los enemigos de Dios de la que he hablado, abordó en Tracia, desde la extremidad del Hebdemon, aún llamado Magnauras, al Oeste, hasta el promontorio llamado Kuklo, en la extremidad este. Todos los días los combates duraban de mañana a tarde, entre la Puerta de Oro y Kurlobien. Atacaban y eran rechazados, y así desde el mes de abril al de septiembre.

(…)perdieron gran número de soldados, padecieron gran dolor y huyeron muy a su pesar. En su huida, aquella flota que estaba predestinada al castigo divino

(…) Sufian hijo, segundo hermano de Auf, trabó combate contra Floras, Petrenas y Cipriano, que mandaban la flota romana.

Treinta mil árabes murieron. Por entonces había huido a territorio romano un arquitecto de Heliópolis de Siria llamado Calínico, inventor del fuego marino, gracias al cual los navíos árabes se incendiaron y todas sus tripulaciones se quemaron. Así los romanos volvieron vencedores y descubrieron el fuego marino”.

Calínico el arquitecto de Heliópolis de Siria inventor del “fuego marino”... Bueno, inventor como decimos no, pero si redescubridor. El fuego griego volvía a aparecer en las crónicas de la antigüedad. Obviamente Teófanes cuando habla del “fuego marino” estaba mencionando el “fuego griego”.

Fuego Griego en la flota bizantina
Fuego Griego en la flota bizantina

Calínico, según nos cuentan, era un cristiano que había llegado desde Heliópolis, una ciudad cristiana también conocida como Baalbek (en el actual Libano) que era parte del Imperio y acababa de ser invadida por los musulmanes. Se especula que quizás recibió la fórmula secreta del fuego griego de algún alquimista afincado en Alejandría, la ciudad de los sabios por entonces.

Si nos ponemos novelescos podríamos decir que Calínico, al ver cómo los Omeya se expandían agresivamente amenazando la cristiandad, acudió a los sabios de Alejandría para encontrar la fórmula de Arquímides. Una fórmula que le daría un arma devastadora contra los agresores, la misma que los griegos habían utilizado contra la flota romana en Siracusa. Tuvo que buscar en el ágora y en la biblioteca, pero al final la encontró en lo más recóndito de la ciudad de los sabios: entre los alquimistas. No me digáis que no da para una buena película.

Y aún nos quedarí toda la parte de llevar la fórmula a Constantinopla, que estaba en pleno asedio por cierto, y entregársela al César. Para después utilizarla en una espectacular batalla naval… Bueno… pero eso sería poniéndonos novelescos. Mejor os contamos la historia y la imaginación para vosotros.

Defendiendo Constantinopla con Fuego Griego
Defendiendo Constantinopla con Fuego Griego

Al parecer el nuevo arma, en esta batalla contra la armada Omeya, fue arrojada desde los barcos de la flota bizantina y tenía mayor efecto sobre el agua, ya que se expandía, que en la tierra. El fuego griego consistía en una especie de líquido viscoso que estaba casi permanentemente ardiendo y no se apagaba con el agua. Su uso permitió a los romanos (bizantinos) quemar esta flota musulmana en la ciudad de Cícico y desbaratar los planes de asedio a Constantinopla. Más tarde, el fuego griego, se introduciría en una especie de sifones a presión para crear un arma al estilo de los lanzallamas modernos: el cheirosiphōn.

El uso de un "cheirosiphōn" un lanzallamas de la antigüedad. ¿El primer lanzallamas de la historia?
El uso de un “cheirosiphōn” un lanzallamas de la antigüedad. ¿El primer lanzallamas de la historia?

La fórmula del fuego de Calínico pasó a ser un secreto de estado y se siguió utilizando aún cuando circulaban en los campos de batallas otras fórmulas traídas de China o Mongolia. Los cruzados fueron testigos de su furor y trataron de hacerse con ella, pero nunca les fue revelada, aunque algunos cruzados pudieron traer recipientes a Europa para sus ejércitos. Algunos de esos caballeros eran aragoneses y utilizaron el fuego griego, traído en época de las cruzadas, en sus batallas apareciendo en las crónicas de la época como “magranas compuestas“.

Granadas de arcilla para Fuego Griego siglo X al XII, Museo Histórico Nacional, Atenas, Grecia
Granadas de arcilla para Fuego Griego siglo X al XII, Museo Histórico Nacional, Atenas, Grecia

Según se dice de manera casi unánime, el fuego griego de Calínico podría estar compuesto por: petróleo, cal viva, azufre y salitre.

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