El escocés que empuñó la espada de Pizarro

Voy a contaros una historia increíble, pero que sucedió aquí en España y fue bien cierta.

Resulta que un escocés, al servicio del ejército británico, llegó a España en los años de la guerra contra Napoleón. Estuvo bajo el mando de Sir John Moore y más tarde a las de Arthur Wellesley.

Uno de los primeros retratos conocidos de John Downie (Galería de Stirling)

Se llamaba John Downie y había nacido en Stirling, Escocia. Fue comerciante en la Isla de Trinidad en donde hizo fortuna, aunque al regresar al Reino Unido se muda a Londres sufriendo un percance económico que le hace perder todo. Es ahí cuando decide ingresar en el ejército inglés que está reclutando hombres para luchar en, lo que ellos llamarán, “the peninsular war”.

John era un vividor, según el historiador Charles Esdaile, pero bueno… ¿Qué va a decir un inglés sobre un escocés que prefiere combatir por libre y no bajo las órdenes del estirado Wellington? Además, cuando John fue conociendo las costumbres de nuestro país se enamoró por completo de España, tradiciones, forma de ser, la historia… Especialmente por nuestra historia. Un vividor no se preocuparía en aprender tanto y en valorar lo que tenía a su alrededor.

El vendedor de abaniscos por John Bagnold Burgess

A su llegada al conflicto actuó como comisario de guerra, un puesto de responsabilidad logística en el que se encargaba de conseguir pertrechos y suministros para el ejército. Seguramente asignado por su experiencia como comerciante. Sus dependencias estaban en Casteloblanco (Portugal), ahí comenzó sus primeras conexiones con el pueblo extremeño, ya que era el territorio español por el que tenía que meter sus mercancías.

En el año 1809, pocos meses después de su llegada, decide abandonar Portugal y trasladarse a Extremadura, seguramente animado por sus contactos españoles de la Junta Central. Allí comienza a crear una fuerza independiente de caballería e infantería formada por voluntarios para actuar en la provincia, con la desaprobación de Wellington pero con el beneplácito del Marqués de la Romana.

El Juramento del Marqués de la Romana, donde el militar jura con sus tropas lealtad a la patria en 1808. Realizado por Manuel Castellano en 1850.

El propio Downie se encargó de elaborar —y pagar— la uniformidad de su nueva unidad. Unos ropajes confeccionados a imagen y semejanda a los que usaban los Tercios en tiempos de Carlos V. Mientras formaba y armaba a los valientes españoles, don Jacinto de Orellana y Pizarro, Marqués de la Conquista, lo invitó a visitarlo en Trujillo en donde le hizo entrega de la espada original de su antepasado, Francisco Pizarro. Las palabras del Marqués al nuevo coronel hispano-escocés están recogidas en las crónicas de esta forma:

“No estoy en edad de luchar. Sírvase usted de este arma para proporcionar á España nuevos laureles en la guerra más injusta y villana que contra pueblo ninguno se intentó.”

La formación debía ser impresionante. En pleno siglo XIX, casi 600 hombres uniformados a la manera de los Tercios del siglo XVI, chambergos coletos y demás prendas de equipo a la antigua usanza; con un Escocés en cabeza empuñando la espada de Pizarro. 

La unidad se decretó fundada en febrero de 1810, tomando el nombre de Cuerpo Volante de Leales de Pizarro, aunque fue más conocida por la “Leal Legión Extremeña”, nombre que acabaría por adquirir al finalizar la contienda (con algunos cambios en su uniformidad, obviamente).

Downie retratado con su uniformidad y la espada de Pizarro bajo su mano.

Durante todas las batallas en las que intervino utilizó la espada de Pizarro, sus tácticas eran más de guerrilla (con columnas volantes) que de ejército convencional. Ésto, sumado a su gran carisma, fue algo que llevó a éxito la mayoría de sus incursiones en las que —aunque participasen con otras unidades— siempre iban en vanguardia.

Llegaron a Sevilla el 17 de agosto de 1812, donde realizó el combate que aparece en todos los libros que hablan sobre la Guerra de la Independencia.

Puente de barcas, Triana

La situación era esta: A un lado del puente de barcas de Triana, la Legión Extremeña, al otro los franceses. Éstos habían desmontado parte de ese puente (que no es el actual, sino el que partió el famoso Bonifaz) hecho de madera con bases móviles de barcas.

Downie, observó que los franceses estaban montando dos cañones en el otro lado del río y para evitarlo alzó su espada al aire, azuzó su caballo y cabalgó velozmente sobre los restos del viejo puente. Una acción un tanto suicida pero que contuvo la colocación de aquellas baterías recibiendo varios balazos enemigos por ello, uno de ellos le alcanzará en la mejilla muy cerca del ojo derecho.

Cayó al suelo malherido pero antes de ser capturado se incorporó como pudo y arrojó la espada del conquistador a sus hombres. Como si de una lanza de longino se tratase la recogieron y se lanzaron en frenesí contra los franceses. Éstos al ver la furia que se les echaba encima ataron a Downie a un cañón y escaparon.

Poco más tarde se encontró a Downie tirado en el suelo cerca de Castilleja de la Cuesta (cerca de Sevilla). Estaba herido, pero era un hombre fuerte y se recuperó.

Grabado de Downie en el que se parecia la gesta del puente (abajo) y en su cara la herida.

Al final de la guerra

Al término de la guerra, Juan Downie, como le gustaba ser llamado, fue nombrado Alcaide del Real Alcázar de Sevilla e incluído en las listas de Mariscales de Campo del Ejército Español con antigüedad de 1810.

Downie se sintió cómodo aquí, se sintió español, se le dió la nacionalidad, se convirtió al catolicismo. Falleció en Sevilla en 1826. Por supuesto este extranjero enamorado de España y más de Extremadura no tiene ninguna calle en ninguna parte. Es el sino de, como tantos otros héroes antes y después suyo, tuvieron la determinación de escribir su propia página en la historia de este país. 

Retrato de Juan Downie

La espada de Pizarro

El Marqués reclamó la espada de su antepasado, pero Downie siempre evitó devolverla. La espada pasó a las colecciones de la Armería Real a la muerte del escocés.

La Legión Extremeña

Lanceros de la Legión Extremeña de Ferrer Dalmau

La uniformidad del siglo XVI de la unidad extremeña se siguió usando un tiempo, entraron en Cadiz en 1811 vistiendolo, causando gran furor entre los Gaditanos. Vestían la ropa de sus antepasados, como ellos decían.

En 1812 se propuso el cambio de uniformidad.

Pagina inical del Ensayo sobre el sistema militar de Bonaparte de Saluzzo, C. H

Fuentes:

  • The Peninsular War: A New History (2005) Charles Esdaile
  • Catalogo de la Real Armeria mandado reimprimir por S. M. (1854) Antonio Martínez
  • Actas del IV Foro Internacional sobre la Guerra de la Indpendencia, Extremadura : La clave de la Guerra de la Independencia
  • Revista “Ejército” n313 1966 Febrero
  • Ensayo sobre el sistema militar de Bonaparte : con una breve noticia de la revolucion francesa y la coronacion de S. M. Corsa

Miguel Ángel Ferreiro

Militar de carrera, Historiador del Arte (UNED) e investigador. Entre África y Europa, como el Mediterráneo.

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